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El sinsentido de Trump

Escrito por Ximena Solano Sepúlveda

 

Considerar que el gobierno estadounidense tiene la capacidad de condicionar la vida de un país soberano a sus designios imperialistas, bajo la supuesta defensa de la democracia y la libertad, es darle a este país un derecho injerencista que esta vez además de ser absurdo, prolonga el discurso ofensivo de la guerra fría.

 

La intentona imperialista

El presidente Trump se ha caracterizado por realizar una política profundamente contraria a su discurso de campaña presidencial. Es mas, ha usado el ”lets do american great again” [hagamos grande a América de nuevo], no para mejorar la vida de su propio pueblo, sino para continuar con su política injerencista permanente, ahora de una manera mas agresiva contra diferentes pueblos del mundo.

Lo característico de la política Trump es que esta injerencia se ha visto acompañada de un discurso profundamente anticomunista en lo que compete al caso de Cuba. Ante el fracaso inminente del bloqueo económico, el mismo gobierno de Obama tuvo que reconocer la soberanía de Cuba e intentar, bajo una manera sutil y negociada, continuar con su apuesta imperialista.

Sin embargo, Trump con su intención ególatra de ser contradictor del gobierno Obama, ha decidido excusarse en afirmaciones trasnochadas como “los crímenes del régimen brutal de los Castro” y la ideología del comunismo que según él ha “destruido todas las naciones donde fue implantado”, para intervenir en los asuntos de la isla, incluso acusándola de enviar armas a Corea del Norte y“echar leña al caos venezolano”.

Así pretende imponer nuevas medidas bajo la tónica de la guerra fría, entre las que se encuentran: continuar con el embargo económico, acabar con el intercambio educativo, reforzar las restricciones de viaje para los estadounidenses y evitar que se realicen actividades económicas entre Estados Unidos y el conglomerado militar cubano Grupo de Administración Empresarial (Gaesa). En resumen, continuar con un bloqueo económico y social como mecanismo de presión para desconocer la soberanía cubana y poder intervenir directamente en el futuro de la isla.

 

La respuesta de los pueblos

Ante esta nueva arremetida, el Gobierno Cubano ha sido enfático en reconocer la contradicción que existe en continuar con un bloqueo económico y a la vez exigir democratización y avance social. De igual manera ha señalado que el viejo discurso de la violación a los Derechos Humanos en la isla, no se compadece con la real situación de DDHH en Estados Unidos, donde el abuso policial, la xenofobia y la discriminación racial, la restricciones del gobierno Trump a la salud y la seguridad social, y la exagerada degradación del ambiente, son las violaciones que reinan.

Estados Unidos no es de ninguna manera un ejemplo para hablar de democracia y derechos humanos, así como no tiene ninguna legitimidad moral para siquiera sugerir políticas a países soberanos como Cuba, cuando sus sugerencias han derivado en guerras e invasiones que han dejado millones de muertos inocentes alrededor del mundo.

Así lo ha entendido el gobierno de Cuba, quien ha señalado en su declaración del gobierno revolucionario del Ministerio de Relaciones Exteriores que ”cualquier estrategia dirigida a cambiar el sistema político, económico y social en Cuba, ya sea la que pretenda lograrlo a través de presiones e imposiciones, o empleando métodos más sutiles, estará condenada al fracaso”.

Nunca los intereses de la minoría burguesa que renunció a su patria cubana, pueden ser la base de las relaciones entre estos dos países, pues este es un atentado a la autodeterminación de aquel pueblo que se echó al hombro la construcción de la Revolución.

El reacomodamiento de las potencias mundiales pone a temblar la hegemonía estadounidense, llevándolo a acciones suicidas como el desconocimiento de la soberanía cubana, política que ha fracasado históricamente. Es por eso que hoy en día la unidad de los pueblos del mundo en contra del imperialismo cobra una importancia vital; como lo ha dicho el presidente Maduro, lo que pasa en Cuba y en Venezuela es parte del mismo plan y requiere como tal respuestas globales y unificadas 

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