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Camilo Vive en las Luchas de su Pueblo

Escrito por Comandante Nicolás Rodríguez Bautista

La muerte en combate de Camilo Torres Restrepo el 15 de Febrero de 1966, reafirmaban su convicción de que “las vías legales estaban cerradas”.

Camilo fue consecuente con su pensamiento y fueron sus profundas convicciones las que lo llevaron a alzarse en armas, convencido de la necesidad de que el pueblo colombiano estaba compelido a usar el derecho a la rebeldía.

Baste recordar que en Colombia se constituyó un Frente Nacional en 1958, como mecanismo bipartidista que excluyó la posibilidad de ser gobierno por la vía de las elecciones, a los sectores de izquierda o populares. Mientras que la oligarquía liberal y conservadora pactaron alternarse en el gobierno cada 4 años, hasta 1974.

Este acuerdo de la oligarquía lo realizaron 10 años después de producir el magnicidio del dirigente popular y candidato presidencial Jorge Eliecer Gaitán, el 9 de abril de 1948. Nadie duda hoy que desde los círculos del poder se planeó y ejecutó ese crimen.

Los altos niveles de represión y de exclusión política que criminalizan las luchas populares, junto a las crecientes desigualdades sociales, como fenómeno histórico, llevaron al sociólogo y dirigente político Camilo Torres, junto a otros importantes investigadores de la realidad nacional, a considerar que en Colombia era el momento de iniciar la lucha armada revolucionaria. Convencidos de ello en Colombia y en varios países de América Latina, importantes contingentes juveniles revolucionarios, se alzaron en armas.

Después de la muerte de Camilo, el pacto bipartidista del Frente Nacional, dejó como herencia las costumbres clientelistas, corruptas y de terrorismo de Estado, que produjo un alto número de asesinatos políticos, desapariciones, exilio y las más aberrantes torturas a revolucionarios y líderes populares.

Se fortaleció un sistema político de exclusión, mediante el cual la oligarquía pretende asegurar que la izquierda no tenga posibilidades reales de colocar un candidato que le dispute su gobernabilidad. Ya lo había dicho Camilo, para caracterizar el sistema electoral colombiano: “el que escruta elige”.

Aún en medio de estas crudas realidades, el movimiento popular fue repuntando y en la década de los 80 mostraba importantes niveles de desarrollo, destacándose entre otras 3 organizaciones de izquierda: El Frente Popular, A Luchar y la Unión Patriótica surgida ésta de los acuerdos entre las FARC y el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986).

Contra ellas respondió el régimen con la más brutal represión, produciendo más de 6 mil muertos (registrados) en un incompleto balance; sobre las reales cifras de exiliados y desaparecidos las cifras son contradictorias pero la mayoría de analistas consideran que están por encima de las que aparecen en los registros.

El paramilitarismo que naciera a comienzo de la década de los 60, según fuentes bien documentadas, había alcanzado altos niveles de desarrollo en la década de los 80; su objetivo era exterminar los llamados “apoyos de la insurgencia” y en esta categoría clasificaron a todos los críticos al régimen y así los siguen considerando hoy los sectores militaristas y de la derecha más recalcitrante.

En esa orgía de sangre que aún recorre a Colombia, las organizaciones legales de izquierda fueron exterminadas, destruido el movimiento popular y de masas, con lo que la historia le ha dado la razón a Camilo, en cuanto al carácter genocida de la oligarquía y que no compartirá el poder “por las buenas”.

El terrorismo de Estado se mantiene y el Estado colombiano sigue siendo uno de los mayores violadores de los Derechos Humano en todo el mundo. Aún está por verse si en realidad el proceso de paz planteado por el actual gobierno, es el preámbulo de un paso definitivo a doblar la página de la violencia estatal o si por el contrario todo se trata de conveniencias políticas del régimen, para luego desatar otra oleada de represión desmedida.

Es por lo anterior, que el pensamiento de Camilo sigue vigente y los elenos y elenas seguimos levantando sus banderas de la lucha armada, por la redención de los pobres.

Camilo también señaló las fallas de la izquierda, la oposición política y del movimiento social, en cuanto al sectarismo, carencia de liderazgo, ausencia del espíritu unitario y la priorización de los intereses de grupo o de parte. En ello tiene alta responsabilidad la insurgencia, que adicionó una mentalidad vanguardista.

A 49 años de la muerte de Camilo es necesario reconocer que aún seguimos en deuda con su llamado a la unidad; plantearnos la reflexión hoy y asumir el propósito de lograrlo, es indispensable para afrontar el complejo futuro que tenemos. Asumámoslo como un reto.

 

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