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Religión y liberación

Escrito por Consuelo Tapias

 

El Ejército de Liberación Nacional, desde sus inicios tuvo una fuerte identidad  con religiosos, religiosas y personas de Fe; desde la participación y vinculación del Padre Camilo a la insurgencia Elena, podemos decir que nuestra militancia ha contado con el concurso de muchos cristianos y cristianas. Lo que explica por qué consideramos el ejercicio revolucionario como servicio al prójimo, es decir, nuestro ejercicio revolucionario al servicio de los más necesitados y oprimidos.

 

La vocación de servicio

La Fe cristiana es fundamentalmente servir al prójimo; el ser guerrillero y revolucionario también es un acto de Fe, porque es sentir  e interpretar las injusticias de unas mayorías marginadas por el sistema que ostenta el poder.

El ser Eleno implica dedicar tu vida y tu esfuerzo a la humanidad para transformar esas condiciones de vida social, en que se encuentran esos vastos sectores sociales.

 

La religión y las clases sociales

Las religiones han ido muy de la mano de las castas y clases sociales dominante, en estos tiempos modernos vemos a distintas corrientes religiosas participando de manera activa en los destinos políticos de la vida social, unas dedicadas y aferradas al estatus quo, otras muy moderadas, y otras iglesias muy dedicada a transformar viejas costumbres arraigadas con el sometimiento y la barbarie.

Pareciera ser que existe un Dios para los pobres y un dios para quienes históricamente mantiene su dominio basado en la fuerza. Esta práctica o concepción emana comportamientos diametralmente diferenciados en actitudes y comportamientos morales, que lejos de contribuir a generar una verdadera cultura de paz, se esfuerza más porque otra parte de la verdad quede a medias.

 

El poder y la religión

La historia de las clases sociales y la religión van asociadas; desde épocas milenarias el poder jerárquico de la iglesia se asocia con el poder dominante, y en contraste otra se coloca al servicio de los excluidos y empobrecidos. Hoy la sociedad entera requiere de una iglesia que promueva cambios estructurales en el pensamiento social y humano, que cultive valores éticos como principios rectores de la sociedad y en el acto de gobernar. Así como el ejercicio revolucionario de los pueblos debe adjuntarse en ese proyecto de sociedad donde el ser humano es el centro de las preocupaciones.

 

Perdón va, perdón viene

En épocas de conciliación, los Elenos siempre hemos dicho “verdad toda, verdad todos”, y en este concepto la iglesia y los cristianos tienen mucho por aportar, en una sociedad como la colombiana, que ha vivido bajo la violencia permanente, las religiones deben ser guiadoras de la conciliación, donde la población sufrida sienta que de verdad se hace justicia, donde la verdad y la reparación moral sea de todos los victimizas y no se pretenda mantener el sesgo del encubrimiento y la doble moral, que tanto daño ha causado en la cultura colombiana.

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