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Un Plebiscito entre Dos Aguas

Escrito por Editorial N.540 / Revista Insurrección

Escuchamos con atención los discursos hechos, durante la instalación de este período de sesiones del Congreso de la República. Resaltamos lo dicho por el nuevo presidente del Senado, quien llamó a acabar la polarización, para abrirle paso al Nuevo país y su convocatoria a que “se haga bien la paz”.

Es conocido que los relojes de los políticos de los partidos tradicionales, apenas marcan tiempos de 4 años, más allá de los cuales dejan de funcionar. Por esto, Santos se afana en meter en este lapso toda la gestión de gobierno, así quede mal embutida. De aquí proviene el acelere del actual Plebiscito, en el cual los colombianos deben pronunciarse sobre el proceso de paz en desarrollo; cuando aún no se ha firmado un Acuerdo Final con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el gobierno mantiene congelada la negociación con el Ejército de Liberación Nacional.

 

Pensamos que con este Plebiscito exprés no queda bien hecha la paz

Muchos dicen que el afán de Santos es ganarle el pulso al ex presidente Uribe, puja en la que el proceso de paz apenas es un medio para lograr su objetivo. Riña que polariza a las elites gobernantes y detrás de ellas, imponen una polarización creciente al conjunto de la sociedad colombiana. De esta forma, quienes voten por el Sí en el Plebiscito serían asimilados como aliados de Santos, mientras que quienes voten por el No serán vistos como seguidores de Uribe. Estratagema que pinta todo de blanco y negro, cuando la realidad colombiana es mas compleja y muy distinta a la desfiguración, que pretenden imponernos.

El Plebiscito es otra artimaña publicitaria, que intenta ser presentado como sinónimo de la Paz. Así, se pretende polarizar a los colombianos a favor de una u otra fracción de la oligarquía. Lo preciso es que mediante el Plebiscito se refrendará sólo el desarme de las FARC, pero aún estamos muy lejos de alcanzar la paz, ya que se mantienen todas las causas que originaron el conflicto.

La polarización mediática entre Santos y Uribe en torno al Plebiscito, se evapora, cuando se plantea que la Paz sólo será posible cuando se hagan las transformaciones estructurales de la sociedad y el Estado. Ahí, Santos y Uribe hacen solidaridad de cuerpo como oligarquía, pues ninguno está dispuesto a ceder sus privilegios como bloque dominante y se aferran al poder con toda la capacidad indiscriminada del uso de la violencia.

Tal polarización lleva a que no quede bien hecha la paz, a que el conflicto sane en falso y a que rebrote, más temprano que tarde.

En nuestro caso, respetamos el camino que han tomado los compañeros de las FARC, así no lo compartamos, dado que los acuerdos de La Habana marcan una ruta, que no interpreta la Agenda ni la metodología de negociación, que hemos pactado con el presidente Santos, y que anunciamos conjuntamente en Caracas, el pasado 30 de marzo.

Podría pensarse que el congelamiento de la mesa de negociaciones con el ELN, obedece a la táctica escogida por Santos de primero pactar con una guerrilla, para enseguida imponerle tales acuerdos a la otra; a la vez que con el Plebiscito saca buenos réditos políticos, para luego si descongelar estos diálogos. Maniobra que cuestiona la voluntad de paz del gobierno.

Vista así esta parte de la coyuntura colombiana, hay que decir que el Plebiscito convocado, se halla 'entre dos aguas', pues mientras Uribe trata de hundirlo, Santos busca sacarlo a flote. En un drama, que merece llamarse de paz incompleta, y por esta vía, nunca llegará a ser ni justa ni duradera.

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