Después de una década de gobiernos alternativos y progresistas, el continente se sigue derechizando. La oligarquía recuperó el poder en varios países a través de golpes parlamentarios y falsedades electorales, denunciado la supuesta falta de democracia en nuestros países. Hoy en nuestros pueblos se manifiesta la falta de democracia, pero esta es causada por la misma oligarquía continental, la actual responsable de las fuertes protestas alrededor de nuestramérica.

 

El cambio de rumbo

Argentina, Brasil, Chile y Perú, tienen en común una historia de expropiación reciente de los derechos del pueblo. Los primeros dos, contaron con la existencia de gobiernos progresistas quienes, en medio de las dificultades y contradicciones propias de combatir el modelo neoliberal, lograron mejorar la calidad de vida de sus habitantes, fortalecieron la inversión social y las prestaciones sociales del pueblo trabajador. En el caso de Chile, fueron las luchas de estudiantes y trabajadores las que lograron mitigar la andanada neoliberal que persistió a contracorriente de todo el continente. Perú por su parte ajeno también a los cambios progresistas, continuó con el impulso a ultranza de las directrices de Washington.

Lo común de estos países es la intención de sus gobernantes actuales de profundizar el modelo neoliberal. Es lógico que esta directriz que pretende instaurarse en el continente, es una respuesta drástica de las élites criollas a la potencialidad de transformaciones que gobiernos alternativos y movimientos sociales han desarrollado a lo largo de los años.

El formato es el mismo, gobiernos que pretenden cambiar el supuesto mal gobierno, han llegado al poder de manera ilegítima ante los ojos de los habitantes de sus territorios. Desde la estrategia de golpe parlamentario inventada en Brasil, pasando por la guerra mediática que acusa de narcotráfico, corrupción -robo- a los gobiernos anteriores, hasta la guerra diplomática auspiciada por Estados Unidos y seguida por Europa, fueron las formas fraudulentas con las que se ha contra informado y engañado a parte del pueblo de estos países. 

 

La implementación del modelo

Luego de hacerse al poder las élites del continente han demostrado su verdadero carácter. En Argentina y Chile han generado desmejoramiento de la educación pública, incluyendo la calidad de vida de los trabajadores del sector. En Brasil el gobierno de Temer buscó imponer una reforma estructural que señalaba el congelamiento del presupuesto público por 10 años, sin importar las afectaciones sociales que desencadenaría, así mismo busca instaurar una ley que desmantela el modelo de prestaciones sociales actual, aumentando la edad y requisitos de jubilación. El gobierno peruano por su parte se encarga de desmantelar la educación pública y los derechos de los trabajadores, mientras limita sus recursos en la atención de la catástrofe invernal que deja decenas de muertos.

Estas medidas tienen un doble fin. Por un lado, es consecuencia de la visión de las élites latinas donde la inversión social es vista como un gasto innecesario, pues sus beneficios no se ven en el corto plazo. Se prioriza así la inversión en seguridad y defensa como la única necesaria, mientras las demás necesidades del pueblo -salud, educación, vivienda- se dejan a la libre oferta y demanda del mercado, vistas como un negocio con el que se lucran las empresas privadas nacionales y trasnacionales. Por otro lado, a través de estas medidas se busca eliminar la organización de la clase popular, ya que, al flexibilizar y deteriorar las condiciones de vida de los trabajadores, evitan el reconocimiento de estas necesidades como derechos y limitan de esta manera su exigencia.

A pesar de las múltiples expresiones internacionales, incluso del mismo Fondo Monetario Internacional, que reconoce el fracaso del neoliberalismo en el mundo, los gobiernos de turno de nuestro territorio continúan con las recetas implantadas, como una forma de recordarle al pueblo latino que con la élite no se juega, pues está dispuesta a lo que sea necesario por conservar el poder.

 

La respuesta de los pueblos

En la lucha de clases que libran nuestros pueblos, la resistencia no da tregua ante el desmonte de los derechos. La élite criolla creyó que con eliminar los gobiernos progresistas era suficiente para apropiarse de nuestros países, pero como siempre ha desestimado que es el pueblo organizado y movilizado el que mantiene vivos los proyectos de justicia social.

Podrían catalogarse las manifestaciones contra el gobierno de Temer en Brasil y de Macri en Argentina como las más grandes de su historia reciente. Movilizaciones de miles de personas en distintas ciudades de estos países, han demostrado que el pueblo organizado no solo está dispuesto a defender los avances sociales logrados durante la década anterior, sino que está dispuesto a profundizarlos y generar una crisis de gobernabilidad a las élites del continente.

Las movilizaciones actuales son producto de un largo periodo de fortalecimiento de los movimientos sociales en estos países. El Movimiento Sin Tierra -MST- de Brasil, el Frente Popular Darío Santillán y la organización Barrios de Pie en Argentina, organizaciones con una larga trayectoria de lucha, han logrado avanzar de manera decidida en la construcción de movimientos sociales amplios en la búsqueda de la justicia social de sus países. El camino de la organización y movilización popular se debe convertir en un ejemplo de lucha para el pueblo colombiano en la búsqueda de una paz justa y verdadera.

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