EJERCITO DE LIBERACION NACIONAL DE COLOMBIA Revistas Insurrección No. 093 y 094. 31 de diciembre de 2007/8 de enero de 2008 Sumario: Editoriales: . Mensaje de Año Nuevo. Comunicado del Comando Central . Vigencia del alzamiento en armas: Primer Comandante Nicolás Rodríguez Bautista Nacionales: . Por un régimen de mayorías . Atascada la legalización paramilitar . La destorcida económica golpea a los colombianos . Guerra sucia más eficaz que el Estado de Sitio UN BALANCE DEL 2007 (2): Editorial MENSAJE DE AÑO NUEVO Al finalizar el 2.007, enviamos un mensaje revolucionario y fraterno a todos los hombres y mujeres que en el país y el mundo, participan y animan las luchas del pueblo colombiano por paz, democracia y soberanía. Somos solidarios con los miles de trabajadores colombianos que, en medio de sus angustiosas luchas, vieron privatizarse en avalancha neoliberal las más importantes empresas que aun eran patrimonio nacional como Ecopetrol, las electrificadoras y las de servicios públicos. Damos nuestro abrazo solidario a esos cientos de miles de mujeres y hombres, que ahora sin trabajo y con salarios de hambre constituyen parte del 63 por ciento de los pobres de Colombia. A ellos y a sus organizaciones políticas y sociales, les reiteramos que juntos seguiremos en lucha contra los explotadores y opresores, llevando en alto las banderas por las que dieron la vida luchadores como Bolívar, Gaitán, Camilo Torres, Manuel Pérez, Luís Carlos Cárdenas, Omaira Montoya, Héctor Useche y tantos otros. Sea el momento para destacar las luchas de indígenas, estudiantes y maestros que en medio de brutal represión gubernamental, colocaron arriba la resistencia y dignidad con que luchan los diversos sectores del pueblo colombiano. Acompañamos la lucha de las víctimas de la guerra sucia estatal, en su esfuerzo por lograr verdad, justicia y reparación. Así mismo, hacemos nuestra la lucha por la dignidad y libertad de los millares de prisioneros políticos, confinados en las cárceles del régimen. La solidaridad con los casi 3 millones de colombianos desplazados y la lucha por la superación de esta dantesca tragedia humanitaria, enlazó este año a muchos hombres y mujeres del país y el mundo, que denunciaron y condenaron con valor al Estado y gobierno colombianos así como al paramilitarismo, su aparato terrorista, que sigue enlutado a los colombianos humildes, encubierto con una grotesca manipulación de la que hace gala el propio gobierno encabezado por el Presidente. Saludamos con agradecimiento a los pueblos y gobiernos de Cuba y Venezuela, quienes con toda generosidad y respeto facilitaron su territorio para desarrollar los diálogos con el gobierno del presidente Uribe, en los que el ELN se esforzó por concretar un proceso cierto de paz. De igual manera nuestro saludo de año nuevo es para los gobiernos y pueblos de España, Noruega y Suiza, que también nos han acompañado en los diálogos con el gobierno colombiano en el año que termina. Otros gobiernos como Suecia y organizaciones de la comunidad internacional también ofrecieron su concurso en el proceso de diálogo, por lo que es el momento para dar a todos nuestros agradecimientos y decirles que seguimos requiriendo de su apoyo y solidaridad, porque no ahorraremos esfuerzos por lograr la paz con justicia social, así tengamos que vencer mil y un obstáculos. A todos los compatriotas, como el Grupo de Garantes, la Comisión de Seguimiento de la Conferencia Episcopal, la Comisión de Facilitación Civil, al Consejo Nacional de Paz y demás organizaciones amigas de la Solución Política, les expresamos nuestro reconocimiento porque junto a ellos construimos caminos, que servirán para seguir avanzando en un esfuerzo porque la democracia, la soberanía y la paz con justicia y dignidad, se impongan sobre la injusticia, la exclusión y el belicismo de quienes hoy gobiernan en Colombia. Gracias a todos ustedes porque sin su ayuda y esfuerzos nuestra acción política no hubiera sido ni será posible en adelante, aun nos falta mucho y persistiremos por ese camino. A todos los insurgentes colombianos, va nuestro abrazo sincero y nuestros deseos para que el 2.008, sea un año de superación de las dificultades, en el que avancemos en tratar con altura las dificultades y diferencias. Confluimos con las aspiraciones de la humanidad por restablecer su equilibrio con la naturaleza y por superar la explotación productivista de ella. Por último, también nos sentimos parte de las dignas luchas de varios pueblos del Caribe, Centro y Suramérica, que se yerguen valerosos ante las amenazas imperialistas, en su esfuerzo para desarrollar un camino de democracia, autodeterminación y socialismo. Comando Central del ELN Montañas de Colombia Diciembre 31 de 2007 Editorial VIGENCIA DEL ALZAMIENTO EN ARMAS El ELN nació el 4 de julio de 1.964 y apareció públicamente el 7 de enero de 1.965 con la toma de la población de Simacota, en el Departamento colombiano de Santander. Nuestra aparición pública dejaba claro que nos levantábamos en armas contra un régimen represivo, excluyente y explotador, responsable de la sangrienta guerra civil llamada "La Violencia", que dejó más de 300 mil muertos y alrededor de un millón de desplazados. Ese abominable acontecimiento cuya responsabilidad es del régimen, quedó en la más completa impunidad. Del sacrificio de los muertos y desterrados se enriquecieron terratenientes y burgueses, quienes acrecentaron sus latifundios con la tierra de sus víctimas y consiguieron mano de obra barata para sus nacientes empresas. El nivel represivo de la oligarquía no solo fue la llamada Violencia de los años 50, cuando asesinaron al dirigente popular Jorge Eliecer Gaitán, que les amenazaba el monopolio de su gobernabilidad, sino el posterior asesinato de estudiantes, obreros y campesinos que se atrevían a ejercer su derecho a denunciar, disentir o protestar ante la violencia oficial. Colombia venía de la Masacre de las bananeras de 1.928, donde los trabajadores fueron asesinados por reclamar sus derechos. El régimen los mató para garantizarle los dominios a la misma empresa estadounidense, que recientemente fue condenada por financiar los paramilitares en el Urabá antioqueño. Estos antecedentes históricos nos dieron del derecho a la rebelión, que mantenemos desde entonces y que continuamos defendiendo porque contrario a lo que piensan algunos, en Colombia hoy sigue siendo válido el levantamiento en armas, pues la esencia del régimen sigue siendo altamente represiva y excluyente. Además institucionalizó el terrorismo de Estado y cada día se hace más difícil encontrar una salida política al conflicto, esfuerzo que el ELN mantendrá a pesar de la estrechez que encuentra para desarrollarlo. Nuestro caminar revolucionario en estos 43 años no ha estado exento de errores, los más graves los hemos reconocido en su momento y nos asiste la dignidad y coraje para seguirlos reconociendo cuando ocurran, al tiempo que reafirmamos la concepción humanista y altruista de nuestra causa. Siempre hemos tenido claro que el objetivo o fin de nuestra lucha, no justifica el desborde de los medios y métodos para lograrlos, muy por el contrario nos debemos a una disciplina orientada en nuestros Estatutos y Reglamentos como guía de acción y nos inscribimos en el contexto del Derecho Internacional Humanitario para el desarrollo de la actividad revolucionaria. En nuestro ser Eleno caben el mundo, el futuro y un modelo de país, nación y sociedad donde la democracia, la soberanía y la justicia social se hagan realidad, porque en el capitalismo no caben estos valores. El ELN tiene claro que lo que hoy rechaza el pueblo de la insurgencia no es la lucha, sino los errores cometidos. Estamos abiertos a los cuestionamientos, porque somos conscientes dónde hemos fallado y encontramos en la critica franca la manera sana de ver los errores y su causa, para corregirlos y seguir el camino. El ELN al iniciar el 2.008, seguirá actuando de manera armoniosa sobre dos ejes de lucha, la resistencia armada revolucionaria y la acción política, así esta última tenga muchas limitaciones por el carácter terrorista y excluyente del régimen autoritario que enfrentamos. Hoy con el caminar democrático y libertario de una parte importante de los pueblos del continente americano, los imperialistas del mundo expresan su inconformidad y amenazan estos jóvenes procesos. Es por este peligro, que nuestra condición insurgente es más válida que antes. Estos pueblos y gobiernos demócratas y revolucionarios, pueden tener la seguridad que nuestra experiencia de 44 años en la guerra irregular y guerrillera, nuestras armas y nuestros hombres, tienen un espíritu internacionalista y están prestos a aportar sus modestos esfuerzos y dar la vida si es necesario, por ver realizado el sueño del Che y nuestro libertador Simón Bolívar. Nicolás Rodríguez Bautista, Primer Comandante del ELN. Enero 7 de 2.008. Coyuntura Nacional POR UN RÉGIMEN DE MAYORÍAS Colombia atraviesa por un momento tan difícil, que puede llegar a un desenlace de trascendencia histórica producto del desgaste del régimen por la guerra sucia, la narcopolítica, la impunidad, la corrupción y la crisis política y humanitaria. Sumado esto a la dependencia neocolonial, la injusta distribución del ingreso y su incapacidad para generar bienestar a las mayorías excluidas. La oligarquía tiene claro este riesgo y busca recomponer el régimen barajando alternativas que le sean funcionales y garanticen la continuidad más allá del 2.010, para evitar que los vientos de cambio democrático, popular y nacionalista que avanzan por el Continente, lleguen al país y produzcan la ‘hecatombe’, de la que habló el Presidente recientemente. La estrategia de recomposición la está desplegando por dos vías. Una tiene como objetivo impedir, por todas las formas posibles, que se fortalezcan las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias, que propugnan por los cambios que el país necesita, para que no canalicen las insatisfacciones populares ni alimenten en el pueblo la esperanza de que es posible construir otro mundo mejor. Los representantes del establecimiento y sus medios de comunicación se deleitan montando comedias para desprestigiar a la oposición política y social, recurriendo a la intimidación, promoviendo divisiones, captando líderes y brindándoles generoso apoyo e infiltrando personajes para que destiñan y desnaturalicen los movimientos que luchan por los cambios en el país desde la óptica de soberanía popular. Por la segunda vía pretende demostrar que el régimen y el orden social actual es el único capaz de brindar seguridad al país, con garantías para que los capitalistas inviertan en el país, y el dinero de éstos sea la fuente del desarrollo y bienestar de los colombianos. La forma como están organizados el Estado y la sociedad -a favor de una minoría-, precipitó la crisis actual, hizo surgir y alimenta el conflicto social y armado, obstruye las posibilidades de futuro a las mayorías nacionales y mantiene sumergida en la pobreza a más del 63 por ciento de la población. El futuro del país Dentro de la estrategia de recomponer y darle continuidad al régimen después del 2.010, ya arrancó la campaña para el próximo período presidencial, promoviendo personajes representativos de los intereses de la oligarquía alineados en tres corrientes: Los de la ultraderecha de los nuevos partidos del presidente, los de la derecha de los partidos tradicionales y el reformismo de centro que empieza a jugar como alternativa del establecimiento. El futuro del país hay que construirlo con los pies puestos en la soberanía popular y la dignidad nacional, para que avancen con firmeza las ideas que propugnan las fuerzas del cambio, donde caben los revolucionarios, demócratas y nacionalistas progresistas. El reto principal en este momento es luchar por cambiar el régimen de las minorías, generando condiciones bajo otros parámetros, que permitan que se efectúen las transformaciones para materializar la democracia real, la justicia social, el bienestar general y la dignidad nacional. La unidad y organización de las grandes mayorías es una tarea fundamental en la que le debemos trabajar todos los comprometidos, sin intereses individualistas y en función de acordar un programa básico único que interprete los cambios por realizar, que convoque la participación de las masas en un movimiento que genere fuerza y poder para ejecutar los cambios, donde el pueblo se convierta en sujeto y deje de ser objeto de manipulación de los intereses de la oligarquía. Impedir la recomposición del régimen desgastado y establecer uno nuevo, donde el pueblo sea el sujeto transformador, es la tarea de todas las fuerzas para que se produzca la gran hecatombe, a que le teme tanto la oligarquía. Coyuntura Nacional ATASCADA LA LEGALIZACIÓN PARAMILITAR Este, el quinto intento por legalizar el paramilitarismo, sigue atascado al concluir el 2.007. En el Congreso se enfrentan dos proyectos de ley, ambos impulsados por el gobierno y sus aliados. Todos los anteriores gobiernos sostuvieron la tesis que el paramilitarismo era una expresión de delincuencia común y por tanto un asunto de sometimiento a la justicia, mientras que Uribe ha querido darles un carácter político. Hasta ahora Uribe ha fracasado en sus intentos por legalizar esta arma del terrorismo de Estado, porque la vida todos los días demuestra, que el paramilitarismo apenas es un camuflaje, que usan las bandas mafiosas narcotraficantes. Mientras el Presidente se obstina en tratar de demostrar que el paramilitarismo es algo distinto de los carteles de la cocaína. La estabilidad del régimen que tanto cuidan los monopolios nacionales y extranjeros, depende de blanquear esta operación de guerra sucia paramilitar, desarrollada en las últimas décadas a través de los matarifes mafiosos. Evolución del brazo paramilitar Hasta 1.989 la legislación colombiana ordenaba la construcción y operación de los grupos paramilitares, pero a raíz de la masacre de una comisión judicial por parte de estos, en La Rochela (18-01-89), el gobierno los declaró ilegales. Entre 1.988 y 2.002 los paramilitares se fortalecieron como bandas privadas de los carteles de narcotraficantes. Inicialmente, una parte se enfrentó al Estado hasta la muerte de Pablo Escobar en 1.993, mientras la otra, aliada de los Estados Unidos y del gobierno de Cesar Gaviria (1.990-1.994), quedó con el monopolio de la exportación de cocaína. El régimen en 1.996 rompe su alianza con el cartel de la cocaína de Cali y lo desmantela. A partir de ese entonces, los pequeños carteles mantienen ejércitos privados regionales, en alianza estrecha con las Fuerzas Armadas, con los cuales se termina de perpetrar el genocidio de todo el movimiento social y político opositor. Para tratar de legalizar el genocidio los gobiernos de EEUU y Colombia decidieron asignarle un logotipo supuestamente político a su brazo paramilitar: Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Así masacran sin atenerse a normas humanitarias, limpian a sus Fuerzas Armadas y no asumen responsabilidad por las matanzas. Vicente, el último cabecilla del clan mafioso Castaño Gil, en entrevista a un semanario de Bogotá, en octubre de 2.006, así resumió los resultados contrainsurgentes que lograron: “Aunque el modelo de lucha de las AUC fue monstruoso al principio, al final no lo era tanto y los resultados fueron positivos demasiado rápido. Éramos un Estado dentro del propio Estado. Éramos las únicas fuerzas armadas de 100 municipios y las únicas rurales en más de 300. Teníamos presencia en más de dos terceras partes del territorio nacional. Los gobernantes en nuestras zonas eran elegidos y actuaban bajo nuestra dirección”. El plan Uribe El presidente Uribe, fue elegido por primera vez en 2.002, con el total respaldado de los clanes mafiosos dominantes en la mayoría de regiones colombianas, con la promesa de legalizarles sus fortunas y amnistiarles sus crímenes. El gobierno montó un falso proceso de paz con el paramilitarismo, en el que Uribe oficia de interlocutor de los aliados tradicionales del régimen, como una negociación entre amigos. Este proceso estaba previsto para desarrollarse en tres fases: desmovilización y legalización de las bandas e institucionalización de las regiones dominadas por las mafias paramilitares. Tras desmovilizaciones colectivas e individuales, 36 mil paramilitares están esperando para ser legalizados y sólo 55 de ellos están en la cárcel. A su vez, continúan apareciendo nuevas bandas sostenidas tanto desde los militares, como por los carteles narcotraficantes. Por este medio, durante el gobierno de Uribe se han producido un tercera parte del total de desplazados internos que hoy existen y no paran las ejecuciones extrajudiciales, dentro del propósito de proseguir la eliminación y destierro de los opositores. Si Uribe termina por legalizar el arma paramilitar, pasaría a la historia como un genocida campeón de la impunidad, pero si fracasa en este intento, apenas sería una pieza más de repuesto que se funde, que pronto el régimen reemplazaría por otra. Contradicciones intestinas del régimen Pasando revista rápida, estas son las opiniones de las cabezas de las instituciones más destacadas, emitidas en 2.007, sobre la legalización de los matarifes paramilitares. El Fiscal General en marzo se mostraba más interesado en aplicar el ‘principio de oportunidad’, para expropiar a los grandes mafiosos, por medio de la confesión o delación de sus fortunas. La Procuraduría en mayo, recordó la sentencia C-014 del 2.004, de la Corte Constitucional, que permite revocar no solo fallos sancionatorios contra funcionarios públicos, sino que declara constitucional la revocatoria de fallos absolutorios y procesos ya archivados, cuando se está en presencia de una violación a los derechos humanos. Rafael Pardo Rueda, vocero del Partido Liberal, en agosto, se mostró favorable a reconocer a la cúpula paramilitar los delitos como organización y no solamente los delitos como individuos. El Consejo de Estado en noviembre declaró que los políticos aliados de los paramilitares, que firmaron con estos el Acuerdo de Ralito, no son paramilitares por el hecho de haber firmado este pacto. Así queda abierta la puerta para que regresen al Congreso los parlamentarios expulsados de él y encarcelados por tal pacto. Para cerrar el año, en diciembre la Corte Suprema de Justicia, le recordó al Congreso que no debe confundir el delito de Concierto para delinquir, con el delito político. Más temprano que tarde, habrá justicia Ya lo ha dicho la cúpula paramilitar, que ellos obraron acatando órdenes de otros de más arriba, es decir, actuaron por obediencia debida. Por lo que la justicia verdadera incluye principalmente a los más grandes responsables de la guerra sucia y no sólo a sus instrumentos, los integrantes del brazo paramilitar. Justicia frente a la guerra sucia paramilitar no es venganza ni es olvido. Justicia, primero que todo es rectificar la conducta genocida por parte de las elites criolla y estadounidense: ¿Están arrepentidas de lo que están haciendo? ¿Prometen nunca más volverlo a hacer? Estas son las respuestas que esperan oír, esta y las siguientes generaciones de colombianos. El sistema judicial colombiano tiene ante sí el más grande reto de su historia, como es impartir justicia por un genocidio, que ya suma medio millón de compatriotas asesinados. Si fallara en este intento, abriría la entrada para que la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya juzgue a los grandes responsables de estos crímenes de guerra y de lesa humanidad. Desde junio de 2.005 reposa en su sede de La Haya, la demanda ante la CPI para que se estudien los crímenes de guerra atribuidos a los paramilitares, y para que se investigue y persiga al presidente Uribe Vélez y a otros funcionarios del gobierno por omisión en perseguir en justicia los crímenes contra la humanidad. Coyuntura Nacional LA DESTORCIDA ECONÓMICA GOLPEA A LOS COLOMBIANOS La minoría privilegiada brindó el día de año nuevo por el gran aumento de sus riquezas, que hasta septiembre de 2.007, significó un crecimiento del PIB de un 7,35 por ciento. En contraste, a la gran mayoría de los colombianos les era imposible brindar por la carestía de los artículos de primera necesidad, pues al cerrar el año anterior, el alza en los precios de los alimentos alcanzó el 8,5 por ciento. El aumento de los precios en Colombia supera el promedio de América Latina para el año 2.007, que fue del 6 por ciento, estimado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). Este balance económico no es extraño. Lo raro fuera que cayeran las ganancias de los monopolios económicos o que los precios de los alimentos no se incrementaran. Para obtener estos resultados habría que reformar la organización de la economía y del Estado, lo que produciría un régimen distinto al imperante. Los patrones de Uribe Este gobierno se ufana de haber mantenido al país, como el segundo receptor de inversión extranjera en América Latina. Lo cual disminuye ahora, debido a la desaceleración de la economía estadounidense. Oculta en cambio, que el azúcar de consumo masivo –la panela- subió de precio el año pasado, en un 33 por ciento debido principalmente a que los cultivos de caña, cada vez más, se destinan a la producción de agrocombustibles como el etanol. Antes de la actual destorcida económica, el consumo de la clase media se incrementó y en sólo dos años, del 2.005 al 2.007, los dueños de tarjetas de crédito pasaron de ser 3, a ser 5 millones de colombianos. Hoy la especulación financiera castiga este consumo, dado que en sólo 8 meses del año anterior, dispararon las tasas de interés en 11 puntos. Con lo que coloca la tasa de interés real en 26 por ciento, una de las más altas del mundo. Al servicio de los más ricos Para garantizar un crecimiento económico favorable a las elites nacionales y extranjeras, el Gobierno destina gran parte del presupuesto estatal del 2.008 al pago de la deuda externa (31,2 por ciento) y al gasto militar y de seguridad (15,3 por ciento). Por el contrario en la sociedad colombiana se siguen ahondando las dos grandes desigualdades que afectan a la mayoría de la población: la creciente diferencia entre ricos y pobres, junto a la disparidad de desarrollo existente entre el centro del país y las regiones. Según el Plan de las Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD), Colombia presenta una de los mayores índices de desigualdad en América Latina, ocupando el tercer lugar después de Haití y Brasil. A su vez el continente es considerado el más desigual del mundo. En 10 departamentos de las costas Atlántica y Pacífica y cinco municipios del Caribe antioqueño vive algo más del 30 por ciento de la población colombiana. Allí se concentra una proporción alta de la pobreza nacional. El 51 por ciento de los colombianos con necesidades básicas insatisfechas y el 62 por ciento de los analfabetos habitan en esas regiones. El crecimiento de la Costa Caribe ha sido patético en los pasados 50 años: creció apenas a una tasa anual del 1 por ciento, lo mismo que el África subsahariana, el área del mundo con peor desempeño económico en las últimas décadas. La precaria transferencia de recursos que hace el gobierno ha empeorado la situación de las regiones menos desarrolladas: los departamentos ricos siguen teniendo más ingreso por habitante y, por consiguiente, se desarrollan más que los pobres. Las reformas necesarias Construir un Estado social de derecho implica superar la democracia típica de este régimen, que se ha dedicado a ser un gobierno de los ricos, por los ricos y para los ricos. Avanzar en este camino presupone desarrollar una economía, que no se dedique exclusivamente a la obtención de más lucro para los potentados y en cambio cuide más de la sociedad y del medio ambiente. Lo que le daría otro contenido al concepto de crecimiento económico. Por su parte el Estado al asumir como agente económico-social debe encargarse del bien público, tanto para la universalización de los derechos básicos como nutrición, salud, educación y atención a la infancia, como de los bienes y recursos estratégicos de la nación colombiana. En lo inmediato, es de urgencia reformar la Ley de transferencias a las regiones, con la que se dé inicio a otra época menos sombría para la mayoría del país. Coyuntura Nacional GUERRA SUCIA MÁS EFICAZ QUE EL ESTADO DE SITIO Desde la década del sesenta del siglo pasado cuando surgió el actual movimiento guerrillero colombiano, se han producido retrocesos significativos en el país en el bienestar, la democracia y la soberanía nacional. Los nuevos fenómenos políticos y sociales que surgieron con posterioridad, hicieron más grave y compleja la situación para las mayorías del país. La dominación imperialista y su injerencia se intensificó con la aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional, que sirvió de fundamento y soporte a la guerra sucia desatada por la oligarquía, la cual sigue vigente bajo el nombre de Seguridad Democrática, con el actual gobierno. Bajo el estímulo de esa política creció y se fortaleció el paramilitarismo como instrumento de guerra sucia y el narcotráfico como fuente de financiación de esta costosa y atroz maquinaria de la muerte. El débil e insuficiente Estado de Derecho fue suplantado por el actual régimen ultraderechista y mafioso, como se hizo evidente en los últimos procesos electorales y en las investigaciones contra más de cuarenta congresistas del Partido de gobierno, vinculados con el narcoparamilitarismo. La esencia de la democracia burguesa y su sistema electoral están cuestionados como instrumento de dominación de quienes tienen el dinero, la maquinaria y el poder mafioso. El Estado de sitio permanente del cual se valieron los gobiernos para reprimir el descontento popular, se tornó obsoleto frente a la guerra sucia, que demostró ser más eficaz para el desplazamiento de más de cuatro millones de personas, el asesinado de cientos de miles y la desaparición de otros miles de opositores políticos. El modelo neoliberal impuesto por la oligarquía a la sombra de la guerra sucia del Estado terrorista, enterró los tibios avances sociales logrados con las luchas populares en más de cincuenta años; convirtió en mercancía la salud y la educación, dos obligaciones inalienables del Estado; arrebató los derechos laborales conquistados por los trabajadores; privatizó a precio de regalo las empresas estratégicas del patrimonio nacional como las telecomunicaciones, financieras y energéticas; redujo el Estado a su condición de policía defensor del capital y represor del descontento popular. Como consecuencia de dicho modelo, “a la economía le va bien y al país le va mal”, como lo dijo en una ocasión un alto funcionario de la ANDI (Asociación Nacional de Industriales). Mientras que la riqueza producida con el sudor de los trabajadores se concentra en unas pocas manos, -revirtiendo la mayor parte al extranjero-, más del 63 por ciento de los colombianos viven en la pobreza y la miseria. Los sucesivos gobiernos cedieron la soberanía hasta llegar al estado de hoy, convertido el país casi en una nueva colonia de los Estados Unidos, quien le dicta la política internacional, el manejo de la economía y la aplicación de la justicia en los tribunales del imperio. Hoy somos más dependientes que en la década del sesenta y Colombia se ha convertido, durante el gobierno de Uribe Vélez, en la punta de lanza y cabeza de playa de la amenaza intervencionista de los EEUU contra los países del sur del continente, que se han distanciando de su órbita. Las razones y motivos para luchar por los cambios en el país mantienen vigencia y se han multiplicado. A la vez las posibilidades de cambio se han tornado más difíciles con el enraizamiento del Estado terrorista y mafioso, empecinado en impedir que se debilite el poder absoluto del capital y se produzca la “hecatombe”, con el advenimiento de la democracia y el poder del pueblo, que defienda la igualdad, la justicia, la democracia real y la soberanía nacional. Los cambios son posibles si quienes soñamos con el nuevo país sumamos fuerzas y nos unimos en torno a propósitos mínimos comunes, que desenraicen la estructura terrorista del Estado, el modelo neoliberal y recupere la soberanía nacional. Para el ELN siguen vigentes los motivos y propósitos, que dio a conocer al pueblo en su Manifiesto del 7 de enero de 1.965, en la toma de Simacota, Santander, así como la decisión de levantarse y empuñar las armas haciendo uso del derecho que tienen los pueblos a luchar por construir una sociedad igualitaria, justa y soberana donde el pueblo sea quien marque y decida su destino. www.eln-voces.com www.patrialibre.org