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La Ultraderecha a Secas

Escrito por Editorial N.518 / Revista Insurrección

Los titulares de prensa del 22 de febrero anunciaron, que “el uribismo saldrá a las calles el 2 de abril”. Según precisa el diario El Tiempo de la misma fecha, “la idea del uribismo es canalizar a su favor el inconformismo de una parte del país frente al proceso de paz”.

Los que están convocando a la protesta contra las medidas anti sociales y anti patria del Gobierno de Santos, son las Centrales obreras, indígenas y populares. Ahora el ex presidente Uribe y sus seguidores de ultraderecha, de forma oportunista también llaman a salir a la calle a protestar, pero contra una salida de paz para Colombia.

Por los mismos días, los medios informaron que Álvaro Uribe coloca sus propias condiciones, para el inicio de los diálogos con el Ejército de Liberación Nacional. Plantear las cosas así, es atravesarse a las posibilidades de un dialogo en busca de la solución política, es sabotear los pasos que se vienen dando para avanzar hacia una mesa pública de conversaciones.

El sector de las clases dominantes que encabeza Uribe, es la parte más retrograda, paramilitar y belicista de la oligarquía colombiana. Por ello se atraviesa en el camino de cualquier posible pacto de paz, que no sea igual al exterminio o la rendición incondicional del adversario. Éste sector es el que más se inclinan por el inmovilismo y por el camino de la guerra, no sólo en el país sino también en las relaciones con el resto de Latinoamérica; prueba de ello son las relaciones internacionales desarrolladas durante los dos gobiernos de Uribe (2020-2010).

La situación de Colombia es muy compleja por las posiciones de las clases dominantes. Una parte quiere una paz sin cambios, para que desaparezca la insurgencia y que todo lo demás siga igual. Exigen que cedamos frente al levantamiento armado, para dar continuidad a un régimen político excluyente, que como decía Camilo, “mantiene cerradas las vías legales hacia el poder para las mayorías populares”. Propone que queden atrás las guerrillas, pero que siga intacto el modelo neoliberal, el régimen político y la desigualdad, exclusión e injusticia social.

La otra, la que representa Uribe, ni siquiera mira la opción del dialogo y los acuerdos para obtener lo que busca Santos. O sea, es la continuidad de lo mismo; para ella, la única opción es la de la tierra arrasada, la guerra, el paramilitarismo, el autoritarismo, la intransigencia, las conductas mafiosas que comportaron en los dos gobiernos de Uribe.

Son esas las dos facetas de la oligarquía colombiana. Es por esto, que ha persistido en Colombia el levantamiento armado. Por esto ha sido y sigue siendo tan difícil la solución política y el tránsito hacia la paz. A pesar de ello, mantenemos nuestra voluntad de explorar caminos hacia la solución política; tomamos como un imperativo y una obligación trabajar porque en Colombia la conflictividad social logre tener caminos diferentes al de la guerra, y para que la lucha de los de abajo no tenga que recurrir al alzamiento armado, en razón a que los de arriba nos obligan a ello; y para que accedan a facilitar las vías legales para que los excluidos del poder, las mayorías, tengan la posibilidad de decidir sobre los rumbos del país.

Las movilizaciones del 2 de Abril, a la que está convocando el llamado Centro Democrático -el partido de Uribe-, tiene como objetivo central la confrontación desde la ultraderecha, al proceso de diálogo y negociación que desarrolla el actual gobierno con las FARC y a la posibilidad que se abra un proceso similar con el Ejército de Liberación Nacional.

De manera demagógica y engañosa también intenta recoger el inconformismo de sectores populares y medios, con la política económica y social de Santos, que es la misma aplicada durante los dos gobiernos de Uribe; es la continuidad de un régimen enraizado desde hace muchas décadas en Colombia.

En enero pasado, el Uribismo demagógicamente se opuso a la venta de Isagen y ahora se muestra crítico frente a la corrupción y varias decisiones que toma este gobierno; que paradójicamente serían las mismas que habría en un gobierno de los seguidores de Uribe.

Ese es el engaño. El lobo disfrazado de oveja. Ahora resulta que la ultraderecha va a tomar banderas y reivindicaciones del campo popular y democrático, cuando ellos representan y han hecho todo lo contrario. El país recuerda cómo Uribe entre 2002 y 2010, intentó vender a Isagen y ferió bienes públicos por más de 13 billones de pesos.

Recordemos cómo el gobierno de Uribe aceleró la privatización de Ecopetrol, vendió los bancos estatales, las electrificadoras y muchas otras empresas estatales; él entregó los páramos a las multinacionales mineras, conjunto de medidas con las que amplió los índices de desigualdad social, profundizó el modelo agroexportador y desarrolló otra multiplicidad de medidas de corte anti social y anti patria.

El camino propio de los sectores populares y de la izquierda, está en seguir fortaleciendo las vías propias y el pensamiento propio como pueblo y como nación, para evitar ser utilizados por las dos fracciones de la oligarquía.

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