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No enterrar a los Wayúu en la basura

Escrito por Helena Rodríguez

En el kilómetro 11 de la vía de Riohacha a Valledupar, está la ranchería Ocushimana, junto a esta se encuentra un terreno ancestral, donde están enterrados 1300 integrantes de la comunidad Arpushama; allí reposan 4 generaciones de ancestros Wayúu.

 

Sin embargo, la administración distrital de Riohacha pretende convertir este cementerio ancestral Wayúu en un basurero, lo que ha desatado la protesta de 7 comunidades indígenas, quienes se niegan a renunciar a sus territorios y a su cultura ancestrales. 

 

Riohacha, la capital de la Guajira tiene una población de 250 mil habitantes, mantiene problemas serios con la acumulación, procesamiento y eliminación de sus basuras; que deben ser resueltos lo antes posible, pero su solución no puede afectar a las comunidades y menos a un pueblo ancestral, como lo son los Wayúu.

 

Según cifras oficiales, en Colombia existen cerca de 600 mil indígenas, los cuales, según las leyes y las promesas estatales, son considerados como “patrimonio nacional invaluable, riqueza cultural y social”, sin embargo, la cruda realidad contrasta con lo normado, porque convierte las leyes en letra muerta.

 

La Muerte en la Cosmogonía Ancestral

En la cultura Wayúu, la muerte consiste en el abandono del cuerpo por el alma, es decir, que el alma se separa de la parte física, representada por la carne (Eiiru’ku) y parte hacia la tierra de los muertos (Jepira), que para el Wayúu es donde habitan sus ancestros desde el inicio de su existencia. La muerte, es algo de fundamental importancia para las familias Wayúu, ya que en ella se demuestra la grandeza del clan y el reencuentro entre familiares, que no se comunican constantemente.

 

Según la cultura Wayuu la persona muere dos veces: La primera es la muerte física en donde el alma abandona el cuerpo y la segunda es la muerte simbólica en donde el alma parte de Jepira al cosmos o infinito.

 

La exhumación de los restos o segundo velorio (Ayulaa Jiipü) es para la población Wayúu de gran importancia dentro de lo que significa el ser indígena. El Wayúu al morir puede ser sepultado en cualquier parte de acuerdo a la decisión de los hijos, pero al momento de su exhumación la familia tiene la potestad sobre qué hacer con los restos de su familiar.

 

Mejor la Cultura que la basura

Los Arpushana aseguran que sus tierras fueron herencia de sus ancestros y que además, son territorio sagrado por ser suelo ancestral indígena y por albergar patrimonio cultural de cuatro generaciones de Wayúu.

 

Sin importar lo que significa el territorio para las comunidades, las autoridades municipales pretenden violar su espiritualidad al construir un relleno sanitario, encima del cementerio, “el símbolo cultural más importante dentro del cosmos” para los Wayúus.

 

Las comunidades afectadas, reprochan a la Corporación municipal por sobrepasar la Línea Negra, que es una delimitación constitucional que define la zona, en la que un pueblo indígena protege su valor espiritual y cultural. La Corte Constitucional mediante la Sentencia T-849/14, define el territorio indígena, como un concepto amplio y, de protección especial cuando se trata de áreas sagradas y de importancia cultural para las comunidades, incluso cuando se trata de zonas fuera de los resguardos propiamente titulados.

 

La Corte plantea que:

Debido al sentido particular que tiene para los pueblos indígenas la tierra, la protección de su territorio no se limita a aquellos que se encuentran titularizados, sino que se trata de un concepto jurídico que se extiende a toda la zona indispensable para garantizar el pleno y libre ejercicio de sus actividades culturales, religiosas y económicas, de acuerdo como las ha venido desarrollando de forma ancestral. El Estado tiene la obligación de proteger a las comunidades indígenas frente a las perturbaciones que puedan sufrir en el ejercicio de sus actividades en lo que han considerado su territorio ancestral, y debe tomar todas las medidas pertinentes para evitar que conductas de particulares puedan afectar sus derechos”.

  

Por los caminos de la resistencia

Pese a que existen unos derechos específicos a los pueblos indígenas y ancestrales, como los derechos medioambientales y los derechos de auto gobierno, que son fundamentales para garantizar la supervivencia de los pueblos ancestrales, los cuales día a día y con mayor frecuencia, son negados por el capitalismo neoliberal, a favor de los intereses de los monopolios y las empresas multinacionales.

 

Solamente la unidad de acción entre los pueblos, puede salvaguardar los derechos adquiridos y, dar la batalla por los Bienes Comunes y nuevas conquistas sociales, que garanticen la autonomía y la vida digna. Es evidente, que el régimen ha demostrado que nunca va a cambiar ni su actitud, ni sus políticas, y que mientras esto persista, la lucha y la resistencia popular, no sólo es un derecho, sino un deber obligatorio, como la única opción justa para que los pueblos obtengan una sociedad con justicia y equidad social.

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