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Toma de Simacota

Escrito por Comandante Nicolás Rodríguez Bautista

Yo veía mucho compañerismo, veía a aquellos que tenían más experiencia y pensaba: Éstos saben, aquí van los duros, a ver qué van a enseñarme... Hasta ahí me habían enseñado mi papá, mi mamá, el maestro y la maestra... ahora iban a enseñarme los jefes guerrilleros, los guerrilleros de La Violencia, que eran hombres ya mayores, que sabían.

Lo bonito y lo grande consistía en que decíamos: “Ya somos todos hermanos, liberales, conservadores; ahora todos vamos a luchar contra los ricos, contra los responsables de la miseria y del hambre”. Todos teníamos claro eso y se hablaba de un socialismo y de hacer algo como quería que fuera. Eran más el sueño, las ganas, la esperanza...

Cuando hacíamos la formación éramos la “escuadra número uno”, de nueve compañeros, y la “escuadra número dos”, de ocho y Fabio al frente. Y yo decía: “¿Cuándo diremos “escuadra número diez”?”…

 

La situación era de una verraquera y ya había algunos compañeros que decían:

- Pero, ¿¡Qué hijueputa vinimos a hacer aquí!?

…Por eso Fabio planteó que ya nos íbamos para el primer combate, y que sería en Simacota. Fabio nos insistió en que el primer combate sería un combate definitivo, que teníamos que asegurarnos la victoria:

- ¡Tenemos que buscar un papayazo!

Era el primer impacto y no podíamos fallar. Además, Simacota no era cualquier lugar. Esa es zona de mucha historia, tierra de Los Comuneros que se alzaron contra España. Cercano está El Socorro, el pueblo donde los españoles colgaron a José Antonio Galán, el líder de Los Comuneros. Le cortaron la cabeza, los brazos, los pies, y pusieron partes de su cuerpo en todos esos pueblos, en los que él luchó.

El 20 de diciembre de 1964 se pone en marcha hacia Simacota la columna guerrillera inicial, a la cual, en el transcurso de esos seis meses de asentamiento se habían sumado nuevos hombre y mujeres; sus nombres de guerra: Andrés, Alberto, Wilson, Camilito, Ricardo, Libardo, Alí y Mariela (Paula González Rojas, conocida como La Mona, primera mujer vinculada al ELN).

Después de fatigantes marchas durante varios días y noches en el más absoluto silencio, de andar por caminos inhóspitos y desconocidos para la gran mayoría, de cruzar por páramos y montañas llenas de árboles legendarios y de mitigar hambres comiendo cogollos tiernos con sal cuando escaseaba la comida, de hacerle el quite a unas cuantas culebras no muy amistosas; por cierto, el 6 de enero llegó la columna a un kilómetro del casco urbano del pueblo. Acamparon y se camuflaron en los cafetales cercanos; entre tanto, Fabio y varios guerrilleros hacían un reconocimiento directo de la población.

Nos fuimos para Simacota. Nosotros queríamos que el golpe fuera lejos de nuestra zona de confianza. “El tigre nunca se caga dentro de su casa”. Si golpeábamos por primera vez al Ejército en la zona que era nuestra base, ¿para dónde nos íbamos después? En Simacota íbamos a golpear, el Ejército iba a concentrar allí la búsqueda, ¡y nosotros nos le volábamos!

El camino a Simacota lo hicimos por el páramo. La marcha fue penosa, yo nunca había pasado un páramo de esos, una tierra tan fría. Tuvimos que pasar la llamada cordillera de Los Cobardes. ¡El agua se cuaja por las mañanas, es hielo!

Tuvimos que pasarlo rápido, porque no teníamos abrigos. A pesar de todo, yo iba henchido con la ilusión de pelea, con esas ganas...

Pasamos la Navidad en el páramo, porque salimos el 20 de diciembre y la toma de Simacota la planeamos para el 7 de enero.

Como eran fiestas, los policías estarían borrachos, descuidados, y así nos quedaba más fácil, porque nosotros no teníamos casi armamento. Más bien íbamos buscando cómo quitárselo a ellos y asegurarnos una victoria.

Cuando eso, fueron unos compañeros por delante aprovechando las fiestas, se mezclaron con la población y regresaron y nos contaron: aquí está el estanco, aquí está el cuartel de policía, el repliegue es por aquí, la llegada es por acá... pero tuvimos un embolate y comenzaba a amanecer y aún no habíamos llegado... y ya uno con la lengua en la mano, ¡y corra, y por aquí, rapidito! Tuvimos que comenzar a detener gente, a campesinos que iban llegando...y, ¡váyase Usted por allá, y Usted por acá! Fabio, dirigiéndolo todo.

En la mañana del 7 de enero de 1965 la guerrilla entró en Simacota, después de haber dado muerte al sargento de la policía, que comandaba el puesto y a tres agentes de esa misma institución. Otro logró salvarse porque se encontraba dormido en una residencia y pudo ocultarse todo el tiempo que duró la toma.

Antes de la llegada de la guerrilla al pueblo, cuatro guerrilleros que portaban armas cortas y vestidos de civil localizaron a los agentes de la policía y les dieron muerte. Una vez eliminada toda posibilidad de resistencia, la guerrilla se hizo dueña de la población, se ubicó estratégicamente y convocó al pueblo a una reunión en la plaza principal.

Cuando la gente oyó los tiros fue saliendo, fue juntándose en toda la novelería.

Dos o tres policías cayeron en el combate. Y la gente decía:

-¡Bien hecho que los mataran, que era muy lambones y se aprovechaban de los campesinos!

Un grupo se emboscó en la carretera que conducía hacia El Socorro, previendo la llegada de las tropas. Se cortaron los hilos telegráficos, pero la telefonista alcanzó a dar parcial aviso al Batallón acantonado en El Socorro.

Mientras Fabio Vásquez y Mariela se dirigían a la Caja Agraria y obtenían el dinero allí existente (54 mil pesos), los guerrilleros controlaban la población y repartían entre sus gentes un Manifiesto, en que las invitaba a una concentración inmediata.

Una vez reunidos los habitantes, Víctor Medina Morón se dirigió a ellos y les explicó de forma sencilla y convincente los objetivos del ELN, el por qué de esa acción militar, la necesidad de la lucha guerrillera y de la organización popular. Las gentes respondieron con entusiasmo y fueron respetadas en todo momento por los guerrilleros.

Y ya los compañeros con las armas recuperadas fueron recorriendo el pueblo y se llevaron a toda la gente para la plaza y les echaron un discurso. Que éramos el Ejército de Liberación Nacional, que ésta era una lucha de todos unidos, liberales y conservadores, que ya éramos hermanos y no había pasiones políticas, que la lucha era contra los ricos y por la igualdad... Era el 7 de enero de 1965. Allí se leyó el Manifiesto de Simacota.

Unas dos horas estuvo el pueblo en poder de la guerrilla, al cabo de las cuales arribó una pequeña patrulla militar, al entrar la patrulla se hizo fuego sobre la tropa y murieron dos soldados. Sin embargo, el intercambio de disparos con el Ejército produjo la muerte de Pedro Gordillo (Parmenio), uno de los primeros y más entusiastas militantes del ELN, campesino de gran abnegación y gran valentía, a quien se otorgó póstumamente el grado de Capitán.

A la llegada del Ejército se dio la voz de repliegue (Cayetano), nos retiramos precipitadamente y dejamos tendido a Parmenio. Luego de un mes de la toma de Simacota, la guerrilla regresa al Cerro de los Andes.

En Simacota se produjo la primera deserción en las filas del ELN, protagonizada por Samuel Martínez. Martínez había sido miembro del Partido Comunista y huyó en medio del combate dejando tirada su arma de dotación.

Durante el repliegue de Simacota desertó un campesino guerrillero, Manuel Muñoz, quien, acobardado por la persecución de la tropa, se entregó al Ejército. Muñoz delató a gran cantidad de campesinos, señaló el área inicial de operaciones, reveló el armamento y el número de combatientes de que disponía la guerrilla y por su culpa fueron detenidos y condenados en Consejo verbal de guerra a diecisiete años de prisión, dos guerrilleros que habían salido a una comisión y que se habían destacado como compañeros valerosos e inteligentes: Jacinto Díaz Bermúdez y Salomón Amado Rojas (este último, primo de Mariela).

Así pues, la acción de Simacota tuvo como resultados concretos las muertes de tres policías, dos soldados y un suboficial de la policía, la recuperación de cuatro fusiles 7.62 mm, algunas armas cortas, dos fusiles punto 30, cerca de 60 mil pesos tomados de la Caja Agraria y de la sucursal de la cervecería Bavaria, algunas drogas y víveres. La guerrilla perdió a un combatiente, tuvo dos desertores y días más tarde sufrió la captura de dos guerrilleros más. En la población civil hubo un herido leve en forma accidental.

Como las cosas insólitas suelen ser realidad, la noticia de la toma de Simacota se regó como pólvora.

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