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Una Exploración Encerrada

Escrito por Editorial N.455 / Revista Insurrección

Agradecemos al Senador Iván Cepeda y a todos los firmantes de la carta pública dirigida a las delegaciones de diálogos del Gobierno y del Ejército de Liberación Nacional, que busca contribuir en el avance de este proceso. Y de verdad se requiere la ayuda directa de la sociedad, pero en ello estriba el problema fundamental. En la fase secreta está prohibido hablar con la gente de carne y hueso.

La paz, para ser real, debería manifestarse como un fenómeno concreto en la vida cotidiana de Colombia. Estos procesos de paz, más que dinámicas sociales, parecen un entramado de técnicas de negociación, marchando paralelas o distantes de la sociedad que los vive y padece.

Existe la creencia que a la paz se llega por medio de un acuerdo en un papel, que al día siguiente de firmase, cada punto de lo pactado sería un hecho real. La paz no debe entenderse como un ejercicio académico de dos delegaciones, que suponen comprender la realidad y pueden dictaminar sobre ella; como tampoco podrán hacerlo una organización guerrillera y un gobierno. En un conflicto de más de 50 años, sólo el concurso de la sociedad podrá ayudar a desatar los nudos. 

Mientras la paz es tema de reducidos círculos de opinión, la vida de los colombianos sigue en su drama, porque no existe un hálito que nos diga que esta vez será cierta. No se siente en las calles, no hay euforia colectiva ni compromiso alguno de las clases dominantes y, por el contrario ellas conspiran. Lo que más desalienta es ver al gobierno de Santos y sus políticas ir en contra vía de lo pactado en La Habana, así como con las expectativas de las mayorías del país.

Para nada hay interés en entregar tierra a los campesinos o favorecer su economía productiva, se legisla para entregar los baldíos a latifundistas, y a protegidos del gran capital nacional y transnacional.   

Aún no se ha pactado la paz en el país y el Presidente firma tratados para involucrarse en las guerras que imponen la OTAN y Europa, a otros pueblos del mundo.

Es perverso lo que señala el plan de las Fuerzas Armadas del Estado, para después de firmar la paz, seguir exterminando militarmente “las amenazas” que podrían quedar. ¿Quién podría negociar con alguien que parte del supuesto, que el otro va a incumplir y que por tanto seguirá con la guerra? 

Por eso no hay euforia en el país, pues la dinámica de la guerra sigue. Es la estrategia del gobierno, hablar de paz y que siga la guerra. Lo correcto sería que un proceso de conversaciones creara una nueva dinámica en el país, con acciones humanitarias acordadas entre las Partes, un acuerdo de cese del fuego bilateral y espacios de participación de la sociedad en un diálogo abierto, ayudando a construir escenarios de paz.

Un proceso de paz de espaldas a la sociedad y con metodología de puertas cerradas, no son para la Colombia macondiana.

En todos los procesos de paz hemos insistido en la participación de la sociedad, en sus diversos sectores y expresiones, pero antes de lograr concretarse, los escenarios de diálogos los han ido cerrando. A los gobiernos no les gusta y son alérgicos a la voz de las mayorías; somos categóricos en decir, que la paz será posible sólo en la medida que ellas sean partícipes de primera línea.

Es inexplicable que el país no conozca lo que en una mesa se discute y se manipule con base en su desconocimiento. Lo más acertado sería que la gente participara en la confección de la agenda, sobre los temas a tratar, y los espacios y escenarios a construir. Una paz encerrada en cuatro paredes, jamás tendrá dimensión de nación ni trascenderá en la realidad del conflicto.

La paz a que aspiramos los colombianos, además de traer cambios, debe dignificar la política, como derecho que tenemos todos a direccionar nuestro país; que la política no sea la profesión de unos pocos, sino que la ejerzan las organizaciones sociales, la gente de a pie, y por tanto, algún día los de abajo puedan ser gobierno.

Pese a todas las dificultades, estamos comprometidos con la paz de Colombia y aunque siga siendo la realidad imponente y dura, nuestra voluntad persiste; pero sin la participación de la sociedad, todo esfuerzo por la paz será vano.

 

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