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Crisis económica, guerras y declive de la dominación imperialista

Escrito por Observatorio de Coyuntura

Se conmemoran en estos tiempos los cien años del triunfo de la Revolución Bolchevique, acontecimiento que después de la Revolución Francesa impactó sobre todo el mundo, especialmente en la conciencia y la movilización de los pueblos y trabajadores, que en gran parte del globo vieron mejoradas sustancialmente sus condiciones de vida, incluidos los países europeos y los Estados Unidos, que con el propósito de contener el avance socialista impulsaron el “Estado de Bienestar”. El Che, Fidel y otros recogieron su legado, dándole continuidad en las condiciones de Nuestra América, cuyas repercusiones continúan hoy en la movilización popular y en los gobiernos revolucionarios.

 

Trump agudiza la crisis imperialista

En 1913 escribía Rosa Luxemburgo:

“La fase imperialista de la acumulación (como) fase de la competencia mundial del capital, tiene el mundo entero por teatro. Aquí los métodos empleados son la política colonial, el sistema de préstamos internacionales, la política de la esfera de intereses, la guerra. La violencia, la estafa, el pillaje se despliegan abiertamente, sin máscara”.

 

La economía capitalista se mantiene en un ciclo largo de la crisis, desde el momento de recesión y depresión de los años 2007-2009, cuando estalla la burbuja inmobiliaria, colapsando el sistema financiero mundial y afectando el aparato productivo de los países industrializados. En este contexto, EEUU se mantiene a través del endeudamiento exterior, principalmente debiéndole a Japón y China.

 

La deuda de EEUU supera los 20 billones de dólares y por primera vez en la historia, rompe los límites que mantenía el Departamento del Tesoro Norteamericano, cuando Trump emite un decreto para endeudarse por encima de ese tope y esta facultad extraordinaria rige hasta el 8 de diciembre de 2017. Se pronostica que la deuda aumentará de manera pronunciada en los próximos 30 años y que ésta alcanzará el 150 por ciento del PIB en el 2047. También, las reservas del Tesoro estadounidense vienen decayendo, al tiempo que se mantiene un déficit de la balanza comercial, que representó en 2016, 734 miles de millones de dólares.

 

La crisis mundial se mantiene, pero estamos a las puertas de una nueva fase recesiva, que según algunos economistas, cubriría el período 2018-2022. Esta nueva amenaza de recesión tiene asociados factores económicos y políticos: Tiene peso importante el caótico comportamiento del mercado financiero, que pasa en tiempos muy cortos de la euforia de la compra-venta de acciones con promesas ficticias de ganancias, a momentos de caída repentina de los precios de las acciones, ante cualquier señal de peligro. La elección de Trump el 8 de noviembre de 2016, debido a su orientación neoproteccionista, hizo caer en varios puntos todas las cotizaciones de las principales Bolsas de valores del mundo, al tiempo que provocó la caída del valor de las monedas locales frente al dólar, especialmente en América Latina.

 

La gestión de la crisis del capital, por parte del imperialismo norteamericano y sus socios, a partir de la elección de Trump, tiene nuevos componentes: la regulación y/o eliminación de los tratados de libre comercio, la imposición de restricciones a las importaciones para incentivar la producción nacional, en una especie de sustitución de importaciones, el desmonte de la política social de Obama y el control del mercado laboral migrante.

 

EEUU mantiene, aunque con reajustes, la política de guerra e intervención por el control de recursos y los bloqueos económicos y políticos a los competidores globales, especialmente contra Rusia y China.

 

Bajo la orientación neoproteccionista, Trump pretende terminar o renegociar en condiciones más leoninas para sus socios -Canadá y México-, el Tratado de Libre Comercio (TLCAN): con Canadá viene imponiendo cada vez más duros aranceles a la importaciones, especialmente en la industria aérea, mientras con México se aproxima a un bloqueo de su economía, repatriando industrias, expulsando trabajadores y obligando a la construcción del muro fronterizo. Hay un debate a nivel mundial si este aislacionismo empieza a poner en entredicho, cerca de 30 años de globalización neoliberal, o si es un reacomodo del capital imperialista.

 

Tanto la UE como EEUU implementarán la Doctrina del Fomento del Consumo de Productos nacionales en forma de ayudas para evitar la deslocalización de empresas, subvenciones a la industria agroalimentaria para la Instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados, Elevación de los parámetros de calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior y la imposición de medidas fitosanitarias adicionales a los productos de países emergentes. Ello obligará a China, México, Sudáfrica, Brasil e India a realizar costosísimas inversiones para reducir sus niveles de contaminación y mejorar los parámetros de calidad, dibujándose un escenario a cinco años en el que se pasaría de las guerras comerciales al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial” [1].

 

Es decir, se configura un escenario paradójico, donde los EEUU pueden recuperar parte de su economía, pero profundizando la crisis capitalista mundial.

 

La situación de EE.UU. es compleja, debido a su inestable economía y la disminución en su hegemonía mundial, a lo cual se le suma la inestabilidad política que le impone el gobierno Trump, sobre quien pesa la amenaza de la destitución y la incertidumbre de una posible crisis de gobernabilidad. Cada vez con más frecuencia, la prensa norteamericana hace referencia a una destitución de Trump, sumándole los escándalos y las acusaciones de los organismos de inteligencia, que ha llevado a problemas judiciales por contactos con agentes rusos, donde el mayor implicado es un familiar suyo. Son permanentes los enfrentamientos con los demócratas y aún con sectores republicanos y del establecimiento. También ha desatado una abierta confrontación con los medios de comunicación,

 

En el primer año de Donald Trump, como presidente de Estados Unidos, sus pronunciamientos y acciones son impredecibles y contradictorias. Se considera el presidente más impopular en los últimos 70 años y esta primera etapa de su administración se considera como una de las más improductivas de la historia de EE.UU. Su fallida agenda política llena de fracasos legislativos y judiciales como el Obamacare. Si bien su retórica ha sido fundamentalmente anti-inmigrante, Trump ha modificado su posición sobre el tema tantas veces que resulta difícil saber si realmente podrá ejecutar algunas de sus propuestas electorales más radicales. 

 

Su política económica interna se basa en favorecer a los grandes empresarios, eliminando impuestos a la ganancia, así como deducciones y exenciones; mientras que elimina o reduce los gastos sociales. La paradoja de su proteccionismo es que el 90 por ciento de las ganancias, producto del tráfico de cocaína, se lavan en paraísos fiscales administrados por EEUU y el Reino Unido y en inversiones directas en EEUU.

 

Trump plantea que los tratados de libre comercio que se han firmado con varios bloques de países son desfavorables para los EEUU y toma la decisión de salirse de ellos, para renegociar en condiciones más favorables, con cada uno de los países. Rechaza el acuerdo sobre el cambio climático de París, que más de 195 países suscribieron en diciembre de 2015, echándose en contra la comunidad internacional.

 

Para tratar de ganar un mejor posicionamiento internacional, Trump ha asistido a varios eventos internacionales, con resultados contraproducentes, por su carácter arrogante, arbitrario y anti diplomático. Además ha visitado varios países de Europa y últimamente a Rusia y China, tratando de que se intermedie contra Corea del Norte, haciéndola ver como su amenaza principal, cuando en realidad la enfila contra sus objetivos estratégicos: Rusia y China. Se nota mucha contradicción, pues con Cuba echó para atrás acuerdos anteriores, desconociendo la votación mayoritaria en la ONU contra el bloqueo.

 

El actual presupuesto para las fuerzas armadas es de un billón de dólares, aprobado por el congreso el pasado mes de octubre. Esa monumental cifra está destinada, básicamente, a la adquisición de nuevas armas estratégicas, a renovar profundamente la marina de guerra y a la preparación de tropas. El complejo militar-industrial estadounidense se siente omnipotente: Juega con el mundo, pero un pequeño error puede producir la catástrofe.

 

Trump a la hora de la verdad no ha podido desarrollar sus propuestas electorales, teniendo que retroceder a muchos de sus deseos, aumentando el conflicto social que se ha reactivado al interior de los Estados Unidos, llegando incluso a que algunos sectores planteen su revocatoria.

 

Como si lo anterior fuera poco, Donal Trump reconoce a Jerusalén como la capital de Israel, desatando aún más la confrontación con los palestinos y con los pueblos árabes del Medio Oriente. Hay que tener presente que el régimen imperialista norteamericano, es controlado por el complejo militar industrial, el sistema financiero y el lobby israelí, que están por encima de los gobiernos.

 

Además, el afán de ganancias de las transnacionales chocan con políticas proteccionistas, pues siempre preferirán la inversión donde la mano de obra sea más barata y se ofrezcan mejores condiciones jurídicas y tributarias para sus capitales.

 

Europa, sin superar su crisis

En Europa, a pesar de que en agosto de 2017 la Comisión Europea dio por terminada la crisis, la situación de inestabilidad, desempleo y poco crecimiento se mantiene. La promesa de la UE de ser un gran techo donde todos avanzan es una falacia y se mantienen las desigualdades entre países. El desempleo en países como Grecia (21,7%), España (17,1%) o Italia (11,1%), es varios puntos superior a la media europea. El panorama es aún más preocupante en cuanto al desempleo juvenil que supera el 45% entre los jóvenes griegos y el 39% entre los españoles [2].

 

La reivindicación de la autonomía sigue siendo un serio problema en Europa y hoy se concentra en España con la declaración de independencia de Cataluña, aspiración respondida con brutalidad represiva por el gobierno español. El proceso de separación de Gran Bretaña aprobado en consulta el pasado año está pendiente de mayores desarrollos que tiene grandes repercusiones en la Unión Europea.

 

Hacia Europa continúan llegando las oleadas de refugiados a causa de las guerras desatadas por la OTAN, en el Medio Oriente, el Asia Central y el Norte de África. Esto puede implicar otro tipo de consecuencias, no sólo en lo económico sino también en el plano cultural y político, sobre todo las reacciones  xenofóbicas y racistas y la persecución a quienes profesan el Islam; reacciones que se expresan en los avances en la disputa de los gobiernos por parte de partidos neofascistas. Europa está pagando el costo de esas intervenciones, pues las inmigraciones resultaron incontrolables.

 

La escalada de partidos neofascistas va de la mano de un proceso neoconservador de la sociedad en su conjunto, por otra parte, son las clases trabajadoras empobrecidas por décadas de gobiernos neoliberales y el desmonte del estado de bienestar, las que apoyan a estos partidos. Junto a la persecución y el echarle la culpa a los migrantes, estos partidos retoman las ideas más conservadoras sobre la familia en contra de las diversidades sexuales y el aborto. Austria, Alemania, Francia, Polonia, Grecia, Gran Bretaña, son países con partidos neofascistas en ascenso electoral.

 

Con una Europa aún muy dependiente de los designios políticos norteamericanos, pero necesitada de inversiones, el escenario de proyección y ampliación de los planes chinos está servido. A pesar que el crecimiento económico chino se ha desacelerado, su dinámica de comercio exterior viene creciendo: “En el año 2016, por primera vez la economía china superó a la estadounidense en el crecimiento de compras en el exterior” dicen analistas económicos rusos, al tiempo que “En los últimos seis años —de 2010 a 2016— China ha realizado inversiones directas en los países de la Unión Europea por valor de unos 100.000 millones de euros, informó el Instituto de Estudios Chinos de Berlín (MERICS)” [3].

 

La Unión Europea nuevamente está en una encrucijada, ya que EE.UU. la presiona para que apoye las sanciones contra Rusia; Sin embargo, depende del gas ruso, pero para obtenerlo debe desobedecer el mandato estadounidense. 

 

Guerra y reactivación de la economía imperialista

Como la guerra es el principal mecanismo del capitalismo para solventar sus crisis, el mundo padece las permanentes agresiones imperialistas, invadiendo países, destruyendo o conspirando contra los gobiernos que no son sumisos, saqueando materias primas, imponiendo regímenes que le permitan controlar mercados. El arsenal militar, incluido su dispositivo nuclear, sigue siendo empleado como gran garrote y fuerza disuasiva; los dineros ilegales, especialmente los del narcotráfico irrigan y lubrican las finanzas norteamericanas en un negocio redondo que incluye el tráfico de armas fabricadas por la industria militar de ese país.

 

La triple alianza imperialista - EE.UU, Japón y las principales potencias europeas- se mantiene y tiene como punta de lanza militar a la OTAN, donde los Estados Unidos siempre llevan la delantera.

 

El estado de guerra permanente ha desencadenado una gigantesca crisis humanitaria que se ha hecho evidente en las migraciones, pero se deben sumar los asesinatos, saqueos, destrucción del medio ambiente y la cultura de los pueblos y la devastación de países enteros, como otros signos de degradación del conflicto mundial.

 

Con Trump en el gobierno, se presenta una repotenciación de la industria militar norteamericana, la cual para la realización de sus mercancías necesita guerras permanentes. Estados Unidos abastecen el 55% de las armas a nivel mundial.

 

La OTAN sigue siendo la principal maquinaria legal del imperialismo para la destrucción y muerte, aunque Trump viene cambiando las formas de relacionamiento, para darle más juego directo a la industria y tropas militares norteamericanas. En la cumbre de la OTAN en mayo de 2017, Trump exige mayor contribución financiera y empezó a socavar el tema de la defensa multilateral, puesto que le parece más rentable pactos bilaterales.

 

Lo que sigue en pie del diseño de guerra global es la creación de ejércitos ilegales, para luego combatirlos. El combate al terrorismo, hoy encarnado en el Estado Islámico, permitió, en el caso Sirio, un pulso entre EEUU y Rusia, cada uno con sus aliados, y para cada parte un terreno fértil para los negocios bélicos. Rusia activó nuevamente sus bases militares y EEUU y la OTAN movieron buques, aviones y fuerzas de tierra en franca competencia, tratando de ganar un mejor posicionamiento geoestratégico.

 

El triunfo de la alianza militar Ruso-Siria, a la cual se suma Irán, milicias chiitas, el movimiento libanes Hezbolá, los palestinos y una fuerza de la resistencia yemení, lo cual implica un cambio en la correlación militar de fuerzas mundial desfavorable al imperialismo, a la vez que representa una contención a los planes expansionistas de la OTAN en el Medio Oriente.

 

El Estado Islámico por su parte, ha activado un nuevo frente de batalla, esta vez con ataques terroristas en las capitales europeas y en los mismos EEUU, en lo que los expertos dicen será una larga guerra de desgaste.

 

La política global de EEUU sigue apuntando a aislar a Rusia, por ello la mayoría de golpes han sido para afectar sus espacios de influencia, como es Ucrania, puerta de entrada a Europa. Pero el acierto de Rusia ha sido el responder oportuna y contundentemente, en el caso de Ucrania toma rápido control de la estratégica península de Crimea, que le da control sobre el Mar Negro.

 

Los EEUU saben que la consolidación de la alianza estratégica Rusia-China, va creando una nueva forma de multipolaridad, esto es lo que viene en camino para lo político, económico y militar. A lo anterior se suma el avance de los BRICS, que en septiembre de 2017 realizaron la IX Cumbre, ratificando su empeño por construir un nuevo orden económico mundial, estableciendo nuevas relaciones de cooperación y otros términos financieros. También muestran un crecimiento económico importante, donde sobresalen India, China, y Suráfrica, así como Rusia que salió de la crisis, mostrando también crecimiento.

 

En este período se escaló el conflicto entre los EEUU y sus aliados asiáticos contra Corea del Norte, que se ha convertido en un alfil de China en la disputa geopolítica mundial. China y Rusia han impedido que se sancione económicamente a Corea o que se le imponga terminar su programa nuclear. El conflicto con Corea del Norte ha servido de pretexto para reactivar la carrera de armas nucleares y de destrucción masiva en las principales potencias del mundo. No obstante, Corea del Norte en su legítimo derecho a la defensa y en ejercicio de su soberanía se ha mostrado firme en su propósito, haciendo pruebas balísticas como mecanismo disuasivo frente a un eventual ataque del imperialismo.

 

Tanto China como Rusia han mostrado un trato diferente con sus aliados, tanto de su zona de influencia, como del mundo; mientras el imperialismo basado en la triple alianza, tiene a la guerra, el injerencismo y la intervención como sus armas para generar dependencia, subyugación y sumisión; en cambio, Rusia y China plantean su política exterior fundamentado en relaciones de cooperación y complementariedad, respeto a la soberanía en el área económica, militar y tecnológica, como sucede en las relaciones Ruso-iraníes, Ruso-Bielorrusas o Ruso-venezolanas. Esto no niega que dichos países se muevan con base en intereses de ampliar mercados e inversiones de capitales, como es el caso de África, en donde China tiene inversión en 53 de los 54 países de ese continente. La base militar China de Yibuti en el Cuerno de África, está concebida en función de proteger sus inversiones.

 

La política de China en expansión

Se fortalece la alianza política y económica entre Rusia-China, debido a que China tiene una gran capacidad de producción, caracterizada por su infraestructura, mano de obra barata, un gran mercado de consumo y el ascenso de su moneda. Mientras que Rusia brinda recursos energéticos, de tecnología y bélicos. Sin embargo, China empieza a actuar con libertad en cuanto a sus inversiones, frente a una Rusia que es blanco de nuevas y más fuertes sanciones económicas. Las más recientes aprobadas por el Congreso norteamericano centran su ataque a impedir el desarrollo del sector minero energético ruso.

 

“El proyecto de China denominado “Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda” es el plan más ambicioso en materia de integración económica y comercial, que jamás se haya diseñado en la historia de la humanidad. Aunque el objetivo central es crear un gran espacio que permita la comunicación directa entre Asia y Europa, en el trasfondo se estará construyendo una plataforma que indudablemente propiciará el debilitamiento de la hegemonía estadounidense, por primera vez en más de un siglo” [4].

 

Durante los años 2014, 2015 y parte de 2016, las principales expectativas económicas del mundo se orientaban hacia el Pacífico, con la constitución de una gran zona de comercio y negocios bajo el TPP -Tratado Transpacífico-. Sin embargo una de las primeras acciones de gobierno de Trump fue sacar a los EEUU de este tratado, abriendo una disputa entre Canadá y Australia por su liderazgo y dejando a China la posibilidad de entrar a controlar la iniciativa. Desde comienzos del 2017 se realizan negociaciones para poner a andar los negocios, con China como principal defensora de la globalización y el libre comercio y los EEUU como su mayor contradictor. 

 

Al avance de China se suma la decisión de esta potencia de impulsar al yuan como un nuevo patrón monetario que logre competir y superar al dólar,  moneda que hace parte de la canasta internacional. El petro-yuan al momento ya cuenta con el beneplácito de Venezuela e Irán que empezaron a hacer los negocios petroleros con el nuevo patrón monetario. Esto implica una nueva arquitectura monetaria y una lucha por un nuevo orden monetario mundial.

 

Los cambios históricos a escala mundial, expresados con claridad por el presidente Xi Jinping, están presentes en la visión, la estrategia y el programa del XIX congreso del Partido Comunista, realizado en octubre de 2017 y están basados en una evaluación rigurosa del pasado y el presente de China. Las primeras directrices estratégicas establecidas, subrayan las prioridades macroeconómicas, macrosociales y militares para los próximos cinco, diez y veinte años. Se ha comprometido a reducir la contaminación en todas sus manifestaciones, mediante la transformación de una economía basada en la industria pesada, en otra basada en los servicios de alta tecnología, pasando de los indicadores cuantitativos a los cualitativos.

 

En segundo lugar, China quiere aumentar la importancia relativa del mercado interno y reducir su dependencia de las exportaciones. Ampliará la inversión en sanidad, educación, servicios públicos, pensiones y subsidios familiares. China busca la eliminación total de la pobreza en cinco años.

 

En tercer lugar, China tiene previstas fuertes inversiones en diez sectores económicos prioritarios. Entre ellos se encuentran la maquinaria informatizada, la robótica, vehículos de bajo consumo, aparatos médicos, tecnología aeroespacial y transporte marítimo y ferroviario. Se propone invertir 3 billones de dólares para mejorar la tecnología de los sectores esenciales, incluyendo vehículos eléctricos, ahorro de energía, control numérico -digitalización- y otras diversas áreas. Asimismo, planea incrementar la inversión en investigación y desarrollo del 0,95% al 2% del PIB.

 

China se ha convertido en el máximo propulsor de las redes de infraestructura global con su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, que atravesará Eurasia. Los puertos, aeropuertos y ferrocarriles de construcción china conectan ya veinte ciudades chinas con Asia Central, Asia Oriental, Sudeste Asiático, África y Europa. China ha construido un banco multilateral, que ya está en operaciones: el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura -que cuenta con más de 60 naciones miembros-, contribuyendo con 100 mil millones de dólares para su financiación inicial.

 

La economía digital de Pekín se encuentra en la actualidad en el centro de la economía digital global. Según un experto, “China es el líder mundial en pagos realizados a través de dispositivos móviles” -11 veces más que EE.UU.-. Una de cada tres empresas emergentes en el mundo, valoradas en más de 100 mil millones de dólares, nacen en China. Se ha adaptado la tecnología digital a los bancos estatales con el fin de evaluar los riesgos en los créditos y reducir en gran medida los créditos malos. Esto permitirá crear a la financiación un nuevo modelo dinámico y flexible que combine la planificación racional con el vigor emprendedor.

 

Como resultado, el Banco Mundial, controlado por Estados Unidos y la Unión Europea, ha perdido su posición crucial en las finanzas globales. China ya es el principal socio comercial de Alemania y está a punto de convertirse en el principal socio comercial y aliado contra las sanciones de Rusia. China ha ensanchado y extendido sus misiones comerciales por todo el planeta, reemplazando el papel que desempeñaba Estados Unidos en Irán, Venezuela y Rusia y en todos aquellos lugares en los que Washington ha impuesto sanciones beligerantes.

 

Aunque China ha modernizado sus programas de defensa militar e incrementado el gasto en dicho campo, casi todo el énfasis está puesto en la defensa interna y la protección de las rutas comerciales marítimas. China no ha participado en una sola guerra en las últimas décadas.

 

Bajo la presidencia de Xi Jinping, China se ha dotado de un sistema de investigación y jurídico que ha propiciado la persecución y detención de más de un millón de funcionarios corruptos en el sector público y de empresarios privados. El estatus elevado no es garantía de protección en la campaña anticorrupción del gobierno: más de 150 miembros del Comité Central y plutócratas multimillonarios han sido purgados. También es significativo que el control central sobre los flujos de capital (hacia el exterior y hacia el interior) permite la asignación de recursos financieros a los sectores productivos de alta tecnología, al tiempo que limita la fuga de capitales o su desvío hacia la economía especulativa.

 

Como resultado de todo ello, el PIB de China ha venido creciendo del 6,5% al 6,9%, cuatro veces superior al ritmo de crecimiento de la UE y tres veces el de EE.UU.

 

En cuanto al ámbito de la demanda, China es el mayor mercado mundial (y sigue creciendo). La renta aumenta, especialmente para los trabajadores asalariados. El presidente Xi Jinping ha afirmado que el capítulo de las desigualdades sociales es el principal objetivo a mejorar de China en los próximos cinco años, así como en sus futuros logros.

 

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[1] ¿Los Estados Unidos al borde del default? Fernando Del Corro. En: https://www.alainet.org/es/articulo/187611

[2] ¿Ha superado realmente Europa la crisis? Los salarios y el desempleo desmienten a Bruselas. Beatriz Ríos y Daniel Viaña. En: http://www.elmundo.es/economia/macroeconomia/2017/08/10/598b57dfe2704e89158b45d0.html

[3] Сómo la China comunista se convirtió en la dueña de la UE. En: https://mundo.sputniknews.com/economia/201710011072794311-china-ue-inversiones-compras-activos/

[4] El proyecto estratégico más importante de la historia. Sergio Rodriguez Gelfenstein. Barómetro Internacional.

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