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La Paz sin Plan

Escrito por Editorial N.457 / Revista Insurrección

Termina el 2014, cuando Santos gana su segundo mandato, gracias a la confluencia de un amplio movimiento por la paz, con sectores de izquierda, democráticos y populares, que votaron contra el proyecto guerrerista de la extrema derecha encabezada por el ex presidente Uribe. Por esto, se esperaba que Santos II, se comprometiera con las transformaciones estructurales, que posibilitasen la paz para Colombia.

Sin embargo, Santos II mantiene la continuidad del régimen de dominante, donde se acrecienta la explotación neoliberal, además de estar sometido a los dictámenes del Pentágono. No gobierna para la soberanía y el bienestar de las colombianas y colombianos, sino para la prosperidad del capital.

En el discurso de posesión del 7 de agosto, Santos ofreció que el paraíso pleno se alcanzaría en 2025, cuando Colombia tendría la Paz Total, con equidad y el país sería el más educado de América Latina.

Ahora el gobierno presenta “Las Bases del Plan Nacional de Desarrollo (2014-2018) - Todos por un Nuevo País. Paz, Equidad, Educación –”, un documento de cerca de 800 páginas, donde Santos sigue ofreciendo ilusiones para los pobres, mientras la prioridad sigue siendo el extractivismo de la locomotora minero-energética. También enfatiza en mecanismos para que las ciudades se articulen a los mercados externos, en contradicción con la regionalización, que habían trazado en el Plan 2010-2014.

Santos dice que su principal tarea es la paz, pero en su Plan de Desarrollo no aparecen las reformas estructurales que la hagan posible. La paz que ofreció no tiene plan para realizarla, es pura retórica.

A pesar de llevar adelantadas las negociaciones con las FARC, de mantener conversaciones exploratorias con el ELN y de anunciar todos los días que “la paz está a la vuelta de la esquina”, resulta desconcertante que el Plan de Desarrollo 2014-2018 no incluya los proyectos para construirla.

El único plan de Santos es la pacificación militar, que busca la dejación de las armas de la insurgencia, sin que el Estado realice ningún cambio. Así, el presidente quiere una paz muy barata.

El gobierno insiste que “estamos en la gloria” porque este año el PIB crecerá cerca del 5 por ciento, sin embargo ese crecimiento se explica por los altos precios de la extracción minero-energética, durante buena parte del año y el auge de la construcción, especialmente de las grandes autopistas que llaman de cuarta generación. Prosperidad que sólo beneficia a una ínfima minoría.

La industria y la economía campesina están agonizando, mientras el gobierno sigue firmando TLC desventajosos como el de Corea, le facilita licencias ambientales para deteriorar los ecosistemas y el medio ambiente, legisla para regalar los baldíos y la altillanura a los capitalistas criollos y extranjeros y, seguimos importando cerca de 11 millones de toneladas de alimentos.

La producción petrolera no ha podido pasar del millón de barriles diarios, tenemos reservas apenas para 6 años, no se encuentran nuevos yacimientos y los precios cayeron en más del 40 por ciento a finales del 2014.

Según Fedesarollo, por cada dólar que disminuya el precio del petróleo durante un año, Colombia dejaría de recibir 432 mil millones de pesos. Si tenemos en cuenta que el presupuesto del 2015 lo calcularon con un precio de 96 dólares el barril y si se mantiene esa tendencia a la baja, entonces, para el año entrante, el déficit presupuestal no sería de 12,5 billones de pesos como dice el gobierno, sino que puede pasar de los 20 billones, con lo que la reforma tributaria sólo alcanzará para cubrir la mitad y el resto, lo más seguro es que el gobierno lo cubra con más endeudamiento externo.

Tenemos una deuda externa cercana a los 100 mil millones de dólares, eso significa que cada colombiano o colombiana, tiene sobre sus hombros una deuda de más de dos millones de dólares, sin saber por qué. Además, sólo por efecto de la devaluación del peso, esa deuda se incrementa automáticamente en cerca del 30 por ciento.

La educación y la salud dejaron de ser derechos fundamentales, porque siguen privatizados, y con Santos se mantiene como mercancías suntuarias, al alcance de las personas con altos ingresos, mientras los pobres siguen en la ignorancia y muriendo en las puertas de los hospitales.

Para completar la tragedia colombiana, Santos firma Convenios con la OTAN, en donde compromete al país a participar directamente en las guerras que adelanta el imperialismo por el mundo. Pronto enviará tropas colombianas a Ucrania y África.

Frente a este neoliberalismo repotenciado por Santos II, durante el 2014 se hicieron sentir las protestas sociales, exigiendo los derechos básicos. Está por agotarse la espera para que el gobierno cumpla lo pactado y no hay más alternativa que seguir luchando, con la certeza que vendrán respuestas populares más contundentes, durante el 2015.

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