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La semi ciudadanía de las mujeres

Escrito por Victoria Padilla, Silvana Guerrero, Ana Guevara

 

La sociedad occidental-colonial ha puesto al hombre blanco, capitalista, propietario, con su individualidad como el centro del saber y del poder en el mundo. Un mundo en el que las mujeres se encuentran en el lugar menos privilegiado, pues a partir de la diferencia sexual y de la violenta división entre lo reproductivo y productivo, se han impuesto unas tareas del ámbito de lo privado, como exclusivas para las mujeres, mientras las actividades públicas supuestamente son un asunto natural en los varones.

 

Según Simone de Beauvoir (1908-1986), en el Segundo sexo, afirma que:

Económicamente, hombres y mujeres casi constituyen dos castas distintas; en igualdad de condiciones, los primeros disfrutan situaciones más ventajosas, salarios más elevados, tienen más oportunidades de éxito que sus competidoras recientes; en la industria, en la política; etc. Ocupan un mayor número de puestos, y son ellos quienes ocupan los más importantes… En el momento en que las mujeres empiezan a participar en la elaboración del mundo, ese mundo es todavía un mundo que pertenece a los hombres”.

 

Entre esas actividades públicas está la academia, la política, el empleo, las calles, las tribunas y por supuesto la participación y representación política, no está lejos de nuestras realidades escuchar aún frases como: “a la niña no la mando a la escuela, las mujeres no sirven pal estudio, para cocinar y tener hijos no se necesita ir a clases, en cambio mi hijo si tiene que aprender matemáticas para que administre el negocio cuando sea más grandecito”.

 

Subalternidad programada

Las mujeres del pueblo somos definidas por la división sexual, racial y social del trabajo como un ser, no para nosotras mismas, sino genéricamente "un ser de y para los otros". Nosotras, podríamos preguntarnos ¿Cuáles son las opciones de participación y vida política si se espera que permanezcamos en la servidumbre y subalternidad? No es posible la conquista de espacios honrosos de participación en la disputa del poder político por parte de las mujeres, desde un lugar inferior frente a la jerarquía masculina y al despojo capitalista, que nos carga de una experiencia social y colectiva de renuncia, de abandono, de falta de oportunidades, de menores salarios, de carencias y de una vida al servicio siempre de los demás (de las instituciones, del marido, del Estado, de la nación, de los hijos, del patrón).

 

En Colombia las mujeres podemos participar en las elecciones con el ejercicio del voto desde hace solo 61 años, mientras que los hombres de las elites nunca han tenido que disputarse ese derecho. A pesar de haber obtenido mediante largas luchas sufragistas el reconocimiento como semi ciudadanas en la democracia liberal, porque:

 

  1. Siguen siendo muy bajos los porcentajes de mujeres que ocupan cargos de representación,
  2. permanecen casi inexistentes las garantías para el ejercicio libre de la actividad política de lideresas sociales y
  3. sigue lejano el reconocimiento y participación de las mujeres de la insurgencia.

 

En las últimas décadas de lucha y disputa política en Colombia, diversos movimientos políticos de mujeres han cuestionado el ¿Por qué las decisiones del país están solo en manos de los hombres? y ¿Qué tipo de hombres?, son los hombres ricos, propietarios y administradores del capital los dueños de la política y de la democracia. En este 2018 las elecciones a Cámara, Senado y Presidencia nos hacen volver a colocar en el centro del debate, que “quien escruta, es quien elige”.

 

Participar para resistir

Las brechas entre mujeres y hombres en la participación política son enormes en Colombia. Dentro del Ejército de Liberación Nacional, vamos construyendo en estos 54 años de lucha, caminos de mayor igualdad, reconocimiento y promoción de las compañeras, y como no escapamos del contexto machista del país, reconocemos las dificultades para el ejercicio de la política por parte de las mujeres, como paso necesario para seguir construyendo experiencias emancipadoras, no sólo a partir de sueños sino de realidades posibles.

 

Saludamos a las mujeres de los sectores populares que sienten interés en preparase para estas contiendas y creemos que es vital, que un mayor número de mujeres asumamos con disciplina el entrenamiento político, como herramienta para avanzar hacia ciertas conquistas institucionales, que sirvan para enfrenten al sistema conservador y reaccionario de nuestro país.

 

Invitamos a una gran confluencia de mujeres organizadas, trabajadoras, amas de casa, campesinas, estudiantes, individualidades y mujeres del pueblo en general a vincularse con protagonismo en la participación de la sociedad, para buscar salidas políticas al conflicto y construir la nueva sociedad, para darnos las manos en estas justas batallas por construir un país sin odio y desigualdad social.

 

Aprovechamos para expresar, como mujeres insurgentes, que nos encontramos tanto espiritualmente como en pensamiento y físicamente -las que pueden estar-, junta a todas esas grandes mujeres que este 8 de marzo del 2018 dijeron No: no al silencio, al abuso, a la opresión, a la venta de nuestros cuerpos, no a la imagen de la mujer como objeto y que, como sujetas activas pararon y salieron a las calles a marchar. Sigamos avanzando y ocupando espacios de participación, continuemos alzando nuestras voces,

 

 

¡Porque unidas somos más!

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