Revista No. 010 - 25 de mayo de 2004
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¿CUATRO AÑOS MÁS DE GUERRA INTERNA? La crisis del país, que se expresa en la situación en que están las mayorías nacionales, se está profundizando, contrariando pronósticos oficiales e informes manipulados por los funcionarios públicos basados en exitosos balances de los gremios empresariales y en los resultados virtuales de la cúpula militar. La desesperanza de los colombianos no aguanta más, como se vio en las últimas movilizaciones nacionales el primero de mayo, contra el TLC, el paro de los trabajadores estatales y las numerosas manifestaciones de solidaridad con la huelga de los obreros petroleros que están peleando por la defensa del patrimonio y la soberanía nacional. Las masas se están movilizando a pesar de la fuerte militarización y la respuesta de guerra que el gobierno está dando a la protesta social. Están desafiando la brutal represión, poniendo cara dura a la intimidación del terrorismo de Estado, corriendo el riesgo que la fiscalía los judicialice como terroristas. Respuesta que saludamos y que muestra caminos que hay que seguir para que desde la movilización social, cada vez mayor e intensa, se rechace la política oficial y se enriquezcan salidas liberadoras. Del gobierno actual con su política de guerra y lacaya no hay que esperar nada que entrañe solución a los grandes problemas nacionales. Por el contrario, ignorando la realidad, sigue aferrado a un modelo perverso que comporta signos de agotamiento y que se impone recurriendo al autoritarismo y la intimidación, bajo el engaño de sacar el país del atolladero a que lo han llevado, cuando la verdad es que está fortaleciendo las viejas estructuras de injusticia, intolerancia y antidemocracia, amarrando el futuro de la nación a los intereses imperiales y hundiendo en la indigencia a la mayoría de los colombianos. Lo importante es que Uribe Vélez se ha visto obligado a utilizar tramoyas para mantener a flote su proyecto, dejando de paso en cueros la esencia de la política de seguridad democrática, la lucha contra el “terrorismo”, la politiquería y la corrupción. En estos veintidós meses de mal gobierno lo que ha dejado a la vista son las orejas y pezuñas de un proyecto político de largo aliento que sería la desgracia de Colombia, e incluso de la región, de ingrata recordación en el Cono Sur del Continente y los países europeos. Pero las cosas no han salido tan bien y rápido como lo había previsto y a mitad de camino están enmarañadas debido a cálculos mal hechos, a entuertos no previstos y a intereses entrados en contradicción. No pudo derrotar la insurgencia colombiana en los primeros dieciocho meses como había prometido; el plan con los paramilitares está enredado; al TLC con los Estados Unidos, que estaba acordado y listo para firmar, le salieron enemigos no esperados y la injerencia en el vecindario está apenas en los inicios. No avanzó lo suficiente y requiere de otro tiempo, que es el trasfondo de la reelección: asegurar otros cuatro años para ver si logra ganar lo que puede resultar esquivo en los 2 años que le quedan, y dejar concluida la traición a la patria, enterrada la democracia y avanzada la conspiración contra los gobiernos incómodos al imperio. Ya inició la campaña electoral. Por el momento está tejiendo componendas para hacer mayoría en el Congreso y aprobar la ley que desatranque la reelección, dando muestras de mañoso politiquero y capacidad de corrupción parlamentaria, en la compra de adherentes y cambio de favores, como se evidenció en el forcejeo dado en el Senado, la semana anterior. Necesita tiempo para dejar anexada la economía del país y el futuro de la nación amarrado a las decisiones del imperio y de las transnacionales, para jugar un papel destacado, como escudero, en la recomposición de la hegemonía de los Estados Unidos en el continente y en las acciones contra los regímenes desafectos, para recomponer y ordenar la fuerza política y dejar implantado el régimen. Tras la reelección de Uribe están el gobierno de Bush, las trasnacionales, los grandes grupos económicos y los sectores de la ultraderecha del país. Un asunto importante que tiene por saldar el proyecto liderado por Uribe Vélez, son las diferencias surgidas con los paramilitares, que tienen retrazado el plan de legalizarlos y vincularlos a instituciones del Estado como soldados campesinos o flamantes dirigentes políticos del nuevo partido en construcción. Mediante la pantomima del proceso de paz se intenta un nuevo ajuste de las viejas alianzas entre narcotraficantes, paramilitares, gobierno y los Estados Unidos, hechas para enfrentar a quienes se les oponen. Surgieron dificultades con la actitud de autoridades norteamericanas que piden en extradición a varios de los jefes narcoparamilitares, con la presión de las organizaciones de derechos humanos opuestas al perdón y olvido de los crímenes de lesa humanidad y las contradicciones surgidas al interior de los propios paramilitares. También tiene que mostrar resultados, esquivos hasta el momento, en la guerra contra las guerrillas. Con el Plan Patriota, una nueva versión del Plan Colombia, el gobierno de Uribe pretende reivindicarse y jugársela toda en el sur y oriente del país, en la frontera con Venezuela, para lo cual cuenta con la asesoría y apoyo militar de tropas gringas y mercenarias, bajo la figura de empresas contratistas estas últimas. Los Estados Unidos reconocen tener 800 militares en el país, entre ellos 400 mercenarios. Cifras estas que van a ser ampliadas con cien militares más y mercenarios sin límite. Uribe ha consignado todos los esfuerzos del Estado y del gobierno para ganar la guerra, desconociendo los valiosos esfuerzos en favor de la paz que durante más de una década múltiples sectores de la sociedad han realizado. Le ha impuesto al país la guerra confiando en que la va a ganar y como resultado del triunfo, podrá dejar implantado el régimen político de tipo fascista con que sueña. Pero toda sociedad en crisis conducida por una estrategia de guerra, por regla de oro, sólo logrará profundizar aún más su crisis, que es lo que está ocurriendo. Por eso el peligro para el futuro de Colombia es más grande. Oponerse a la reelección Uribe Vélez y a los planes que lidera su gobierno, es una tarea a la que le debe apostar con fuerza el movimiento social colombiano, todos los revolucionarios, demócratas y progresistas, desde donde estemos. Es obligante pensar con criterio nacional, pensar como nación. Este gran propósito requiere el concurso de todos los esfuerzos, de la convergencia de todos, llegó el tiempo de sumar y multiplicar, de superar la dispersión de propósitos. Uribe se ha empeñado en llegar a la paz a través de una victoria militar, para eso necesita otros cuatro años de gobierno, esto significaría que tendríamos otros cuatro años más de guerra. |
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LA AMENAZA DEL TLC Pecaríamos de ingenuos si creyéramos que realmente la “negociación” del Tratado de “Libre” Comercio (TLC) empezó el 18 de mayo de este año en Cartagena, como lo ha dicho el gobierno y lo han divulgado sus medios de comunicación. Este proceso ya viene andando desde hace, por lo menos, una década cuando empezó en forma la llamada apertura, con destacada participación del actual secretario de la OEA, el expresidente Cesar Gaviria. La avalancha de privatizaciones de las más rentables empresas estatales, la reforma de la legislación tributaria, laboral, penal, la adecuación del aparato estatal, la implementación del Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina y ahora el Plan Patriótico, han sido pasos de siete leguas rumbo al proyecto de colonización norteamericano. El actual jefe del gobierno, Álvaro Uribe Vélez, quiere completar la obra y por ello, tanto en sus cuatro viajes a Estados Unidos, como en numerosas reuniones secretas en Colombia con los funcionarios de Washington que con tanta frecuencia visitan el país, ha seguido concretando pasos. Prueba de ello es que por un lado, Regina Vargo la jefa del equipo negociador de la potencia del norte, ya traía listo el documento a aprobar en esta primera reunión oficial y por otro, toda la preparación que los grandes gremios económicos han venido adelantando para no quedarse afuera. Estos dos hechos no se dan porque sí. Tampoco salen de la nada, o simplemente de la profunda vocación autoritaria y antipatriota de Uribe y los intereses mezquinos de la oligarquía, las críticas al proyecto de la llamada Ley Espejo elaborada por algunos congresistas, que obligaría al gobierno a defender los intereses del país y a consultar con el legislativo los pasos a dar en la negociación del TLC, a la manera como lo exige la Ley de Comercio de Estados Unidos. En Cartagena los negociadores trabajaron a puerta cerrada y hasta los ansiosos empresarios que estaban en el llamado “cuarto de al lado” se quejaron de no haber sido consultados con la frecuencia y al nivel que ellos esperaban. Tampoco es gratuita la participación de Perú y Ecuador. Los gringos van a matar tres pájaros de un solo tiro y los tres ya estaban dispuestos. Los delegados de Bolivia participaron como observadores y los presionan para que en las próximas rondas estén ya listos para ser el cuarto pájaro. Fue un montaje espectacular con el fin de hacer creer que los gobiernos de los tres países iban dispuestos a defender los intereses de sus pueblos y a abrir grandes vías de desarrollo que nos acerquen al modo de vida americano. Por Colombia participaron 154 negociadores, encabezados por el actual director del TLC, Hernando José Gómez y el ministro de comercio, industria y turismo Jorge Humberto Botero Angulo. Por Ecuador la delegación estuvo compuesta por 35 miembros, la del Perú por 52 y la de Estados Unidos por 62. El llamado mapa de la negociación, por parte de los colombianos, fue preparado por un equipo conformado por cerca de 300 expertos del gobierno y 68 gremios de la producción, bajo la dirección de Hernando José Gómez. No hubo ni un solo representante de los principales sindicatos, de los movimientos sociales, de los trabajadores del campo y de la ciudad, de los pequeños y medianos productores, es decir de los grandes afectados con este tratado. El Congreso envió a dos comisiones: una del Senado integrada por 18 miembros y la de la Cámara por 95, para un total de 113 personas, que supuestamente iban a ejercer el papel de control del gobierno. Como poco supieron, nada pudieron controlar si es que tenían alguna voluntad de hacerlo. En el “cuarto de al lado” también estuvieron el presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (ANALDEX), el de INVERALIMENTOS, el de la ANDI, el de la Asociación de Agricultores de Colombia (SAC) y otros grandes empresarios, académicos y representantes del gobierno. Tampoco se habla de representantes no pertenecientes a la clase empresarial interesada en obtener beneficios. Los negociadores trabajaron catorce mesas sobre temáticas como acceso a mercados, aduanas, obstáculos al comercio, competencia y defensa comercial, compras al sector público, inversiones, medidas fitosanitarias, etc. Al parecer esta primera reunión fue sobre todo protocolar, donde cada uno expresó lo que quiere, sin mostrar mucho las verdaderas intenciones y en concreto solo salieron dos cosas: un cronograma para las futuras reuniones y el idioma oficial que será el inglés. Las reuniones se harán alternando cada uno de los tres países latinoamericanos con EEUU. La segunda tendrá lugar en la ciudad de Atlanta entre el 14 y 18 de junio. En agosto y noviembre se realizarán evaluaciones en Estados Unidos, sobre los avances y dificultades, que seguramente no serán muchas. La última reunión se hará en Washington, por supuesto, para cerrar con broche de oro la firma del TLC, en febrero del 2005. Los gringos, con su filosofía pragmática, dejaron bien claras tres cosas:
A cambio lo único que piden, no exigen, los gobiernos de Uribe, Gutiérrez y Toledo es tratamiento especial, mientras el ministro de comercio de Colombia expresaba que todo se negociará, no se excluirá ningún sector productivo, ni nada relacionado con la economía. De eso estamos seguros los colombianos del montón: negociarán todo a precio de feria como han venido haciéndolo y con la docilidad ya conocida no solo ante ellos, los gringos en persona, sino ante sus instrumentos de presión: el FMI y el BM. Un tema tan sensible como el relacionado con los productos agrícolas quedará en manos de la OMC. Después de la clara advertencia de la señora Vargo, nuestra agricultura quedará reducida a los productos exóticos que deseen los países poderosos: uchuva, pitahaya, palmito, plantas aromáticas y medicinales, como lo han expresado algunos analistas críticos de la barbaridad a que nos están empujando Uribe y los grandes gremios económicos. Las transnacionales del petróleo, de las telecomunicaciones, de la agroindustria ya están ejecutando sus planes de inversión en nuestro país. Los gremios agrupados en 24 organizaciones y la llamada Coalición de Servicios compuesta 70 gremios dedicados a este renglón, se aprestan para pedir al gobierno la elaboración de una agenda que busca terminar de adecuar el país técnicamente para la entrada en grande del capital transnacional. ¿De dónde saldrá la financiación para esa aspiración, con el enorme déficit fiscal y los grandes recursos dedicados a la guerra contra el pueblo? Saldrá del sacrificio de otros millones de colombianos trabajadores que quedarán sin empleo, sumándose a los millones que ya viven del rebusque, de la congelación de salarios, de la flexibilización laboral, de modificar el régimen pensional. Las manifestaciones contra el TLC y el ALCA tienen razones de sobra. Este 18 de mayo mostró que va en aumento el descontento del pueblo colombiano a pesar de la guerra sucia, a pesar de la invasión yanqui que silenciosamente ha venido dándose, a pesar del Plan Colombia y del Plan Patriótico. Las consignas contra imperialismo contra el TLC, contra la reelección de presidentes, en solidaridad con la huelga de los trabajadores petroleros, dicen que hay claridad en cuanto a los objetivos de la lucha. Vale la pena conocer y tener en cuenta la dura experiencia del pueblo mexicano luego de diez años de TLCAN: aumento sin freno del desempleo, un millón de campesinos desplazados y arruinados. El progreso no se ve pues solo un pequeño grupo han sido los beneficiados, a costa de la dependencia económica y política, esas sí bien visibles. La condena está explícita: represión sin miramiento de derechos humanos, ni convenios internacionales, hambre, desempleo, colonización. No se hacen exigencias que favorezcan al país en el TLC, se piden más soldados, mercenarios, armas, recursos y asesoría para construir cárceles de alta seguridad. El país se polariza sin remedio. El reto se plantea sin ambages: o luchamos organizados por la vida digna o morimos hambrientos, enfermos, esclavizados y colonizados y además clasificados como terroristas. |
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800 MIL EMPLEADOS ESTATALES SE MOVILIZARON EN CONTRA DE LA FIRMA DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO (TLC) Miles de compatriotas colombianos se dieron cita el pasado 18 de mayo atendiendo la convocatoria al Paro Nacional de los Empleados Estatales, que hiciera el Comando Unitario de Trabajadores, integrado por la CUT, CGTD, la CTC. Con las consignas de NO AL TLC y NO AL ALCA , Colombia se hizo sentir en las grandes capitales, en los municipios, en los pueblos, que ven a cada momento cómo su suerte viene empañándose con sombras sospechosas que amenazan nuestro derecho a la soberanía nacional. Las marchas pacíficas que adelantaron los trabajadores de todos los sectores de nuestra nación, manifestaron a grandes voces el rechazo total a que el presidente Álvaro Uribe Vélez, siga entregando irresponsablemente nuestra territorialidad e independencia. El plan Colombia, viene desde tiempo atrás enlutando a sangre y fuego las esperanzas de un pueblo que se niega, como siempre, a ser sometido a los apetitos de las oligarquías. Ahora, el Centro de Convenciones de la heroica Cartagena fue escenario de la primera reunión oficial para el Tratado de Libre Comercio (TLC). Trascendental fue la organización que tuvo el Comando Regional de Paro en la parte norte de Colombia, que logró movilizar con destino a Cartagena a más de 20 mil manifestantes provenientes de Barranquilla, Santa Marta, Montería, delegaciones de varios municipios del Departamento de Bolívar y hasta representaciones de pueblos de Antioquia. La concurrida manifestación partió del “Monumento a los zapatos viejos” en Chambacú, hasta el Centro de Convenciones. Muy a pesar de que se había pactado con las autoridades respecto a la legalidad de la marcha y protesta de los trabajadores, esta fue salvajemente reprimida. Las consignas de NO AL TLC y NO A LA REELECCION PRESIDENCIAL , pretendieron ahogarlas a punta de bombas lacrimógenas y golpes de bolillo. Uribe, decidió declarar la marcha como ilegal y pasó a realizar actividades como operaciones encubiertas, dando así un tratamiento de guerra al justo reclamo de las comunidades. La fuerza pública desconoció la autoridad política, atropellando y deteniendo a varios representantes a la Cámara que se encontraban liderando y apoyando la justa protesta, como fue el caso de los representantes Alexander López Maya, Gustavo Petro, Wilson Borja, Venus Silva, Piedad Córdoba, el Senador Jorge Enrique Robledo y el ex alcalde de Barranquilla Bernardo Hoyos. De esta manera se ha querido atentar contra el derecho que tienen los pueblos de expresarse libremente contra decisiones que afecten la armonía social, económica y política del país, dejando como saldo un centenar de heridos, la mayoría de ellos, mujeres y niños. Igualmente otras ciudades importantes fueron testigos de caudalosas manifestaciones, tal como aconteció en Bogotá, Bucaramanga, Cúcuta, Barrancabermeja, Cali, Pasto, Popayán. Los trabajadores entraron en paro de 24 horas y salieron de sus trabajos para tomarse las calles. Igual lo hicieron 300 mil maestros. 60 mil bogotanos llegaron en tres marchas a la plaza de Bolívar. Los estudiantes de la Universidad Nacional decidieron enfrentar a las tanquetas que de manera burda violentaron los predios estudiantiles. La televisión no transmitió la marcha y aún así tuvo que reconocer que por lo menos el 70% de la población colombiana está en desacuerdo con la firma del TLC. En Bogotá, se hizo presente un importante dirigente sindical del hermano pueblo de Venezuela e hizo entrega de un Manifiesto de Solidaridad de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), a los trabajadores colombianos. En dicho documento hicieron referencia a los trabajadores petroleros afiliados a la Unión Sindical Obrera (USO) quienes en este momento ya llevan 1 mes y dos días de huelga, defendiendo a ECOPETROL como patrimonio de los colombianos, e impidiendo a costa de su estabilidad laboral, que esta empresa petrolera sea devorada también por las transnacionales del imperio. Ya son 248 los trabajadores despedidos por el solo delito de hacer uso del derecho a defender lo que le pertenece a la nación. Los 28 dirigentes sindicales despedidos siguen liderando la huelga e hicieron parte activa y combativa del Paro Cívico realizado el 18 de mayo. Como respuesta a la importante solidaridad de la UNT venezolana, más de 15 organizaciones nacionales hicieron también entrega de un documento al representante de la patria del Libertador, manifestando el compromiso de defender la revolución bolivariana contra todo aquel que intente destruirla. Consideramos importante resaltar la resistencia civil que vienen adelantando las comunidades de Copacabana, Girardota y Barbosa en el Departamento de Antioquia. Su rechazo al TLC ha sido beligerante y patriótico. Estas comunidades, con sobradas razones, han manifestado que la “Seguridad Democrática” so pretexto de combatir al terrorismo, está sofocando la resistencia erigida contra el neoliberalismo y la arbitrariedad. Los habitantes de estas tres poblaciones se niegan a pagar el impuesto que Uribe pretende imponer a todo el pase por el mal llamado “peajito social”. Los alcaldes de la región, los concejales y los municipios del Valle de Aburrá, se oponen a que este nuevo impuesto afecte a la población empobrecida, para pagar una de las obras viales claves del TLC con EEUU. La protesta continúa, ya son más de 10 los heridos y el joven John Freddy Rivero se encuentra desaparecido. En Nueva York se hizo una concentración frente al consulado colombiano. Colombianos, venezolanos, puertorriqueños y norteamericanos, se solidarizaron con la Unión Sindical Obrera (USO), con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria de Alimentos (SINALTRAINAL), la comunidad indígena Wayúu de Bahía Portete y con el pueblo venezolano. Repudiaron al paramilitarismo, que no solo ha violentado al pueblo colombiano, sino que ahora interviene en los asuntos internos de Venezuela. El paro estatal contra el TLC se constituyó en éxito. El movimiento social continúa en ascenso. Se recalcó que el Tratado es catastrófico para la economía colombiana. La mediana y pequeña empresa serán duramente golpeadas. Cientos de empresas resultarán quebradas, se perderán miles de empleos y las consecuencias sociales serán incalculables, igual que con los desplazados por la guerra. El presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) colombiana, Carlos Rodríguez manifestó que el TLC compromete los derechos humanos, los recursos naturales, la democracia, la soberanía y la vida. Nuestro país quedará desbordado en la ruleta del libre mercado. La competencia nos eliminará y, como siempre, los millonarios se quedarán con la torta completa. Tenemos que discutir entre todos y construir consensos que reflejen el querer de la sociedad. La entrega de nuestra soberanía ha de ser neutralizada por un Gran Encuentro Nacional donde todos participemos en el diseño de la nueva Colombia que queremos. Reviste gran importancia la necesidad de seguir movilizándonos desde la base de definir banderas de lucha contra todas las imposiciones políticas y económicas que vienen deteriorando el futuro de nuestro país. Colombia tiene que sentir la defensa de sus dolientes. La mediana y pequeña empresa, junto a todos los sectores que ven como suya la esperanza de una Colombia independiente y soberana, tendremos que responder y señalar alternativas ante los retos que las nuevas realidades nos imponen. |
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UNA MIRADA AL CARIBE Y CENTROAMÉRICA La gran cuenca caribeña es el mar interior más grande del mundo y ella contiene el golfo más extenso del globo, el Golfo de México. Está bordeada por las costas de la casi totalidad de los países centroamericanos, Colombia y Venezuela y en el norte las de México y Estados Unidos. Allí está albergada la región de Centroamérica y el Caribe. Su territorio ocupa una extensión de 742.000 Km?, comprende los países del istmo que unen a los dos subcontinentes y las islas de Puerto Rico, Jamaica, Cuba y la Española, con Haití y República Dominicana. Se encuentra también en ella la gran diversidad de las 100 islas pequeñas de las Antillas Menores. La población estimada en el 2002 era de 105 millones de personas, de las cuales viven en las islas 39 millones. Centroamérica y el Caribe puede describirse como la zona de influencia más directa de los Estados Unidos y, al mismo tiempo, donde se incuban las mayores disidencias a su mandato imperial. La contradicción es latente y explosiva. Para la corte imperial no debería salirse nadie del guión. Para eso despliega en toda el área una fuerza militar que suma más de 10.000 efectivos en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Panamá. Posee bases en Guantánamo, Puerto Rico, Araba. Tiene tropas de intervención en Haití y mantiene desplegados sus navíos de guerra en toda la región. Sus bases aéreas y marítimas en sus estados del sur son parte del Comando Unificado del Sur, cuya proyección ofensiva es hacia la región y Sudamérica. Mantiene bajo el yugo colonial a Puerto Rico y las Islas Vírgenes Estadounidenses. La cuestión colonial, obsoleta herencia, aún se mantiene en la región: el imperialismo francés impone su autoridad en Guadalupe y Martinico, bajo ese estatus odioso. Los ingleses poseen a Anguila, Bermudas, Caimán, Turk y Caicos, Vírgenes Británicas y Montserrat. Holanda domina las Antillas Neerlandesas: Aruba, Donaire, Curazao y San Martín. La impronta yanqui, se funde en Centroamérica. No hay gobierno en el istmo grande que se aparte de las recetas del imperio. Para la región están todas las fórmulas preparadas, las económicas, políticas y, por supuesto, las militares. En Centroamérica, Estados Unidos ha logrado mantener una región dividida, con un embrionario elemento político de unidad que es el Parlamento Centroamericano, pero sin llegar a construir un Mercado Común. Partiendo del plan principal de dominación que es el ALCA, aparecen los TLC con cada país por separado, el Plan Puebla Panamá, el plan Nuevos Horizontes y el Corredor Biológico Mesoamericano. El Plan Puebla Panamá (PPP) es un plan integracionista, desde la óptica del imperio. Se trata de enlazar toda la producción estadounidense con los estados del sur mexicanos y Centroamérica, para poder sacarla en mejores condiciones hacia el Pacífico e insertarla a menores costos en la economía global. La construcción de infraestructura y adecuación tecnológica es el centro del esfuerzo. Se plantea la construcción de corredores logísticos, con autopistas y ferrocarriles, además de canales interoceánicos secos en México y Honduras. Se construiría otro canal de agua en Nicaragua. Se construirían así mismo grandes puertos de altura, aeropuertos y el mejoramiento de la red de telecomunicaciones y eléctrica. El Plan Nuevos Horizontes, es la fachada de la presencia permanente de las fuerzas militares yanquis en todo el istmo, con operaciones cívico militares y con la construcción de pequeñas escuelas o edificaciones, van disponiendo de redes permanentes de control y van inventariando las riquezas prominentes. Es la dislocación progresiva y móvil militar por toda la región, que sustenta la presencia del capital yanqui en la privatización de estos recursos y en el acondicionamiento estratégico de Mesoamérica a los requerimientos globales de la economía del NAFTA. Los nuevos gobiernos elegidos en El Salvador y Guatemala, se adecuan perfectamente a estos planes y entran con los actuales de Honduras y Costa Rica a formar parte de este dispositivo cipayo que se mueve al ritmo de la batuta imperial. Las elecciones que se han desarrollado en el ultimo año han demostrado la gran preocupación de los Estados Unidos con la región. En Guatemala el gran capital desbancó al narco capital y recompuso la gobernabilidad en medio de la miseria profunda. En El Salvador se dio un cambio de figura, utilizando las consabidas presiones y el dinero imperial, para garantizar el continuismo del partido de ultraderecha, contra las propuestas renovadoras del FMLN. El nuevo Presidente de Panamá, Martín Torrijos, tiene un apellido que nos trae buenos recuerdos a los latinoamericanos. Llega con grandes compromisos de reconstrucción y dirigiendo la coalición llamada Patria Nueva. El pueblo panameño está en lucha contra las privatizaciones y contra el TLC que la presidenta Moscoso dejó concertado. Panamá es frontera con Colombia y puente de enganche con el subcontinente sudamericano. Su rol dentro de la estrategia imperial (Plan Colombia, ALCA, PPP) le traerá grandes retos y desafíos a este joven político, que llega al poder acompañado de la esperanza de su pueblo. En Centroamérica los pueblos tienen la palabra, pues solo la fuerza de la lucha popular puede variar el destino de esta región, tan cercana a los intereses imperiales. Eso lo saben los sandinistas, los compañeros del FMLN y de la URNG. República Dominicana volvió a elegir a quien profundizó el neoliberalismo a nombre de la liberación. Leonel Fernández fue elegido en la primera vuelta, en medio de la más profunda crisis social y económica de la historia dominicana. El pueblo puertorriqueño con su lucha sacó de Vieques, una de las tres grandes islas, la base de pruebas de la US ARMY. Ahora también se van de la más grande base que poseía Estados Unidos en el Caribe, la de Roosvelt. El Caribe, donde se inició la libertad de América con la revolución de los esclavos en Haití hace 200 años, mantiene encendida la lucha por la independencia y la autonomía. Las pequeñas islas anglófonas y francófonas se sustraen con sus pequeñas economías y levantan la más avanzada de las uniones económicas y políticas de la América como es CARICOM. Y allí aparece Cuba, con su ejemplo que dignifica la estatura de los hombres y mujeres del Caribe, irradiando su proyecto social emancipado hacia los pobres del mundo. Centroamérica y el Caribe es una región heterogénea, multiétnica y pluricultural, que presenta colonias y revoluciones, naciones en alza, presencia e identidades propias, bajo la cercana tutela fascista del imperio yanqui. Los pueblos de la región luchan contra la aplicación de los tratados de libre comercio, contra la privatización de sus estrechas economías y contra el hambre y la miseria, realidades que unifican casi toda el área. La profundización de la identidad cultural, la integración regional y la lucha por resolver las injusticias sociales, son herramientas que conllevarían la independencia y un desarrollo humano sustentable en esta región tan particular y fuerte. En la cuenca del Caribe se juega parte de nuestro futuro y aunque en la gran prensa, en la falsimedia, no aparezcan los pueblos que luchan y crecen, no podemos olvidar que éste es nuestro espacio común.
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