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Obama, por la Guerra y en Campaña Electoral

Escrito por Editorial N.461 / Revista Insurrección

El 20 de enero, el presidente Obama presentó ante el Congreso estadounidense su informe sobre el Estado de la Unión. Tradicionalmente este discurso es el balance y las proyecciones de las políticas imperialistas, en el rol que se ha auto proclamado EE.UU. como el gendarme mundial.

Se parte de una valoración triunfalista de la economía, al declarar que “La sombra de la crisis ha pasado... En este momento, con una economía en crecimiento, una disminución de los déficits, una industria desbordante y una producción energética en auge, hemos salido de la recesión”. Aunque hay unos síntomas de mejoría, no hay nada que garantice que esos índices se mantendrán en el mediano y largo plazo.

Algunos sectores de la industria apenas despuntan y Detroit, la ciudad del motor, sigue siendo un cementerio de fábricas. El auge energético se debe a la producción de los hidrocarburos de esquisto con el anti-ambiental método del fracking, que ha generado una gran burbuja especulativa que estallará con consecuencias más desastrosas que la burbuja inmobiliaria. La crisis es una densa nube negra sobre las cabezas.  

Obama dice: “Lideramos mejor cuando combinamos nuestro dominio militar con una estrategia diplomática sólida, cuando utilizamos nuestro poder para formar alianzas internacionales” y deja claro que sus principales enemigos estratégicos son Rusia y China, contra los cuales se centra la fuerza, la diplomacia y las alianzas que se concretan en la OTAN. Además, anuncia que seguirá desarrollando la guerra terrorista por todo el mundo.

Obama se jacta de tener la economía rusa en ruinas y es cínico el argumento para justificar las agresiones contra Rusia, cuando dice que “Estamos defendiendo el principio de que las naciones grandes no pueden intimidar a las pequeñas”, porque su comportamiento imperialista no sólo se ha quedado en intimidar, sino en invadir y destruir países enteros.

Cuando Obama le pide al Congreso que “autorice el uso de la fuerza contra ISIS”, no tiene la intención de acabar con ese grupo terrorista que ellos mismos crearon y que siguen necesitando, lo que está es pidiendo autorización para utilizar abiertamente la fuerza contra Siria, pues reconoce que ya están apoyando la oposición siria y que el objetivo es derrocar ese gobierno.

La novedad es el cambio de posición frente a Cuba e Irán, en donde se prioriza el manejo diplomático, cuando habían mantenido las acciones de fuerza. Obama reconoce que “Cuando uno hace algo que no funciona durante cincuenta años, es hora de probar algo nuevo”. Esto es un triunfo de la heroica resistencia del pueblo cubano, que no se ha dejado doblegar ante la prepotencia imperialista y que dejó a EE.UU. aislado en la comunidad internacional.

Además de la referencia a Cuba, no hay ninguna otra mención a América Latina. Esta actitud displicente, está en consonancia con la pretensión imperialista del gobierno de EE.UU, que considera que el continente le pertenece, que es su “patio trasero” y puede someterlo como le parezca.

Una parte considerable del discurso de Obama, se dedica a ofrecer mejoría a las condiciones de vida de la deteriora clase media, duramente golpeada por la crisis económica. Plantea “ayudar a la gente a pagar el cuidado infantil, la universidad, la atención médica, una casa y la jubilación… mediante la reducción de impuestos de las familias trabajadoras”. También proyecta siete días de licencia pagada por enfermedad, aumentar el salario mínimo, eliminar el costo de los colegios comunitarios, poner a los superricos a pagar impuestos y disminuir los que paga la clase media.

Es claro que todas esas promesas de Obama tienen un carácter demagógico, frente a las elecciones de 2016, puesto que no las aplicó cuando tenía las mayorías parlamentarias a su favor y que no tendrán acogida ahora que la mayoría del Congreso es de la oposición republicana. Esta misma limitación tiene la solicitud de levantarle el embargo a Cuba y la de acabar con la prisión de Guantánamo.

Frente a las torturas, Obama dice que las ha prohibido, pero no adelanta ningún castigo judicial contra todos los criminales de guerra que las volvieron política oficial de los EE.UU.

No se menciona la existencia de más de 50 millones de pobres estadounidenses, que carecen de las más elementales condiciones de vida, ni se ofrecen alternativas a los millones de inmigrantes indocumentados que trabajan en condiciones de esclavitud y se les persigue como delincuentes.

Concluyendo, para el 2015, el premio Nobel de la paz Barak Obama continuará fomentando las guerras de despojo del imperialismo, por todos los rincones del planeta. A nivel de la política interna, se pone a la orden del día el tema electoral, mientras que las grandes mayorías siguen en proceso de empobrecimiento y precarización, donde se agudiza hasta el racismo, convirtiendo en una pesadilla el “gran sueño americano”.

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