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Quién era Marcos

Escrito por Comandante Pablo Beltrán

El paro cívico nacional del 20 de junio de 1985, le protestó al presidente Belisario Betancur (1992-1996) por el alto costo de la vida y la represión que sufrían las movilizaciones populares.

Como hoy, también existía un debate nacional sobre la búsqueda de una salida política al conflicto, con la diferencia que en ese entonces, el Ejército de Liberación Nacional, junto a otras fuerzas guerrilleras no participábamos en los diálogos con el gobierno; por esto había consignas en la calle que decían, “la paz, es un chulo con disfraz”.

Marcos como muchos activistas de izquierda de Barrancabermeja, ese día de paro se batieron a piedras con los escuadrones anti motines -los ESMAD de hoy-, en el As de copas, la salida principal hacia Bucaramanga.

Para esa época, José Amín Hernández Manrique, hacía tres años que sus compañeros de organización lo llamaban Marcos, nombre de guerra que había escogido al incorporarse a un Grupo de estudio y trabajo (GET), de los elenos.

Decidió ser un eleno, cuando era estudiante de bachillerato en el colegio Camilo Torres de Barranca, el Puerto petrolero de Colombia; a donde llegó procedente de Yarima, corregimiento donde vivía con su familia.

Cinco años operó como guerrillero urbano en las ciudades del nororiente colombiano, hasta que fue seleccionado para crear la Fuerza especial nacional del ELN; estructura que propinó fuertes golpes a los intereses de las multinacionales, como el ataque al principal puerto de exportación de petróleo colombiano, localizado en Coveñas, Sucre.

Luego fue promovido para ejercer responsabilidades de conducción en varios Frentes y Compañías del Frente de guerra Darío Ramírez Castro, localizado en las confluencia de los ríos Cauca y Magdalena; que es la encargada de desarrollar la propuesta de “Oro con beneficio social”.

Marcos recibió un impacto mortal por un francotirador del ejército estatal, el domingo 14 de junio, cuando llegó a atender la visita de sus hijos, en una casa campesina del municipio de Remedios, Antioquia.

Un viejo truco que le sigue sirviendo a las agencias represivas estatales, es vigilar las familias de los revolucionarios, para usarlas como rehén, objeto de chantaje y carnada contra los rebeldes.

Para la inteligencia policial y militar es muy fácil interceptar teléfonos, la mayoría de las veces sin autorización judicial, para hacer seguimientos a personas inocentes, que los llevan hacia un objetivo de ataque, que en este caso fue Marcos.

Vuelve a surgir la pregunta de siempre, ¿por qué no detuvieron a Marcos, en vez de darle muerte? Igual hizo el gobierno de Santos con Alfonso Cano, el primer mando de las FARC, en noviembre de 2012. Muertes que son crímenes de guerra, por los que debe responder el jefe de las Fuerzas Armadas.

La sabiduría popular dice que si a un guerrero lo matan, “muere en su ley”, y es una ventaja para nosotros los guerrilleros, poder escoger de qué vamos a morir. Otra ventaja vital es que un guerrero vive enfrentando retos; y Marcos sí que supo enfrentar bien la mayoría de los retos que le puso esta lucha.

Marcos pasó de ser un prestigioso líder militar a ser un buen conductor integral, haciendo honor al carácter político militar de nuestra organización. El poder no lo embriagó, porque llevó una vida igual a la de todos los combatientes que conducía; por su carácter afable tampoco le conocieron autoritarismos ni arrogancias. Y como en todos los humanos, una virtud termina llevando a un defecto, porque en su nobleza, también había un poco de ingenuidad.

En una pared de no me acuerdo qué parte, vi este verso: “siembra resistencia... cosecha liberación”, esto es lo que significa la vida de los revolucionarios, una siembra.

La partida de Marcos es un motivo, para recordar a propios y a adversarios, que la lucha de los revolucionarios es la construcción de una cultura de paz, basada en la resistencia.

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