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LA SALUD: Peor la Cura que la Enfermedad

Escrito por Violeta Rodríguez

El derecho a la salud, para el gobierno colombiano no pasa de ser una promesa de campaña y un enunciado demagógico en sus discursos, en consecuencia, una vez más se ratifica mediante la advertencia de una muerte evitable, que la crisis de la salud si existe.

Como lo es el caso de Camila Abuabara, una joven de 25 años que intenta curar su leucemia linfoide aguda (una especie de cáncer en la sangre), quien se trasladó desde febrero del presente año a EE.UU. para someterse a un tratamiento médico en MD Anderson de Cáncer, en Houston.

Estando allí tuteló a su Empresa prestadora de salud (EPS) Sánitas, para que asumiera los costos del trasplante de médula ósea, la primera respuesta, primero de noviembre del presente año, por parte del Juzgado 28 Penal Municipal de Bogotá, fue aprobar el procedimiento, sin embargo tal decisión fue suspendida nueve días después, debido a la apelación del ministro de Salud, Alejandro Gaviria, fundamentado en los altos costos financieros de la cirugía. Para el pasado 18 de noviembre el mismo juez decidió que se le practicara el procedimiento en Medellín, y que la EPS asumiera los costos del traslado. El abogado de la paciente decidió asumir la decisión, pues la vida de Camila está en riesgo y no da más espera.       

Este es uno de tantos casos, que más allá de los detalles de su enfermedad, tratamientos y trámites, deja ver que el trasfondo del problema es el engendro del neoliberalismo, que con sus políticas, hizo del derecho a la salud un servicio, convirtiéndolo automáticamente en un negocio.

Valga decir que no cualquier negocio, sino uno de los más rentables y poco riesgoso para los inversionistas, al ser un “servicio” indispensable para todo ser humano, ante el cual ninguna persona puede elegir si accede o no, simplemente lo necesita.

 

No hay agenda disponible

Cuando un colombiano solicita una cita de medicina general en su empresa de salud, la respuesta más frecuente es: “no hay agenda disponible”; situación que es aún más crítica y retadora cuando la solicitud es para una cita con un especialista. Esto se debe a que las Entidades Promotoras de Salud se han enfocado en obstaculizar el derecho a la salud, mediante una cadena inacabable de trámites burocráticos e incluso jurídicos ante cualquier tipo de tratamiento, estableciendo con los pacientes un juego de agotamiento.

Bajo su lógica mercantil, las EPS hacen todo lo posible por generar más ingresos y menos gastos. Para cumplir con su objetivo, precarizan los trabajadores de la salud, en cuanto pagan salarios indignos, firman contratos inestables, imponen extensas jornadas laborales y exigen altas metas cuantitativas; de ahí la mala atención a los pacientes, quienes se enfrentan a valoraciones médicas de cinco minutos, donde el médico tarda más tiempo diligenciando formatos burocráticos que examinando al paciente, a su vez de allí surgen constantemente diagnósticos erróneos y recetas médicas inapropiadas.

Además, los médicos tienen restringidos los medicamentos que pueden prescribir, así, muchos medicamentos que son obligatorios para la debida curación, las EPS no permiten que se les entregue a los pacientes porque son costosos.  Adicionalmente el negocio se nutre del cártel que existe en la industria de los fármacos, que se junta con las prácticas de corrupción de las EPS, quienes cobran al Estado hasta 17 veces el valor real de algunos medicamentes.

 

El POS no lo cubre

El Plan Obligatorio de Salud (POS) estipula el conjunto de servicios a los que tiene derecho un colombiano. En el actual sistema de salud un paciente con una enfermedad grave, debe recurrir a algo que el POS tampoco cubre, la “tramitología” y el derecho constitucional, pues el camino que le queda después de iniciar un tratamiento es moverse de tutela en tutela para obligar jurídicamente a su EPS para que lo atienda y le cumpla con lo que es un derecho fundamental. Esta es la realidad que sufren los pacientes del país.

Este conjunto de procesos y trabas que existen para acceder al derecho a la salud, que van desde el momento que le avisan a la gente que no hay agenda disponible, pasando por las insistencias y largas esperas hasta las tutelas, han hecho del derecho a la salud un servicio más, al que se accede según la capacidad adquisitiva. Pues ya sea para hacer los trámites, pagar un abogado o ir a un consultorio privado para ser tratado, se necesita dinero.

En este sistema de salud el valor humano de la vida se ha perdido por completo, lo único que tiene valor es el dinero dispuesto por la gente para pagar la cuenta.

Es así que el sistema de salud colombiano ha convertido las enfermedades tratables, en enfermedades mortales, llevando a que diariamente pacientes mueran frente a los avances médicos que los podían salvar. En otras palabras el sistema de salud no ha cumplido su misión de salvar vidas, por el contrario ha generado las condiciones para que unos empresarios ganen dinero a costa de las enfermedades y la muerte de los colombianos.

Por último es necesario hacer la salvedad, que este oscuro panorama lo enfrentan los ciudadanos que cuentan con atención médica por medio del régimen contributivo o subsidiado, pero el panorama para los ciudadanos que no se encuentran ni siquiera afiliados, es más trágico.

 

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