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Decae la Renta Petrolera y El Modelo Económico, ¿Quién Paga?

Mucho se ha hablado de la caída de los precios del petróleo y de su incidencia en la economía del país; sin embargo, el resumen económico que se le muestra al pueblo, se resume en indicadores que ocultan los costos políticos del modelo. Los precios caen por la explotación acelerada del crudo, que se traduce en sobre oferta en el mercado, siendo afectados los países cuya economía depende de estos ingresos. Además, la especulación con los precios, hace parte de una estrategia global para debilitar algunas economías como la Rusa y la Venezolana.

 

Lo inservible del modelo

El gobierno junto a varios sectores se han empeñado en afirmar que la caída de los precios y sus efectos internos, responden a factores externos a la forma en que se maneja la economía del país. Esto no es del todo cierto.

En primer lugar, es erróneo centrar la actividad económica en función de un ingreso precario, dado que las reservas petroleras de Colombia son pequeñas (representan el 1 por ciento de las de Venezuela), escasez que se agrava con la poca voluntad para que lo que se explote, de verdad sirva a la economía del país. Las pocas reservas se siguen extrayendo aceleradamente, sin pensar en cuál será el sostenimiento a futuro. Por tanto no es creíble que la crisis de la renta petrolera se deba a factores externos, esto obedece a un modelo económico puesto al servicio de la minoría gobernante y de las empresas transnacionales.

 

El pueblo y el ambiente pagan

Bajo este panorama, la respuesta y propuesta de las asociaciones que agremian las empresas multinacionales petroleras en Colombia son desalentadoras. Cuando estas reportaban grandes ganancias debido a los elevados precios no pensaron en aumentar salarios, al tiempo que las exenciones tributarias seguían siendo altas, por lo que esta época de bonanza petrolera solo benefició a tales empresas extranjeras.

Las transnacionales petroleras para conmemorar el Día de la tierra, le piden al gobierno agilizar el trámite de licencias ambientales y quitarle “trabas” a los contratos para exploraciones. Aquí es la vida misma la que está en riesgo, pues las ganancias que los nuevos campos petroleros darían al país, no son comparables al daño ambiental de paramos, ríos y otras fuentes de agua.

En esta coyuntura de bajos precios, las multinacionales piden al gobierno aún más garantías, bajo la amenaza de despido de trabajadores, como ha venido pasando en Ecopetrol; lo que es una muestra clara de que las crisis las paga el pueblo. Está por verse con cuántas nuevas garantías les concederá Santos.

Una suerte distinta les espera a los trabajadores. El gobierno se escuda para no ceder a las demandas legítimas de las protestas sociales, como es el caso de los maestros, a quienes desde el Ministerio de hacienda se les hace un llamado a “mirar la realidad de la crisis”, como si en otro momento se hubieran cumplido sus demandas salariales.

 

Otro modelo

Estamos bajo un acorralamiento de la industria y la agricultura por parte de la minería y la explotación petrolera, cambiar este modelo exige el fortalecimiento de los medianos y pequeños productores. No es de una economía sana pactar más TLC, favorecer las importaciones y depender de ingresos de corta duración. Por tanto el impulso de la industria y la agricultura, y la regulación de las importaciones, son parte de un modelo que privilegia la vida, para un país en paz con justicia social.

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