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Ni sierra, ni nevada, ni de Santa Marta

Escrito por Emerson de Francisco

 

La Sierra Nevada de Santa Marta, aparte de ser una reserva natural, se considera un lugar sagrado para las etnias que la habitan; En vista de la amenaza que enfrentan, el pasado 16 de noviembre cientos de indígenas Arhuacos protestaron en la entrada de la Gobernación del Cesar, exigiendo frenar la minería en la Sierra Nevada y, la protección de los ecosistemas, además de solicitar un diálogo con el mandatario departamental, Francisco Ovalle Angarita; como respuesta sus peticiones, fueron atacados brutalmente por la policía militarizada del Esmad. 

 

Una vez más, ante una legítima y pacifica vía de protesta, la respuesta estatal es acudir a la fuerza y de esta forma acallar las comunidades, soslayarle sus derechos y, salvaguardar las garantías y beneficios que le brinda a las empresa mineras multinacionales. De esta forma, el Estado demuestra su esencia, de reconocer derechos sociales, ambientales y culturales en sus discursos electorales, pero en el diario vivir, sofocar las voces disidentes a sangre y fuego.

 

Con la entrega de esta joya del Caribe a las empresas multinacionales mineras, en adelante ya no tendremos Sierra, y por la pérdida de los glaciares dejará de ser Nevada, además al pasar a manos extranjeras dejará de ser de Santa Marta.

 

La Sierra es un santuario natural y espiritual

La Sierra Nevada de Santa Marta, es una fuente hídrica y biodiversa del Caribe colombiano, en la medida en que es la principal fuente de agua para las cabeceras de los departamentos de la Guajira, el Cesar y el Magdalena. Los ríos que nacen en la Sierra Nevada producen más de 10 mil millones de metros cúbicos de agua por año, de los cuales una parte se convierte en fuente de agua para 1,5 millones de personas. Las cuencas forman en la parte plana y circunvecina de la Sierra, valles aluviales que en conjunto suman más de 280 mil hectáreas de fértiles tierras.

 

La Sierra Nevada de Santa Marta fue declarada, reserva de la Biosfera en 1986 [1], parque natural en 1989 [2] y, parque nacional en 1999 [3]. Además, es el hogar de cuatro etnias que habitan, protegen y defienden sus ancestrales tradiciones, los Kogui, los Arhuacos, los Wiwas y Kankuamos; Junto con estas etnias, en sus territorios habitan varias comunidades de colonos que cultivan los fértiles suelos de la parte baja de la Sierra y, contribuyen al abastecimiento de alimentos de los pobladores de las ciudades y pueblos aledaños.

 

En esta reserva natural, existen en total 348 títulos mineros, 285 títulos mineros vigentes, 132 proyectos mineros en marcha, y siete bloques mineros activos. Adicionalmente, hay cerca de 1320 solicitudes de títulos y otros 18 títulos de explotación en convenio con la Agencia Nacional de Hidrocarburos. Esto se convierte en un riesgo latente para las comunidades y el ecosistema; Además de las afectaciones al agua, el aire, la flora y la fauna de los territorios tradicionales y de cerca de los 32 municipios alrededor de la Sierra, los proyectos extractivistas están cambiando la vocación del territorio y poner en riesgo la seguridad alimentaria de las comunidades indígenas y de 200 mil colonos campesinos. De igual forma, afecta la salud de la población por la contaminación, perjudica el modelo cultural y de desarrollo sostenible, las etnias pierden la autonomía sobre sus territorios, y se debilita y fragmenta la organización social propia de la comunidad.

 

El oro no se come, ni se bebe

Según la Agencia Nacional de Minería a la fecha existen 8.866 títulos mineros vigentes, y afirma que en nuestro suelo existen 2.015 toneladas de oro (60 millones de onzas). Muchos de estos títulos se encuentran en paramos y montañas, que no sólo albergan una gran biodiversidad; sino, que además son el abastecimiento de agua potable de millones de personas, ejemplo de esto son La Colosa, Santurbán, Santa Isabel, La Sierra Nevada, entre otros.

 

La explotación de oro a cielo abierto, representa uno de los mayores peligros para la biodiversidad, la sostenibilidad ambiental y la vocación agropecuaria del país. Principalmente, porque desde el punto ambiental, en este tipo de minería se utilizan grandes cantidades de cianuro y de agua que se contaminan y se vuelven irrecuperables. Además, en lo social, se desplazan las comunidades ubicadas en las cercanías de los yacimientos y se ven dañados sus medios de subsistencia, las fuentes laborales son muy pocas y temporales y, las costumbres culturales se ven amenazadas, por la migración multitudinaria de personas atraídas por la fiebre del oro.

 

Miseria de las comunidades, para que las multinacionales se enriquezcan

Un estudio de septiembre de 2016 de la Contraloría, dice: “la calidad de vida de la población de las zonas de explotación de minerales no sólo no mejoró, sino que, en la mayoría de los casos, vio consolidar su retraso en contraste con otras regiones”.

 

El Departamento del Chocó tiene un indicador de pobreza del 74 por ciento y un déficit de vivienda de 82 por ciento, en contrate con un incremento acelerado de la extracción de oro, que sube hasta alcanzar un 39 por ciento de la producción colombiana. En la Guajira se encuentra la mina de El cerrejón [4], de donde sale el 68 por ciento de nuestro carbón, pero sufren 76 por ciento de necesidades básicas insatisfechas (NBI), y tiene una tasa de mortalidad infantil de 38 por cada mil nacidos vivos, mientras que en en el resto de Colombia es de 18. 

 

Puerto Gaitán, en el Meta, es el municipio colombiano que más regalías recibe por la explotación del petróleo;  Sin embargo, registra la tasa de mortalidad infantil más alta del país, con 61 niños por cada mil nacidos vivos. Además, su población carece de servicios esenciales como agua potable y electricidad.

 

Decisión de las mayorías sobre los Bienes Comunes

Sin duda, la política ambiental y minero-energética del país, no solo debe ser discutida por la sociedad de manera activa y vinculante, sino, además, la sociedad en su conjunto, no solo las comunidades afectadas, debe organizarse y masivamente exigir al estado los cambios básicos urgentes que necesita la sociedad, de otra forma será imposible alcanzar una paz con justicia y equidad social y, que a su vez sea estable y duradera. Mientras exista desigualdad social y leyes a favor de los monopolios y en contra de los intereses del pueblo, la rebeldía en armas no solo será un derecho, sino un deber y la única alternativa de los pueblos.

 

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[1] En el ámbito internacional, la red mundial de Reservas de la Biosfera hace referencia a zonas ecológicas representativas de las distintas regiones biogeográficas que constituyen espacios de gran diversidad biológica, con características naturales de gran interés científico.

[2] Sierra Nevada fue declarada Parque Natural por el Parlamento de Andalucía en 1989 debido a las singularidades de flora, fauna, geomorfología y paisaje. Posteriormente, el Parlamento Autonómico propuso su declaración como Parque Nacional.

[3] El Parque Nacional de Sierra Nevada viene a sumarse a la Red de Parques Nacionales (Ley 3/99, de 11 de enero de 1999).

[4] Mina Carbonífera a Cielo Abierto más grande de Colombia, y tercera a nivel mundial.

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