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El despertar del pueblo hondureño

Escrito por Nelson Madiba

 

En los años 80 del siglo pasado Honduras constituía un país absolutamente controlado por el imperialismo norteamericano. Se decía que la presidencia real la ejercía Estados Unidos, jugando en ello un papel destacado la Base militar de Palmerola, sede de la dirección militar para todo el continente y para Centroamérica en particular.

 

Hoy Colombia es un inmenso portaaviones para la agresión a Venezuela, antes Honduras, cuando el ascenso en la lucha de liberación de los pueblos nicaragüense y salvadoreño, fue un centro de operaciones, que posibilitó el desarrollo de políticas hostiles a la revolución Sandinista. Desde el territorio hondureño se adiestraban y se lanzaban las operaciones contra revolucionarias para sabotear la economía, destruir la producción y asesinar la población de Nicaragua. Fue bastante conocido el papel de retaguardia a la contra nicaragüense jugado por la oligarquía hondureña, la cual fue sostenida con dineros provenientes del presupuesto estadounidense y del narcotráfico.

 

Cualquier brote de inconformidad social era apagado a punta de asesinatos y desapariciones. Las masacres al pueblo hondureño, que destruyo a profundidad el proceso organizativo y pretendía mermar la tradición de resistencia morazanista, eran incontrolables y se pueden contar por miles las víctimas, producto de décadas y décadas de terrorismo contra ese pueblo, para hacer posible el control colonial de parte de los EEUU. Se trataba al fin y al cabo evitar que se extendiera la revolución popular por todo Meso América, pues las fuerzas populares del FMLN también luchaba por cristalizar la libertad. Para apagar el volcán Centroamericano en plena erupción.

 

 

Golpe de Estado a Zelaya

Pasaron décadas para que el pueblo hondureño recuperase sus alientos y se sacudiera de la dura represión de los distintos gobiernos que simbolizaron la dictadura colonial norteamericana. La irrupción de gobiernos progresistas en el continente nuestra americano, junto al proceso de conciencia social que se agita en el pueblo permite la elección de Manuel Zelaya por el partido liberal, quien en ese momento recogió y proyectó toda la inconformidad social.

 

Este hecho político no pasó inadvertido para el gobierno de Obama, porque significaba el inicio de un proyecto de autonomía hondureño y de articulación a la corriente bolivariana continental, con el consiguiente deterioro de la hegemonía estadounidense. Por eso desde el Pentágono se estimularon y organizaron el golpe de estado del 2009, que terminó con el derrocamiento del presidente legítimo, Manuel Zelaya, hecho cuestionado y repudiado por un grueso número de países de América y del mundo.

 

El pueblo hondureño se movilizó en contra del golpe de Estado, exigiendo la restitución del presidente Zelaya, quien desde el exterior, a donde fue desterrado, acompaña la resistencia. Todo el movimiento de lucha contra el golpe origina un importante frente popular de resistencia que agrupa a sectores campesinos, estudiantes, maestros, ambientalistas, clase media y otros que finalmente, junto a la presión de Unasur y gobiernos del continente, posibilitaron el regreso de Manuel Zelaya. Sin duda esta victoria popular potencia la lucha en contra del gobierno dictatorial, que se instaló con el golpe, quien vio fortalecida las movilizaciones  por la tierra, la defensa de los recursos naturales y por el respeto de los derechos humanos, ante la avalancha represiva.

 

Muy significativo ha sido el surgimiento del Partido Refundación, que lidera Manuel Zelaya, al canalizar un salto en la conciencia política del pueblo hondureño y también el nacimiento del Partido Anticorrupción, producto de una lucha y sentimiento nacional.

 

 

Ante la burla a la voluntad popular, los grandes medios guardan silencio

Las elecciones del actual presidente, Juan Orlando Hernández, hace cuatro años fueron bastante cuestionadas por el fraude electoral, realizado mediante la compra de votos, el voto de personas fallecidas, la adulteración de las actas de votación y toda suerte de trampas, que impidieron la victoria de la candidata del Partido Refundación y Patria Libre Xiomara Castro. Fraude que aumentó la resistencia del pueblo hondureño con la misma acción represiva del actual presidente, quien multiplicó los asesinatos políticos contra el movimiento social y toda la oposición, entre ellos el asesinato de la líder Bertha Cáceres. Este gobierno es el que más asesina líderes ambientalistas, opuestos a los mega proyectos y defienden los territorios  de los  pueblos.

 

Hoy se repite la historia de los fraudes dictatoriales de la mano visible de los EEUU, ante la evidencia inocultable de un triunfo de la Alianza contra la dictadura, que agrupa al Partido Anticorrupción de Salvador Nasrala, el Partido Refundación Patria Libre dirigido por Manuel Zelaya y el todo movimiento de la resistencia. La aspiración de esta Alianza es constituir un gobierno democrático, con un proyecto nacional para las mayorías, en un país donde ha reinado el terrorismo de Estado como soporte al colonialismo norteamericano.

 

Condenable el papel jugado por los medios de la desinformación social, como decía Eduardo Galeano, “en un mundo donde los medios en lugar de difundir, callan, en lugar de informar desinforman y la verdad es convertida en mentiras”, las dictaduras se ensalzan y bendicen condenando a las verdaderas democracias participativas quien son señaladas de dictaduras como sucede con Venezuela. Es poca y demasiada pobre por no decir nula la difusión de los hechos represivos y las acciones criminales de una dictadura oligárquica, repudiada hasta por los cuerpos policiales, que se cansaron de reprimir al pueblo y se declararon en paro, acuartelándose como una forma de negarse a ejecutar las órdenes del mando criminal hondureño.

 

Los 14 asesinatos, los 100 heridos y los 800 detenidos, causados por la represión a las protestas por el fraude electoral, no han merecido la condena de los organismos internacionales de derechos humanos de la OEA, ONU, Unión Europea, ni de otros organismos internacionales. Es una actitud condenable dado que con su silencio, lo que hacen es brindar un apoyo abierto a régimen dictatorial hondureño y se constituye en poderoso aliento, para que sigan el genocidio contra el pueblo de Francisco Morazán.

 

El pueblo hondureño despertó de un largo sueño producido por el terrorismo colonial norteamericano, ejecutado por una oligarquía arrodillada a sus mandatos. Este pueblo es todo un volcán de sueños de bienestar, de justicia, libertad e independencia y democracia. El gran temor de los EEUU es parecido al de los años 80: que se junten las luchas del pueblo hondureño, con un gobierno democrático articulado a los gobiernos progresistas de San Salvador y Nicaragua, que actuaría como estímulo a otros pueblos.

 

Damos toda nuestra solidaridad insurgente con el pueblo hondureño. Confiamos en su capacidad de movilización para sacudirse de la dictadura.

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