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Cambios y Continuidades del Mundo Capitalista

Escrito por Ximena Solano Sepúlveda

Desde distintas corrientes de pensamiento se señala la inminente existencia de un cambio en el sistema-mundo capitalista. El neoliberalismo, que se presentó como la única alternativa a  la derrota del campo socialista, se quedó sin existencia posible como consecuencia de los estragos que propició alrededor del mundo.

 

La inminente crisis del neoliberalismo: Se reacomodan las potencias

La crisis actual del capital es una de las mas agudas de toda su historia ya que se ha prolongado mas que las anteriores, significando a los capitalistas menores ganancias en perspectiva histórica; se puede caracterizar como la crisis del modelo neoliberal tal como lo conocíamos. Este modelo que implantó la financiarización de la economía y el desmonte de los derechos sociales, generó una crisis al interior de la oligarquía mundial y evidentemente una agudización de los conflictos sociales.

Después de mas de dos décadas, queda un mundo que con la paradoja de la frontera abierta y el libre mercado, desterró a los pueblos de sus países y creo la crisis de desplazamiento forzado mundial mas grande de la historia.

De la promesa de crecimiento económico a través del sistema financiero queda un mundo en recesión económica, devastado por la multiplicación de las guerras  y la desintegración de la “era global”. Por ejemplo, los productos financieros en 2008 representaron 11 veces el Producto Bruto Mundial mientras que en el 2015 solo lo representaron 6 veces con una tendencia decreciente. El mundo se desdolariza, el yuan chino avanza y distintas naciones hacen transacciones en sus propias monedas.

Así la hegemonía estadounidense sobre el sistema va en descenso. Ante la crisis financiera, los países que han logrado recomponer su economía alrededor de otros sectores como el industrial, energético, comercial y armamentístico principalmente, logran desafiar a EEUU y Europa. En  esta disputa cobran importancia las guerras propiciadas por estas potencias en el medio oriente como comodín para salir de la crisis o reacomodarse en el sistema mundo, sin resultados favorables como lo demuestra el caso de Siria.

La incertidumbre sobre la recesión y la falta de conducción del sistema, demuestran la incapacidad de la oligarquía mundial de afrontar este momento, generando políticas contradictorias, de ensayo-error para salvarse como parte. Es por esto que podríamos caracterizar este momento como el de la apertura temporal de un mundo multipolar, donde el reacomodamiento de las potencias definirá quien o quienes detentarán  la hegemonía mundial.

Así mismo los pueblos del mundo han respondido a la política de “sin techo, sin empleo y sin seguridad social”, que ha dejado parados a la mayoría de Europeos, Estadounidenses y latinoamericanos, a través de levantamientos y movilizaciones masivas. España, Grecia, Francia, Siria, México, Gran Bretaña y el corazón mismo del imperialismo estadounidense han sentido la fuerza con la que los pobres del mundo han rechazado el modelo. Sin embargo, ante la incapacidad de canalización de este disgusto por parte de fuerzas alternativas y como respuesta capitalista a la crisis, ha surgido una “alternativa” al libre mercado que poco tiene de alternativa y mucho de continuismo.

 

La respuesta a la crisis: Proteccionismo y Fascismo Internacional

Las elecciones del 2017 marcarán las tendencias políticas y económicas de occidente en esta nueva era. Holanda, Francia y Gran Bretaña se suman a las elecciones estadounidenses bajo el mismo esquema: la existencia de partidos de derecha o socialdemócratas en desventaja para volver al poder fruto de la crisis, los cuales se enfrentan a partidos de ultraderecha que han canalizado el descontento popular y se erigen como “alternativa” al fracaso del sistema mundo.

El fascismo ha sido una herramienta utilizada por el mismo capitalismo en sus momentos de crisis, y se convierte en la respuesta política actual en la disputa inter-oligarquica por la hegemonía mundial. El proteccionismo económico es el paso posible de EEUU y Europa para salir de la recesión, así como los sentimientos xenófobos son la “lavada de manos” a la crisis humanitaria mundial generada por el mismo sistema.

El fascismo no es entonces ninguna alternativa al modelo neoliberal, sino un reciclaje del capital, una respuesta a la crisis de hegemonía que se generó en las sinsalidas propias del sistema. 

El proteccionismo se convierte en la posibilidad de relanzar a EEUU y Europa después de un profundo proceso de recomposición interna de la economía, volviendo a priorizarse  el comercio, la energía y la industria como revitalizadores. La desintegración de la Unión Europea como paradigma a partir del “Brexit”, la derrota de la OTAN y su cuestionamiento como organismo,  y la renuncia de EEUU al Tratatado Transpacifico demuestran que en un momento de economía destruida, la integración no es útil a esta parte del capital.

Otra es la mirada que de Rusia, Irán y China se puede hacer frente a la crisis. Al ser potencias en ascenso que sufrieron menos la crisis financiera, se encuentran en un momento de ventaja táctica frente a Europa y EEUU, lo que les permite generar alianzas económicas y políticas para ganar posiciones en esta disputa. Esta es la razón de la insistencia del presidente Trump de profundizar una guerra antimusulmana mientras genera amistad con Moscú, dividir el polo que le resta fuerza.

Ni el proteccionismo, ni el fascismo, ni la alianza entre potencias, son salidas a la crisis. Estas respuestas reducen la crisis a un problema inter-capitalista de ganancia económica, cuando en el fondo la crisis del  capital es realmente una crisis de civilización, donde la supervivencia de la humanidad, del ambiente y en general el mundo en el que vivimos se ve amenazada. Una disputa inter-oligarquica nunca será una salida a las necesidades de la humanidad mientras no transforme los postulados mismos de acumulación desmedida del capital, que perpetúa la desigualdad para los pobres del mundo.

Las consecuencias sociales de este proceso han sido y seguirán siendo devastadoras. La crisis de refugiados y la xenofobia, el desempleo, la discriminación social, económica y cultural, la continuidad de la recesión y de la guerra, y la consolidación de proyectos nacionales excluyentes serán la muestra del fracaso de esta supuesta alternativa.

 

Las posibilidades y urgencias para los pueblos

El panorama anteriormente expuesto abre posibilidades y exige respuestas de los pueblos del mundo en su lucha contra la desigualdad del sistema capitalista. La izquierda mundial, que en condiciones desfavorables frente a la oligarquía internacional, ha sido incapaz de generar proyectos nuevos que se conviertan en una alternativa mas viable que la “alternativa” que brinda el fascismo, tiene que replantear sus métodos y prácticas políticas.

El ascenso del fascismo internacional, incluye la consolidación de un movimiento social nacionalista  profundamente peligroso. Esto implica una urgencia primaria de defensa y consolidación de movimientos sociales alternativos que rechacen éstas políticas. Como lo hemos visto en el caso de Estados Unidos o Inglaterra la movilización popular va en aumento, con la posibilidad de hacer un hueco profundo dentro del propio Imperio.

Ante el cierre de fronteras de las potencias, la integración regional es la respuesta acertada. Solo la integración puede facilitar una lucha contra la derechización de los continentes. El aislamiento tanto de las luchas como de gobiernos contrarios a la depredación capitalista no permitirán  configurar alternativas reales a un sistema que aunque parezca aislado, en el marco de su propia guerra, seguirá actuando globalmente contra la mayoría de la humanidad.

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