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UN MAL NEGOCIO: Exportar Valores y Acumular Contaminantes

Escrito por Darío Pachakuti

La vertiginosa necesidad de depredación ambiental del sistema capitalista, viene siendo instrumentalizada en nuestras regiones, a través de políticas voraces y modelos económicos aplicados por los gobiernos locales, al servicio de las elites dominantes y de los gobiernos imperiales. Estos sostienen la actual corporatocracia internacional, mediante la desestabilización social y política de los países, en el llamado Tercer Mundo, mediante la programada desintegración sostenida en plataformas mediáticas hegemónicas y parcializadas, que incitan, ejecutan y justifican a la vez, la confrontación y eliminación de todo signo de resistencia posible, constituyendo así las formas más aterradoras y peligrosas de dominación, explotación y sometimiento.

 

El calentamiento global no es un 'cuento chino'

El cambio climático es una de las formas que más expone esta crisis, generada por la equivocada e insostenible manera de hacer el desarrollo, que provoca alteraciones en todos los ámbitos de la vida. No logramos comprender ni dimensionar su capacidad de autodestrucción, aún viviendo en el mundo asimétrico que el neoliberalismo y el corporativismo han construido. De acuerdo a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), la actividad humana incide, directa e indirectamente, en la alteración de la composición atmosférica mundial; pero es indiscutible que toda la humanidad no tenemos la misma responsabilidad, pues es evidente que los mayores depredadores son las empresas transnacionales y los países imperialistas.

Tal situación de desequilibrio climático se agrava, con la embestida conservadora global en nuestros territorios de América del Sur y el Caribe. La conspiración es abierta y directa contra los gobiernos progresistas, los movimientos sociales y organizaciones campesinas e indígenas. Las alianzas de los gobernantes locales con los grandes capitales transnacionales, para el establecimiento de decenas de megaproyectos mineros e hidroeléctricos a lo largo del continente, y así extraer miles de millones de toneladas de materias primas estratégicas que demanda la voracidad del sistema capitalista, a coste de la vida de la población más vulnerable y empobrecida, sin duda incrementa el nivel de irreversibilidad de este fenómeno atmosférico. Los recientes eventos catastróficos ocurridos en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile -entre otros-, con cientos de fallecidos y desaparecidos, a causas de grandes inundaciones, incendios y sequías, resalta tal urgencia.

 

Interconectados, resistir al nuevo colonialismo

Nuestros pueblos viven momentos muy difíciles, podría decir los más dramáticos de la historia, pero también decisivos frente a la contraofensiva de la elite global. Las crisis políticas y sociales surgidas por la sinergia neoliberal pro estadounidense, entre actores como Mauricio Macri en Argentina, y el golpista Michel Temer en Brasil, el presidente colombiano Juan Manuel Santos y Pedro Pablo Kuczynski en Perú, además de Horacio Cartes y Michel Bachelet, con su natural y constante alineación y sumisión a los centros ideológicos de Estados Unidos y Europa, hacen comprender el impostergable encuentro de los oprimidos, la necesaria coordinación y unidad popular ente los diversos movimientos sociales y organizaciones políticas del continente, para acelerar la lucha en una escala superior.

Ante las agendas impuestas por los centros del poder, necesitamos trabajar tanto en el fortalecimiento de nuestras estrategias conjuntas, como redistribución y masificación de la información, con nuevos métodos de mayor interconexión comunicativa e interacción organizativa, de forma que salgamos de la burbuja que nos mantiene aislados. Necesitamos constituirnos como la continuidad de la vida dentro del ciclo ecológico, es decir, todo y todos interconectados. Así veremos con múltiples matices las verdaderas salidas estructurantes a estas crisis inoculadas, que degradan los derechos fundamentales de millones de mujeres, niños y hombres de nuestros pueblos. El auge del nuevo colonialismo en pleno siglo 21, amenaza con profundizar la fragmentación de nuestras sociedades. Un sometimiento moderno que incrementa las posibilidades de las transacciones financieras extranjeras, entre los agentes políticos y corporativos en nuestros países.

 

Expoliación y corrupción van de la mano

En Colombia, con los Tratados de Libre Comercio (TLC), la persecución a los sindicatos, despidos injustificados y el patrocinio a grupos paramilitares para el asesinato de dirigentes sociales, se convierten en las prácticas cotidianas de las multinacionales que hacen presencia en el país.

El poder detrás de las licencias ambientales para la explotación de oro y carbón a cielo abierto, como la Drummond y el Cerrejón, en la Costa Atlántica, o como quedó demostrado con el caso de la canadiense Greystar Resources, en el Páramo de Santurbán. Esta última especialmente, como la Sociedad Minera de Santander, Minesa, anteriormente conocida como AUX, y actual propiedad de la compañía árabe Mubadala Development Co. de Emiratos Árabes compró el 100 % de la minera AUX, de propiedad del empresario brasileño Eike Batista, implicado en la trama de corrupción de la petrolera Petrobras, y acusado por haber pagado comisiones ilegales por 16,5 millones de dólares (más de 44 mil millones de pesos) al exgobernador del estado Río de Janeiro, Sergio Cabral, a cambio de que le adjudicaran contratos públicos y le suministraran información clave para sus negocios. Esto es sólo un ejemplo de lo grande y oculto de las complicidades entre las clases políticas de la corporatocracia global.

Ya conocemos los impacto de este tipo de empresas, y cómo se obtienen las licencias necesarias para explotar las reservas mineras e hidrográficas más importantes. También conocemos sus implicaciones en  varias gestiones de gobierno y campañas electorales de sus candidatos, entre ellas la del gobierno de Álvaro Uribe, relacionado por su ex viceministro de Transporte, Gabriel García, quien recibió 6,5 millones de dólares para obtener la Ruta del sol. Hace unos días el gerente de la campaña de Juan Manuel Santos en las elecciones de 2014 reconoció que la constructora Odebrecht le financió, de forma irregular, en la carrera presidencial del 2010. Indicó que sólo pagó dos millones de afiches del candidato. Lo cierto es que fue citado por el Consejo Nacional Electoral (CNE) para dar su versión libre sobre el supuesto ingreso de dinero de la multinacional brasileña. Existen las fotografías de su representante en Colombia, Eleuberto Martorelli, emisario de los sobornos -vinculado directamente con las investigaciones en Brasil- con el presidente Santos y algunos ministros de su gobierno, en las obras, en las que Odebrecht lideraba las concesiones. Lo cierto es que la justicia federal de Estados Unidos, confirmó la multa de 2.600 millones de dólares a la compañía por la realización de sobornos para lograr contratos de obras públicas en una decena de países.

 

Saqueo, exclusión social y paramilitarismo

Conocido son los casos donde tratándose de autoridades locales, concejales, diputados, miembro del equipo de cierta alcaldía o representante de alguna asociación de mineros artesanales, se encuentran en un espiral de criminalidad, derivado de un entramado de corrupción que los absorbe. En muchas de las regiones donde operan las grandes multinacionales, los servicios públicos y la infraestructura la han construido las compañías y no el Estado. Es un asunto de legitimidad. Por esta razón en muchos pueblos no dudan en respaldar a estas empresas destructoras del medio ambiente, y aceleradoras del cambio climático. Este escenario tan desolador, siempre será propicio para la prostitución y la delincuencia, que atrapan a las personas empobrecidas, que habitan en los últimos peldaños de la exclusión social. Estas son las consecuencias sociales de la economía capitalista global, que tanto pregonan los conservadores, los neoliberales que están dispuestos a colocar toda la artillería discursiva y propagandística contra los gobiernos de izquierda que han logrado transformaciones reales en beneficio de sus pueblos.

“Más del 99 por ciento de la producción de oro y el 92 por ciento de la de carbón son exportados sin generar encadenamientos productivos, lo cual convierte al país en un exportador neto de materias primas y en un acumulador de residuos contaminantes, lo que favorece la reproducción de injusticia ecológica por la generación de dis-externalidades”. Minería en Colombia Fundamentos para superar el modelo extractivista. (2013).

La extracción de cientos de toneladas de oro, de millones de onzas de este recurso, que según los expertos, se requieren cientos de miles de litros de agua para llegar a sacar un kilo de oro, también hay que considerar la violencia paramilitar que se vive en las zonas mineras del país. Recordemos que en marzo de 2007, la compañía Chiquita Brands International se declaró culpable del delito federal de financiar una organización terrorista. Se benefició de su relación con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y pagó al Departamento de Justicia de Estados Unidos 25 millones de dólares. Las víctimas de su conducta no han recibido nada. Chiquita hizo pagos ilegales y ocultos a las AUC durante años. En la corte estadounidense varios de los jefes paramilitares confesaron, bajo juramento, sobre los cientos de homicidios cometidos con la llegada al Departamento del Cesar en la década del noventa, con el apoyo económico de empresas como la Drummond y el Grupo Prodeco propiedad de la multinacional suiza Glencore, para inversión en proyectos carboníferos, originando así el asesinato, desapariciones y desplazamiento forzado en su beneficio.

 

Acatar la voz del pueblo

La consulta popular en Cajamarca, es una respuesta a los intereses del gran capital. Los habitantes de ese municipio del Departamento del Tolima, decidieron con un 97 por ciento de aprobación, que no quieren proyectos mineros en su territorio. Demostraron cómo se puede construir una fuerza social suficientemente decidida y diversa para cambiar el equilibrio del poder. La comunidad entendió el significado del polémico proyecto de la multinacional Anglogold Ashanti de La Colosa: una mina a cielo abierto en el corazón de las montañas de Cajamarca, una zona agrícola por excelencia, donde se pretende saquear el oro con graves impactos ambientales y sociales. Sin embargo, ha sido el propio gobierno quien ha buscado reversar la aprobación, la voluntad popular, hablando de los perjuicios que traerá a la inversión extranjera.

El hecho que sea la población la que toma este tipo de decisiones, es la alarma que nos despierta en nuestro tiempo presente, con la necesidad de crear el contexto social y político para las transformaciones reales, justas y con probabilidades de reemplazar un status quo, que no ofrece más que la propia extinción de la vida. Necesitamos un modelo económico nuevo, y una manera novedosa de compartir este planeta, potenciando la capacidad de complementariedad entre las comunidades y la autogestión de sus territorios.

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