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HIDROITUANGO DEVORA LÍDERES… Y MUCHO MÁS

Escrito por Fredy Vergara

 

En 6 días, el Movimiento Ríos Vivos Antioquia ha visto cómo dos de sus miembros eran asesinados. El 2 de mayo fue Hugo Albeiro George Pérez, de la Asociación de Víctimas y Afectados por Megaproyectos (ASVAM). El 8 de mayo, fueron Luis Alberto Torres Montoya, de la Asociación de Pequeños Mineros de Puerto Valdivia (AMPA), y su hermano Duvián Andrés Correa Sánchez. ¿Qué se esconde detrás de tanta saña? ¿Por qué es tan molesto el Movimiento Ríos Vivos Antioquia?

 

La defensa del territorio

Un territorio poco tiene que ver con cartógrafos o tratados. Un territorio es raíz y cultura, identidad y forma de vida, historias pequeñas que conforman un tupido tejido de la memoria colectiva, una posibilidad de futuro que construir, una herencia ancestral que cuidar. Pero un territorio, en Colombia, también es guerra y sevicia, espacio de disputa del capital que sólo sabe acumular desposeyendo, un borrón en una historia nacional ya emborronada, un renglón en la cuenta de resultados de las empresas, que defienden que sus megaproyectos económicos valen más que las microhistorias comunitarias de la resistencia, más que la vida.

 

Eso es el Cañón del río Cauca, el territorio donde decenas de comunidades están poniendo su sangre y su concienciapara resistir a un monstruo llamado Hidroituango, la megarrepresa que construye la compañía orgullo de las élites del Departamento de Antioquia: Empresas Públicas de Medellín (EPM).

 

Y la historia de Hidroituango y de las y los que resisten a su arremetida es también la del desastre ambiental, la del exterminio cultural, la de la guerra sucia, la del asesinato de líderes campesinos y barequeros, la del intento de borrar la memoria y la posibilidad de recuperar los cuerpos de las, al menos, 642 personas que fueron desaparecidas de forma forzada y que están regadas en fosas en la zona de inundación de la represa. La zona, duramente castigada por la guerra y donde operó la infame finca La Carolina, cerca de Yarumal, donde operaban Los Doce Apóstoles, la banda paramilitar liderada por Santiago, el hermano de Álvaro Uribe Vélez, también ha registrado 62 masacres con 372 víctimas y unos 250 asesinatos selectivos.

 

Pero las cifras que cacarea una y otra vez EPM son otras: que la presa de 225 metros de altura tendrá una capacidad de generación de 2.400 megavatios, que en ella habrá invertido al terminar las obras 11,4 billones de pesos o que da empleo a 11 mil personas; que lo convierte en el mayor megaproyecto en curso en Colombia. Lo que no cuenta Empresas Públicas de Medellín es que Hidroituango ya ha demostrado que sus dos pilares (la responsabilidad social de esta compañía y su alta calidad técnica) son una mentira casi tan colosal como la presa que ha levantado.

 

¿Responsabilidad social?

Los asesinatos de Hugo Albeiro y Luis Alberto son la punta del iceberg de la ofensiva brutal de EPM en alianza con los poderes fácticos de Antioquia, contra todo el que se ha atrevido a resistirse. El problema –para la ambición sin límites de EPM- es que han sido muchas y muchos los resistentes y han sido constantes desde que comenzaron a remover tierra en 2009, incluso desde antes. El Movimiento Ríos Vivos Antioquia aglutina a decenas de organizaciones locales de municipios como Briceño, Valdivia, Ituango, Sabanalarga o Yarumal, todos en el Cañón del río Cauca, todos escenarios de una guerra larvada que persiste. Y en estos años, las amenazas físicas, verbales y legales han sido todas.

 

Varios de sus líderes y lideresas han sido objeto de atentados y ahora están bajo el precario programa de protección del Estado; el mismo Estado que los ha perseguido judicialmente tratando de ahogar su lucha en los juzgados. Y su lucha, persistente y tenaz, ha sido también silenciada por los medios de comunicación y por otros sectores sociales de Antioquia, demasiado acostumbrados a que EPM es intocable, el orgullo del departamento, insignia de su pujanza.

 

Ríos Vivos Antioquia ha denunciado el exterminio de la cultura barequera, que ha existido en las playas del río Cauca de forma ancestral, ha explicado allá donde le han dejado, que la tala de 4.500 hectáreas del bosque seco del Cañón supone un desastre ambiental incalculable, o que en la zona ya no hay Estado, solo EPM… “El nuevo Estado con sus tres ramas del poder público en la zona es EPM. La suplantación hace que sea imposible la garantía de derechos humanos, ambientales, económicos, políticos, sociales y culturales y la reclamación ante los atropellos de una empresa que detrás de su fachada pública vulnera los derechos de las comunidades ante la ausencia de los organismos de control”, denunciaba el movimiento en su último comunicado. “El gran río Cauca, hoy en el Cañón, es un inmenso río de árboles muertos en proceso de descomposición, las pilas de madera continúan en distintas riberas y en los alrededores de las vías mientras avanza la inundación. El Puente Pescadero está sumergido con el aumento del nivel de aguas, del programa de rescate de fauna no se ha visto. Una señora se dedicó en un punto a rescatar las lagartijas mientras los osos perezosos, las martejas, las serpientes y otros animales huyen. Nada de lo previsto por los planes de los expertos está funcionando”.

 

Cuando las comunidades del Cañón protestan reciben la represión de la policía militarizada del ESMAD, antes y después de esas protestas, reciben las amenazas y presiones de escuadrones armados que responden a EPMy a sus intereses.

 

Alta” calidad técnica

La empresa de mostrar, la joya paisa está haciendo aguas. Varios derrumbes han taponado en los últimos días los túneles de desviación de las aguas y, eso ha supuesto un represamiento del río Cauca aguas arriba de la presa que tiene amenazados a 18 municipios.

 

Igual que Ecopetrol en el Magdalena Medio, EPM tapa sus errores y achaca a la naturaleza o a desgracias imprevisibles, lo que son errores de diseño y construcción. De hecho, ahora parece imposible que Hidroituango empiece a operar a finales de noviembre de 2018, como había anunciado la empresa y los medios anuncian que eso tendrá efectos en cadena en los negocios de la empresa.

 

Pero EPM, además, tampoco ha cumplido con los protocolos ambientales a los que estaba obligada por las agencias estatales, unas agencias que, por cierto, responden con el silencio a las comunidades cuando éstas denuncian el comportamiento feudal de EPM y de sus encargados. Los desastres de EPM se aplican a todos los campos: la forma en la que se ha eliminado la cobertura vegetal, el traslado irresponsable de cementerios ‘extraviando’ la identidad de algunos muertos, y, ahora, la inundación precipitada de zonas para tratar de enfrentar el represamiento tras el taponamiento de los túneles. Cientos de campesinos han perdido sus cosechas y se protegen montaña arriba, pero nadie, ¡nadie!, responde por el desastre ambiental y humano que está provocando EPM.

 

Hidroituango devora líderes y devora vida. La única buena noticia es la resistencia, la persistente y valiente resistencia de los moradores que no han cedido ni al ESMAD, ni al paramilitarismo, ni a la renuncia del Estado a garantizar sus derechos básicos. El territorio es algo más que una línea en un mapa, es la costura imprescindible que ata a las personas a su historia y a su futuro. Y las comunidades del Cañón del río Cauca ejemplifican las resistencias territoriales (donde lo ambiental, lo económico, lo cultural y, muchas veces, lo étnico están enlazados) que se multiplican como fueguitos por todo el país.

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