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Corrupción Electoral Contra La Paz

Escrito por Luciano V.

Muy temprano el 26 de Octubre, Antonio Morales se preguntó en el Primer Café de Canal Capital, si la corrupción generalizada de las elecciones del día anterior, sería el costo de la paz.

No era para menos, cuando el país se ilusiona con la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz en La Habana, la democracia formal, de la cual se enorgullece la clase en el gobierno, muestra todos sus males: compra y venta de votos, trasteo de electores, propaganda mentirosa. Coerción al electorado mediante amenazas o dádivas, amenaza a candidatos de izquierda, robo en las urnas y un extenso etcétera; fue como si los males restantes del sistema político hubiesen salido de la caja de Pandora y se juntaran con otros ya conocidos.

En Cali es vox populi que el empresario Armitage, elegido como alcalde de esa ciudad, era el que mejor pagaba el voto: "los 150 mil pesos sirven”, dice la gente. En la Costa Atlántica, Jair Acuña fue sorprendido llevando maletas llenas de dinero, para pagar votos en el Departamento de Sucre. John "Calzones", reconocido mafioso del Casanare hizo campaña y ganó desde la cárcel, al tiempo que sigue lavando el producto de sus negocios ilícitos.

Pero esto no era suficiente; en Bogotá una campaña engañosa presentó a Peñalosa como un buen administrador, haciendo olvidar los entuertos y el desvío de dineros en los negocios del Transmilenio, las avenidas y bolardos; al tiempo que desprestigiaba y minimizaba los logros sociales de 12 años de gobiernos democráticos.

¿Se comporta así una democracia? Lo hace en Colombia, donde “el que escruta elige” y quién tiene el poder pone las reglas electorales; porque de remate el sistema de partidos y el régimen electoral está diseñado para que reine la corrupción y sea elegido quién tiene abundante dinero, poniéndole obstáculos leguleyos a los partidos pequeños, tales como el umbral y la cifra repartidora.

 

La izquierda desunida jamás será gobierno

Los partidos y expresiones de la izquierda fueron tragadas por esta maquinaria del poder: varios de sus candidatos fueron asesinados, amenazados u obligados a renunciar, como en el caso de la Unión Patriótica (UP) y el Polo Democrático Alternativo; en otras partes, al momento del conteo de votos le fueron raponeados miles de ellos, como en el caso de Bogotá, con el Polo y la misma UP; en conclusión, la izquierda fue arrasada por el desprestigio mediático, la violencia y la corrupción. Pero además de estar compitiendo contra las reglas excluyentes de la participación política, la izquierda volvió a pecar por desunión y sectarismo.

A lo largo y ancho del país el Polo, los Verdes, Mais y la UP dieron la batalla, pero al hacerlo cada cuál por su lado desperdiciaron votos, prefirieron otras alianzas y le abrieron el camino a la derecha. Faltó humildad, unidad y perspectiva de futuro, para priorizar los elementos que unen y desechar los que separan. Una lección de terquedad y algo de sectarismo que empujó a cada agrupamiento por su lado, olvidando el carácter del sistema político en el cual actuamos, dejando en segundo plano el ejemplo unitario que llevó a Lucho Garzón a la primera alcaldía de la izquierda en Bogotá y la excelente campaña a la presidencia de Carlos Gaviria, que hicieron del Polo la segunda fuerza electoral del país.

 

Derecha, izquierda y Paz

La derecha ha obtenido un triunfo electoral, la izquierda tiene el tiempo ahora de reflexionar y recomponer, en perspectiva fundamentalmente de unidad y articulación, de forma tal que los triunfos, pocos pero importantes, del Polo, Mais y un sector de los Verdes enrumben nuevamente a la izquierda y los sectores populares que participan en elecciones, por la senda de una alternativa de Nuevo País y nuevos gobiernos.

La preocupación de Antonio Morales insinúa una verdad: la pacificación, especialmente de las regiones, hace salir a flote los poderes clientelares, mafiosos y paramilitares, quienes emergen para hegemonizar los gobiernos locales y regionales. Frente a ese camino equivocado, la paz que construye el Ejército de Liberación Nacional se encamina a lograr condiciones de una verdadera participación democrática, consciente y libre, sin presiones y con equidad.

Un dramático mensaje trasmiten los resultados de las elecciones regionales recién pasadas, en particular a las organizaciones insurgentes que están en diálogos, en tránsito a priorizar la lucha por el poder por las vías legales.

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