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La Nueva y la Vieja Europa

Escrito por Carlos Ramos

Indudablemente, la vieja Europa está convulsionada.

Un botón de muestra: en Gran Bretaña, Sadiq Khan, militante del Partido Laborista de origen paquistaní, hijo de chofer de bus, se ha convertido en el primer Alcalde musulmán de Londres. Este hecho no es minúsculo, cuando se toma en cuenta el contexto de la ola xenófoba y anti-islámica, que crece en el seno del Viejo Continente. David Cameron, Primer Ministro Británico, reiteradamente lo señala como persona vinculada al extremismo islámico. A la vez, el actual líder del partido laborista, Jeremy Corbyn, reconocido por su clara tendencia anti imperialista y su lucha contra las políticas de ajuste neoliberal, ha impulsado el respaldo de su partido a las luchas independentistas de Escocia y Gales. En ese contexto el Reino Unido realizará el referendo del 23 de junio, sobre el “brexit”, la salida de Inglaterra de la Unión Europea, lo cual podría provocar un efecto dominó, en caso que otros países del viejo continente sigan su ejemplo.

En Portugal, la coalición del Bloque de Izquierda, liderada por el socialista Antonio Costa sacó adelante un presupuesto contra el ajuste neoliberal, e invertirá 11 mil millones de euros para impulsar su economía. Ha elevado las pensiones mínimas, eliminado los recortes salariales a los empleados públicos y quitado los impuestos extraordinarios al 90 por ciento de los trabajadores, entre otras medidas.

En España, el monopolio post franquista mantenido entre el Partido Popular y el PSOE tambalea, ante el surgimiento de Podemos-Unidos, alianza entre Izquierda Unida y Podemos, que se lanzará a las elecciones de julio de este año. Parecido a lo ocurrido en el Reino Unido, las fuerzas independentistas siguen creciendo, como la CUP de la izquierda catalana.

En el caso de Grecia, si bien la Troika logró someter al partido Syriza, obligándolo a imponer un ajuste neoliberal, aún más severo que el que existió antes del triunfo de ese partido de centro izquierda. La conducción del partido falló en defender su proyecto anti neoliberal, lo cierto es que el pueblo heleno sí eligió a un gobierno alternativo. Hoy en día ese pueblo se encuentra luchando en las calles, oponiéndose a las nuevas medidas de ajuste draconiano.

En Francia el partido de gobierno del “socialista” Francoise Hollande se ha subordinado completamente a los designios de la alianza imperialista entre la OTAN y los EE.UU, para respaldar abiertamente el asalto imperial contra Siria. En ese contexto empezaron movilizaciones y huelgas importantes contra las medidas de austeridad del gobierno de Hollande, como los recortes de puestos de trabajo en las empresas ferroviaria, de aviación y la educación. De hecho, tanto la movilización social, como la oposición de 40 diputados socialistas fueron determinantes, para impedir que Hollande impusiera su Ley laboral contra los sindicatos y los jóvenes.

A la vez, el neo fascista Frente Nacional mantiene su ascenso, ocupando espacios políticos, que antes ocupaban la derecha tradicional y los socialistas.

La recesión capitalista mundial despierta los sentimientos imperiales de las potencias europeas, como Alemania, Inglaterra y Francia, quienes intentan utilizar la guerra para acumular riqueza y recuperar ganancias; acaudillados por los EE.UU, bajo la consigna “del cielo llega la muerte”, desde la OTAN, encienden las guerras abiertas y encubiertas por el despojo de países ricos en materias primas. Su alianza intenta contener la creciente influencia política, económica y militar de Rusia y China, donde Ucrania y Siria se han convertido en los focos meridionales de esa disputa.

Pero las guerras imperiales en Oriente Medio, Eurasia y Norte de África sigue   provocando la crisis de refugiados, más grande desde la Segunda Guerra Mundial: un éxodo de centenares de miles de hombres, mujeres, niños y ancianos que llegan a las costas y fronteras del viejo continente buscando refugio; situación que ha alimentado los sentimientos racistas y xenófobos de movimientos neo nazis y de los nacionalismos de derecha.

Desde la posguerra, Europa ha sido gobernada por una alternancia entre la socialdemocracia -afiliados a la Internacional socialista-, y la democracia cristiana. Con los años, las diferencias entre estas fuerzas políticas se fue minimizando, hasta que los programas de ambos se redujeron a simples estilos de administración de la democracia neoliberal. Pero este régimen bipartidista parece estar llegando a su fin.

En el actual escenario, se disputan nuevas fuerzas de izquierda con derechas de claro corte fascista y racista. Una crisis económica estructural que se intenta resolver con programas de austeridad neoliberal; y movimientos de sociales de trabajadores y ciudadanos alzados en contra de esas medidas. Las guerras imperiales que las metrópolis europeas impulsan en sus antiguas colonias y actuales periferias se les revierte, con el ingreso de centenares de miles de refugiados.

La vieja Europa no acaba de morir y la Nueva Europa no acaba de nacer. Pero el continente está singularmente convulsionado y se agrietan los cimientos del viejo orden. La conquista de una Nueva Europa, más justa y equitativa, alejada del neo fascismo y de las históricas prácticas imperialistas dependerá de la lucha de sus pueblos y de su convencimiento, sobre que la historia no la hacen los gobiernos o los pactos institucionales, sino ellos mismos.

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