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De Jamaica Viene una Carta [Parte 2]

Escrito por Comandante Pablo Beltrán

Napoleón había sido derrotado en Waterloo el 18 de junio de ese año de 1815, con esta victoria, la alianza de las monarquías reaccionarias impusieron su tiranía de hierro en Europa, por un siglo más.

Las provincias americanas que llevaban 5 años de lucha para independizarse, sufrían el régimen de terror impuesto por el imperio español; recrudecido desde el desembarco en abril, del pacificador Morillo en el oriente venezolano, con un ejército de 15 mil soldados. Desde este mismo mes, los revolucionarios cartageneros comenzaron a preparar la resistencia al ataque imperial; asedio que iniciaron el 18 de agosto y sostuvieron hasta el 6 de diciembre, cuando tomaron la Ciudad Heroica.

En Cartagena el 8 de mayo, el Libertador Simón Bolívar renunció al mando que le habían entregado y salió para Jamaica, donde desembarcó el día 14; para partir hacia Haití el 19 de diciembre, sin lograr su propósito de obtener el apoyo de los ingleses para la lucha independentista. Su partida fue acelerada por el intento de asesinato, que le hizo el imperio español el 9 de diciembre, del que salió ileso.

El Libertador cumplió 32 años de edad el 24 de julio, en medio de la penuria del destierro jamaiquino, agravada por las derrotas, que sufrían los patriotas a manos del terror de Morillo.

El inglés Henry Cullen le escribió a Bolívar, para preguntarle su opinión sobre el camino que podría tomar América una vez se liberara de España. Éste le respondió el 6 de septiembre, con el más famoso de sus escritos, que desde entonces se conoce como la Carta de Jamaica.

A 200 años de haber sido escrita, la Carta conserva vigencia por su análisis sobre los imperios, los dominados, las guerras civiles, las luchas por la democracia, los cambios y por ser ciudadanos de una nación soberana.

 

Reformadores contra conservadores

Bolívar le responde a Cullen, que es difícil predecir la suerte futura de América y anticiparse a decir si va a constituirse en una gran república o en una monarquía; si afirmó que los caminos los deciden los resultados de las guerras civiles, en que se enfrentan la mayoría conservadora, con una minoría de reformadores.

El libertador fue categórico en expresar, que la superioridad moral e intelectual de los reformadores inclina la balanza a favor de los cambios, pese a que la masa conservadora sea más numerosa.

La superioridad para lograr un gobierno libre, él la fundó en sentar bases de justicia, igualdad y libertad.

 

Las costumbres determinan el modelo de régimen

Se lamentó el Libertador, al decir que:

"Estamos dominados de los vicios que se contraen bajo la dirección de una nación como la española, que sólo ha sobresalido en fiereza, ambición, venganza y codicia".

De estas costumbres nace, según él, el espíritu de partido, que lleva a la disputa entre facciones y a la dispersión de fuerzas de los americanos.

Analizando la otra cara de la moneda, Bolívar rechazó que el imperio español haya sumido a las gentes de América en una minoría de edad, que las mantiene en la nulidad y la pasividad política.

Con estas costumbres políticas, él valoró imposible construir un sistema federal representativo y aseguró que iban a durar más las repúblicas pequeñas, que contaran con un parlamento de dos cámaras como el de Inglaterra y un poder ejecutivo duradero.

“Lo que se necesita es unión”

El Libertador le dijo al inglés, que no es un héroe el que va a operar los cambios revolucionarios, pues lo que se necesitaba es la unión de las fuerzas patriotas, para expulsar al imperio español y fundar un gobierno libre.

Le recalca que la unión no vendrá por la mano de Dios, sino por esfuerzos bien dirigidos.

Bolívar llama la atención sobre la experiencia mexicana, donde el fervor por la libertad fue producido por una mezcla entre entusiasmo político y religiosidad popular.

Cada dominación imperial pare su resistencia

Predijo Bolívar, que aunque la pacificación española saliera invicta, en las siguientes generaciones de americanos brotaría espontáneamente la resistencia patriótica ante la dominación imperial.

Para él, era una verdad histórica demostrada, que “el pueblo que ama su independencia, por fin la logra”.

Verdad que demostró la siguiente década de lucha independentista, que logró triunfar y hundir al imperio hispánico; disuadiendo la amenaza de invasión que planearon las monarquías reaccionarias europeas; además de pasar por encima de la falta de apoyo de los ingleses y de la oposición de los norteamericanos.

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