Sesenta años de búsqueda de cambios en la sociedad colombiana, es la distancia que existe entre el liberal socialista que era Gaitán y el partido de izquierda Polo Democrático Alternativo (PDA). Hoy como en ese entonces, es creciente la lucha democrática liderada por los pueblos de América Latina, en contracorriente con la repulsa que hace la derecha fascista e imperialista. Han sido seis décadas de conflicto interno, que por lo menos dejan a Colombia el saldo de medio millón de muertos por motivos políticos; con los que la oligarquía quiere obligar al pueblo, a que desista de luchar por cambiar el orden establecido. Pese al genocidio popular, la lucha por un Nuevo País continúa, sigue actual la vigencia de un Acuerdo Nacional, que realice cambios de fondo en Colombia, además de seguir en debate si es posible o no, lograr tales cambios por la vía institucional y reformista. En esta controversia, primero que todo y por encima de todo, es indispensable señalar el problema principal del conflicto: ¿hasta cuándo el pueblo seguirá ausente en las decisiones claves para la vida de la nación? Cambios desde adentro Se distinguió Gaitán por intentar cambios a la situación del pueblo, desde dentro de las instituciones tradicionales, como los poderes estatales y los partidos oligárquicos. Accedió a cargos dentro de ellas, pero así mismo abandonó ministerios y jefaturas, cuando se convenció de su inutilidad como medios eficaces de transformación. Su esfuerzo por sacar adelante reformas, abarca un largo período de su vida política. En 1933 intentó hacer aprobar en un Parlamento de mayoría latifundista, un proyecto de reforma agraria. En 1940, intentó en vano sacar adelante una ley de reforma educativa. En el 43, le sucedió igual con una iniciativa de reforma laboral. Su último intento fallido de hacer aprobar reformas, fue como jefe del Partido Liberal en el 47, cuando pretendió introducir cambios en el sistema bancario, crediticio, de desarrollo económico y en el agrario. Esta voluntad institucional y reformista no fue suficiente, para detener a la decisión criminal de los Estados Unidos y la oligarquía de quitarle la vida, para supuestamente detener el anhelo de cambio del pueblo colombiano. Presiones desde afuera Con no menos brío, Gaitán movilizó a centenares de miles de colombianos pobres y de capas medias, con sus denuncias y su reclamo de verdad, justicia y soberanía. Así como lideró huelgas, convocó multitudinarias manifestaciones; las que articuló con sus debates parlamentarios y alegatos judiciales. Creó la Unión Nacional de Izquierdistas Revolucionarios (UNIR) en 1933, como fuerza política opositora a la oligarquía, pero debió regresar dos años más tarde al Partido Liberal, por la intensa persecución de los reaccionarios y porque sus compañeros en la UNIR, quisieron convertirla en un mero instrumento de disputa electoral de cargos burocráticos. Más adelante, Gaitán evaluó la UNIR de esta forma: "Yo quería el Unirismo como una lenta creación de condiciones, de preparación de ambientes y de hombres; yo no lo quería como un partido, sino como una organización para la mística (...) Si el Unirismo no era una organización moral, no tenía razón de ser." Presencia y protagonismo popular Los intereses del pueblo son los que determinan la profundidad de las transformaciones que requiere Colombia. La fuerza política para lograr este propósito provendrá de la movilización y participación protagónica de las mayorías nacionales en esta lucha. Éste es el camino que inició Gaitán y que pretendieron truncar con su asesinato. Conquistar tales reivindicaciones exige a la izquierda ir construyendo una fuerza política popular, fogueada en la lucha dentro de las instituciones, pero especialmente fortalecida en las luchas realizadas por fuera de ellas. Un Acuerdo Nacional por un Nuevo País, es la fuerza motriz para hacer realidad las transformaciones estructurales. Sobre las vías para lograrlas, es preciso recordar lo dicho por el gran Camilo Torres Restrepo, uno de los continuadores del Gaitanismo en nuestra patria: “Yo creo que el pueblo se tomará el poder. El pueblo, que es la mayoría, tiene el derecho al poder. Habría que preguntar a la oligarquía, cómo lo va a entregar. Si lo entrega de manera pacífica, lo tomaremos pacíficamente. Pero si no lo quiere soltar, si lo defiende violentamente, entonces, lo vamos a tomar de forma violenta”.
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