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Sobornos S.A.

Escrito por Comandante Pablo Beltrán

Los escándalos de corrupción de moda son los de la Federación internacional de fútbol (FIFA) y acá en Colombia, los de la Agencia nacional de hidrocarburos (ANH), entidad estatal encargada de hacer los negocios con las empresas transnacionales petroleras, donde no cesan de robarse la información de valor sobre localización de yacimientos y de usar documentos falsos en los contratos.

Recordemos también el aberrante y criminal negociado que se hace con la salud de los colombianos y el impune caso de Agro Ingreso Seguro (AIS), liderado por Álvaro Uribe Vélez y su ministro de agricultura Andrés Felipe Arias, hoy asilado en EEUU.

Sectores de izquierda, también han resultado implicados en casos de corrupción, antes había ocurrido el escándalo de Samuel Moreno, el encarcelado alcalde de Bogotá y ahora son los líderes del Partido de los Trabajadores de Brasil (PT), los hundidos en el mar de la corrupción, mar en el que sin excepción alguna flotan las instituciones estatales de las democracias capitalistas; con el agravante, que los políticos de los partidos tradicionales les recriminan, por no saber nadar ni navegar en este mar.

Estos exponentes de la izquierda no llevaron la corrupción al interior del régimen dominante, sino que la encontraron allí y en ella naufragaron.

Algunos políticos de partidos alternativos creen, que el edificio del sistema puede limpiarse, como hizo Hércules con los establos del rey Augías; pero lo que demuestra la vida, es que la crisis del capitalismo no se resuelve con lavarle la pintura, sino con un cambio a fondo del sistema y con otra forma de sociedad humana.

El magnate de los negocios e inversor George Soros, afirma, con conocimiento de causa, que: “Siempre hay alguien que paga, y los negocios internacionales suelen ser la principal fuente de corrupción”.

A principios de este mes, la Universidad Externado y la Organización No Gubernamental Transparencia, publicaron los resultados de la encuesta 2014, hecha a empresarios nacionales, en la que hacen un dibujo del mar de la corrupción en Colombia.

El 58 por ciento de los encuestados dicen, que pagar sobornos, les asegura no perder negocios, lo que en otras palabras significa que los sobornos son parte integrante de la institucionalidad.

Las modalidades de soborno son: un 76 por ciento de ellos son usados para lograr cierres de negocios y/o contratos; un 65 por ciento paga para acelerar trámites, y un 50 por ciento hace contribuciones a los políticos, que a su vez facilitan las condiciones para nuevos negocios.

En 2012, 67 por ciento de los empresarios consideraba que las prácticas contra el soborno aplicadas por ellos eran útiles; pero en 2014, bajó esta opinión hasta el 49 por ciento.

En 2012, el promedio del valor del contrato, que pagaban de manera secreta para ganar una adjudicación era cercano al 15 por ciento; ya para el 2014 este valor se trepó al 17,3 por ciento.

Si este retrato de la corrupción empresarial muestra una tendencia a empeorar progresivamente, pensar en diagnosticar la corrupción en los partidos políticos e instituciones estatales, es una obra tan descomunal, como medir el volumen de agua marina que contiene un Tsunami.

La corrupción es inherente al capitalismo -funcional a él-, necesaria para agilizar la concentración de la riqueza, un mal que no quieren ni pueden curar. En Colombia existe una Ley anti corrupción, una entre decenas de miles de leyes, soluciones jurídicas vanas, para una realidad que chorrea lo ilícito por todos los poros de la democracia capitalista.

La solución siempre será crear organización de base, para luchar por la democracia y la justicia social, que fortalezca la democracia participativa y directa, en reemplazo del arruinado modelo democrático del capitalismo.

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