Debilitamiento del ciclo democrático y reorganización de las fuerzas populares

Escrito por Observatorio de Coyuntura

Después de más 15 años de avances de los procesos democráticos en América, los cuales favorecieron transformaciones sociales, políticas y culturales, en la configuración de propuestas de nuevos estados, modificando el mapa político y conquistando la independencia con respecto a Estados Unidos, relanzando integraciones unitarias, se ha dado inicio a un momento de estancamiento, donde la derecha se ha fortalecido.

 

Esta derecha coligada al imperialismo, ha logrado reasumir la conducción de varios países, que le ha permitido ampliar un cordón de seguridad desde Norteamérica hasta el Cono Sur, aplicando políticas que afectan los avances socio económicos de los gobiernos democráticos, como sucede en Argentina y Brasil.

 

Con la manipulación a la baja de los precios del petróleo y las materias primas, se debilitó el proceso económico en América Latina, en gran parte basado en estas exportaciones con sus buenos precios. Así, se afectaron los procesos progresistas y revolucionarios del continente, en la capacidad para redistribuir los ingresos del Estado a favor de políticas de justicia social. 

 

Un factor esencial de la contraofensiva de la derecha, ha estado en una sólida política comunicacional, la cual no solo ha explotado con éxito los errores y falencias de los gobiernos revolucionarios y democráticos, sino que ha instalado en el imaginario un discurso conservador.

 

Globalmente podemos decir que el momento de nuestra América es de resistencia popular y revolucionaria, donde los pueblos se movilizan para preservar los avances logrados con sus gobiernos progresistas y otros marchan a ganar reivindicaciones sociales, económicas, políticas y ambientales, desde la lucha contra gobiernos de derecha. Todos los pueblos, de una u otra manera en Nuestra América, están en franco combate al neoliberalismo. El continente es una oleada de luchas populares de impresionante diversidad, ecológicas, económicas, políticas, de orden cultural que involucran a sujetos de la misma magnitud. Somos todavía un continente donde la esperanza late con fuerza.

 

La ausencia de fuertes liderazgos como el de Fidel y Chávez, pesa en la conducción de los procesos integracionistas. El imperialismo, junto a las oligarquías locales, se la jugaron toda mediante una Guerra no Convencional, para revertir los procesos democráticos, priorizando el de Venezuela.

 

En América Latina se registran ejercicios militares liderados por Estados Unidos en el Amazonas, la Triple Frontera de Brasil, Perú y Colombia –Tabatinga-; que involucran los ejércitos de Colombia, Perú, Brasil y EE.UU. Venezuela siente amenazada su soberanía, dada las recientes declaraciones del Presidente Trump; pero también son conocidas las pretensiones del imperialismo sobre toda la Amazonia. El año pasado los Estados Unidos realizó un ejercicio militar similar en territorio peruano con el ejército de ese país. Así mismo, el presidente Macri de Argentina, anunció en el mes de octubre la autorización de su país para la instalación de una base militar norteamericana.

 

En las elecciones regionales en Argentina, ganó la derecha neoliberal la mayoría de provincias; sin embargo la movilización social se mantiene y la ex presidenta Cristina reunió más de tres millones de votos como candidata a senadora en la Provincia de Buenos Aires, que le da un buen capital político con su nuevo movimiento, teniendo en cuenta que el peronismo está dividido en por lo menos tres fracciones que lo debilitan. Además en el caso de Argentina y en general en los países que mantienen el modelo neoliberal, hay que tener presente que éste sufre un natural desgaste, dado sus lesivas políticas antipopulares que se concretan en ajustes, además que se basa en leoninos préstamos del FMI y las instituciones financieras del gran capital, que lo hacen insostenible al mediano plazo por el gran peso que adquiere los servicios de la deuda. Macri desata sus hordas represivas contra las multitudes que se oponen a la regresiva reforma pensional, pero finalmente impone sus mayorías parlamentarias para aprobarla, así aumenta las cotizaciones y ubica en 70 años la edad para poderse jubilar.

 

Bolivia, a más de presentar crecimiento estable de su economía, representada en bienestar social, se destaca por garantizar su propia soberanía alimentaria, cubriendo con el 90% de sus necesidades al respecto. También desde el gobierno, los movimientos sociales y los intelectuales ha generado una agenda de encuentros de repercusión regional y mundial; además de una posición claramente antiimperialista. En Bolivia se reunió el Foro Mundial de Gas que convocó a todos los países productores y exportadores de gas.

 

En las elecciones en Chile, el Frente Amplio que sacó el 20% de los votos y que entre otras cosas está planteando el cien por ciento de la educación gratuita y de calidad, parece señalar que emerge una fuerza de izquierda. En este país se sostiene con fuerza la lucha del pueblo Mapuche y lo estudiantil. De nuevo asume como presidente de Chile el ultraderechista Sebastian Piñeira.

 

En México, hay un interesante proceso del movimiento de masas campesinas e indígenas, no obstante el accionar de fuerzas paramilitares, que golpean a profundidad el tejido popular y democrático, con alto entrecruce narco mafioso. En Guatemala y Honduras la lucha se da alrededor del tema de la democracia, los derechos humanos, el ambiente y contra la corrupción.

 

Cuba sigue siendo un faro que ilumina con fuerza la dignidad de nuestra América. En el caso de Centroamérica, a más de la movilización social que se sostiene y desarrolla en la mayoría de países, es para destacar cierta estabilidad en el programa de gobierno del FMLN del Salvador y del gobierno Sandinista. Las recientes elecciones en Nicaragua el FSLN se alzó con más del 70% de los votos y la inmensa mayoría de alcaldías (De las 153 alcaldías, la alianza FSLN gano 135 alcaldías y la derecha gano tan solo 18). En Honduras el candidato opositor Salvador Nazrala le disputó el poder al candidato pro yanqui que aspira a la reelección, desenlace que marcó un descarado fraude de la derecha..

 

El imperialismo norteamericano persiste en el desarrollo de la Estrategia de Espectro Completo, que combina todas las modalidades y métodos de dominación, para asegurar la supremacía en el continente nuestro americano. En esta estrategia la modalidad de golpes de estado, mediáticos, suaves, que combina lo violento con la acción institucional es un hecho. Venezuela es el proceso democratizador que viene siendo el centro de la resistencia a la arremetida imperialista y hace notorios esfuerzos por mantener los logros de la revolución, entre ellos la independencia política y la democracia protagónica. Alrededor del objetivo de derrotar la Revolución Bolivariana se han unificado 20 países de América que han formado un G-20, a los que se suman países de Unión Europea y los Estados Unidos.

 

En Ecuador el proceso democratizador se inestabiliza por las divisiones al interior del campo popular y del movimiento Alianza País. En el momento el Gobierno de Moreno controla la mayoría de parlamentarios. A Correa le toco en la mayor parte de su periodo un momento de buenos precios de las matearías primas, mientras que a Moreno, no tanto, a pesar de que la tendencia de los precios del petróleo en los últimos meses ha sido al alza. Además Ecuador cuenta con una economía dolarizada por los gobiernos neoliberales de comienzos de milenio, lo cual dificulta su manejo. Moreno ha citado a una consulta popular, que entre otras cosas preguntará sobre la ampliación de la reserva del Yasuni, la elección de un mayor número de miembros del Consejo de Participación Ciudadana, restricción de la minería metálica, entre otros. Pero lo que más ha causado polémica y contradicción ha sido la propuesta de un punto que deja sin efecto la enmienda constitucional de 2015 con la cual se permite la reelección presidencial y que tendría como objetivo principal impedir que vuelva Correa a gobernar.

 

También es reciente la condena a 6 años del Vicepresidente ecuatoriano, acusado de corrupción. Además, se ha creado un frente político que respalda al gobierno. Mientras el Departamento de Justicia de los Estados Unidos es el encargado de azuzar las diferencias, pues su tarea ha sido destapar los casos de corrupción, principalmente con la empresa brasilera Odebrecht.

 

 

Venezuela bolivariana en el centro de la agresión imperialista

El Gobierno Revolucionario y el pueblo venezolano se han defendido de la larga arremetida imperialista, mediante una hábil maniobra política y la movilización del chavismo basada en el patriotismo, tomar la bandera de la paz, el antiimperialismo y el no injerencismo, facilitada por las declaraciones injerencistas de Trump y por la división de la   derecha interna. Así mismo la llamada alianza pueblo-fuerzas armadas le ha permitido sortear situaciones complicadas generadas por la contrarrevolución y en los últimos tiempos un buen manejo de medios de comunicación, como respuesta al cerco mediático, con resultados sobre todo al interior del país.

 

Pero además cuenta con un blindaje internacional, herencia de Chávez que ha sido cultivada por el presidente Maduro y que tejió buenas relaciones con países pequeños y grandes, bajo los principios de la solidaridad y complementariedad en instituciones como el Alba y Petrocaribe, u otro tipo de relaciones como es el caso con China, Rusia, Bielorrusia o Irán. Las relaciones con los pequeños países del Caribe le han permitido neutralizar la aplicación de la carta democrática en la OEA, así como las relaciones construidas en todo el mundo, como tener la presidencia temporal del Grupo d ellos paíse No Alineados, que reúne a más de 120 países.

 

A su vez, la recuperación paulatina de los precios del petróleo le puede permitir a Venezuela ir sorteando algunas dificultades económicas. En efecto éstos han mantenido un ascenso estable, sostenido con una nueva reunión a fines de noviembre 2017, entre países OPEP y no OPEP, quienes se comprometieron a sostener los recortes de producción.

 

Las elecciones en Venezuela, tanto las de la Asamblea Nacional Constituyente, como las de gobernadores, tomaron por sorpresa a la oposición como a sus auspiciadores imperialistas, quienes no esperaban una reacción política tan certera del Gobierno Bolivariano, después de haber agotado toda su capacidad de sabotaje, en el proceso insurreccional y desestabilizador llamado las “guarimbas”. Las elecciones municipales del 10 de diciembre, donde el chavismo sale nuevamente triunfador, ratifica esa tendencia que al momento es favorable a la revolución Bolivariana. Trump ha reaccionado con nuevas amenazas y sanciones económico-financieras.

 

Sin embargo, la crisis se mantiene como producto de una implacable guerra económica, que tiene a la guerra monetaria -el llamado Dólar Today-, como punta de lanza, impulsando la carestía y una situación incontrolable, ahora, diaria de alza de precios, especialmente de los alimentarios y medicamentos. Así mismo la producción petrolera se encuentra reducida a la mitad -unos 1,5 millones de barriles diarios-, y el sabotaje de las instituciones financieras imperialistas, es constante a pesar de que el país cumple estrictamente con sus compromisos.

 

Con la situación desfavorable en el contexto internacional, es preocupante el estancamiento en procesos como Unasur y la Celac, dado los cambios hacia la derecha, en países como Brasil, Argentina, Paraguay y la posición ambigua de Uruguay.

 

De esta resistencia continental hace parte la lucha por hacer de América una región de paz, libre de bases militares imperialistas y con una doctrina militar afincada en la soberanía, muy ligada a impedir que el militarismo se fortalezca,  porque es parte de preservar la soberanía en los recursos y bienes naturales de la región, en peligro de ser despojados por los EEUU, como la Amazonia, el Acuífero Guaraní, la Orinoquía y toda la riqueza biocultural.

 

 

Hacia un nuevo momento de revolución

Los procesos unitarios, tanto de Estados y movimientos sociales del continente, sufren cierto decaimiento y carecen de iniciativas unitarias para enfrentar este duro momento. Parece que se impone de nuevo la dispersión, después de largos años de ascenso en la unidad.

 

Hay que hacer un gran esfuerzo por reconectar, recomponer y rearticular los consensos populares y los liderazgos democráticos y revolucionarios. Bolívar debe cabalgar con su espada por América Latina con nuevos impulsos. Se hace necesario reflexiones profundas que sistematicen todo el proceso andado, las falencias, las construcciones y sus impactos,  a fin de retomar con fuerza el camino y con posibilidades de avance, cuando hay un repunte de luchas en América Latina que ha sumado a países con menos tradición en las mismas, como es el caso del Paraguay y Perú, que han logrado movilizar una buena cantidad de masas campesinas e indígenas y en el último país a los profesores. Mención especial merece el caso de Brasil, país en el cual el repudio a la gestión de Temer es casi total, y la aceptación a la candidatura de Lula es alta, situación ligada a un proceso de rectificación al interior del PT, partido que sostiene una alianza con el MST. Esto también ha sido acompañado con fuerte movilización social.

 

Se ha señalado con razón que debemos los revolucionarios y los pueblos reafirmar el acento en el protagonismo de las mayorías en la construcción de su poder, sea poder desde abajo, poder popular o comunal; también en darle importancia a la gestión estatal revolucionaria y progresista, sin que ello consuma los mejores esfuerzos ni sean los únicos y tampoco creer que esto no tiene ningún valor. Por último, la construcción de una economía que se proyecte a superar el extractivismo e instale otras matrices en concordancia con la crisis de civilización y la perspectiva de socialismo. Aquí debemos colocar la importancia por la preservación de las riquezas naturales, bienes comunes y ecosistemas de vida como la Amazonía, la Orinoquía y otras.

 

De todos modos superar el actual estancamiento de los procesos revolucionarios y progresistas requiere de abrir un nuevo momento revolucionario en Nuestra América, con nuevas luchas, profundizando lo logrado y marchando hacia sociedades post-capitalistas.

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