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Las consultas si son vinculantes

Escrito por José María Calle

 

Nuevamente el pasado este domingo 4 de junio la estruendosa voz del pueblo se hizo sentir en las urnas para expresar que no están dispuestos a permitir el desangre de su territorio a manos del capital transnacional.

Esta vez 7.475 habitantes del municipio de Cumaral (Meta) votaron por el No para manifestar que no están de acuerdo con actividades sísmicas de exploración, perforación y producción de hidrocarburos, es decir, que no desean que en su territorio las multinacionales se lleven el petróleo, que, como lo han dicho históricamente los pueblos indígenas U´was, "es la sangre de la tierra". El contundente grito victorioso por el No a la explotación petrolera contrasta con los pocos votos por el sí -sólo 183-.

 

La voz del pueblo es la voz de Dios

Así, los pobladores y pobladoras de Cumaral se suman a los habitantes de Tauramena (Casanare) quienes ya se habían manifestado negativamente contra la explotación petrolera, pero también se identifican con los pobladores de Piedras y Cajamarca (Tolima), quienes a través del mecanismo de la consulta Consulta Popular le dijeron no a la actividad minera, resaltando su tradición agrícola. Valientemente mujeres y hombres de estos territorios se han movilizado en un torrente popular capaz de frenar los voraces apetitos de las multinacionales, quienes arrancan de las entrañas de la tierra todos los bienes naturales posibles, a fin de convertirlos en mercancía y objeto de acumulación de capital, con la complicidad servil del gobierno nacional.

De acuerdo a las mismas normas burguesas, para que los resultados de las consultas populares se apliquen, las autoridades a las cuales les corresponda llevar a cabo lo definido por las comunidades tienen tres meses para hacerlo. Esto obliga tanto a alcaldes, gobernadores, como al Senado y al presidente Juan Manuel Santos, que, en caso de que todas las autoridades que le preceden se nieguen a aplicar lo mandatado por el pueblo, debe expedir un decreto que de dé aplicabilidad a lo ordenado por la comunidad.

Por ello no podemos más que reconocer la capacidad y decisión de todos aquellos que se han atrevido a promover las consultas populares, con el propósito de hacer sentir su voz y truncar los deseos afanosos de las clases dominantes por acabar con el territorio sembrando despojo, miseria y abandono mientras se llenan los bolsillos. Estos resultados se suman al grito de victoria del campo popular, por defender el territorio y construir otro proyecto de vida sobre los mismos.

 

Las elites dominantes reaccionan

Sin embargo, los habitantes de Cumaral, Tauramena, Piedras, Cajamarca y muchos otros municipios del país que se aprestan para realizar consultas populares para poner freno al modelo extractivísta minero-energético, no pueden bajar la guardia ni quedarse allí con el corazón palpitante, por una victoria que los poderosos de siempre buscan aplastar.

Ya lo dijo Francisco José Lloreda, presidente de la Asociación Colombiana de Petróleos: “Los resultados de estas consultas no son vinculantes”; como también lo mismo ha señalado el Consejo de Estado, diciendo que estos resultados no pueden frenar proyectos en ejecución, sino solo a futuro. Con ello va quedando en evidencia que tanto los gremios económicos vinculados a dichas actividades, como las multinacionales y el Gobierno Nacional están maniobrando de todas las maneras posibles, legales e ilegales, para revertir en el terreno los resultados de la palabra de las comunidades que se oponen.

De manera descarada Lloreda señala que pese a la negativa de los pobladores de Cumaral frente a la explotación petrolera, la multinacional China Mansarovar Energy seguirá adelantando los trabajos, que viene realizando de estudio de los hallazgos obtenidos con la exploración sísmica, para definir si perforan, para lo cual ya cuentan con licencia ambiental otorgada por la ANLA (Agencia Nacional de Licencias Ambientales). Esa actitud, lo cual deja al descubierto que las leyes, y todas las normas que las clases dominantes inventan, terminan acomodándose a los intereses del gran capital.

No se cansa el establecimiento en cabeza de Santos de enviar mensajes negativos al pueblo colombiano, diciéndoles que sus preocupaciones no son válidas, que sus puntos de vista no cuentan y que sus decisiones como pueblos organizados pueden ser pisoteadas y echadas a la basura en cualquier momento, por quienes se han adueñado del ejercicio del Poder en el Estado.

Sigue la oligarquía dando muestras contundentes de su desprecio por la participación de la sociedad en las grandes decisiones que les aquejan, buscando reducir la participación a ejercicios estériles que solo permitan dar la apariencia de un remedo de democracia, mientras que el sentido profundo de la voz del pueblo es ignorada, negada y traicionada cuando esta se levanta contra los intereses de la clase en el Poder.

 

La única lucha que se pierde es la que se abandona

Por ello no basta con manifestarse a través de los limitados y controlados mecanismos que la legalidad burguesa ofrece. Éstos, al fin y al cabo, están hechos para que nada cambie y para seguir reproduciendo el modelo económico neoliberal, que se ha dedicado por un lado a entregarle a los súper millonarios todo lo que era público, para que hagan de ello un negocio.

No basta con incentivar las consultas populares y ganarlas a favor del pueblo, es imperativo fortalecer procesos organizativos, de movilización, de resistencia popular y defensa del territorio; es fundamental ganar en la capacidad de confrontación y lucha, contra quienes desde el Estado nos siguen imponiendo sus leyes, sus formas de producir y reproducir el capital, y niegan de paso las posibilidad de preservar la naturaleza y defender la vida.

Sólo mediante el empuje de un potente torrente popular será posible hacer valer ante las clases dominantes, los resultados de la consulta en Cumaral, en Piedras, en Cajamarca, y las que se avecinan en Pijao y Córdoba (Quindío). Solo así será posible abrirse paso en la participación protagónica popular, por las grandes transformaciones que requiere nuestra Colombia, pues mientras se siga negando que la Paz es justicia social y que sólo se puede construir si se transforman las profundas y estructurales desigualdades sociales, económicas, políticas y culturales, seguiremos asistiendo a una paz incompleta, vacía de contenido, de pueblo, seguiremos asistiendo a una simple pacificación, para que quienes detentan el Poder económico, político, militar y mediático sigan siendo cada vez más ricos y poderosos, mientras las inmensas mayorías se siguen hundiendo en el abandono, la miseria y el olvido.

Señor presidente Juan Manuel Santos: la posibilidad de alcanzar acuerdos hacia la construcción de la Paz, empieza por cumplir la voluntad popular auténtica, aquella que demanda transformaciones, respeto por la vida, el territorio y sus sueños de justicia social.

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