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Camilo Torres y el Papa Bergoglio

Escrito por Comandante Nicolás Rodríguez Bautista

El pasado 9 de Julio, al finalizar su discurso frente a los movimientos populares congregados en Santa Cruz Bolivia, el Papa Francisco hizo referencia a los sacerdotes y laicos, que “predicaron y predican la buena noticia de Jesús con coraje y mansedumbre”.

Estaba yo sentado ese día, bajo el cobijo de frondosos árboles, que evitaban que la luz del televisor reflejara hacia afuera, para ser percibida por la aviación enemiga. Cuando el Papa hizo esta mención, rememoré diversos momentos que compartí con el Camilo que yo conocí.

Por estos días, se conmemoraran los 50 años de la partida de este legendario sacerdote, sociólogo, dirigente popular y guerrillero; sus huellas en mi vida de luchador, han sido lo suficientemente profundas, para sentir aquellas vivencias como si hubiesen ocurrido hoy... me parecía verlo de nuevo fumando su pipa, el pelo alborotado y hablando con alguno de mis compañeros de entonces o conmigo mismo, para indagarme sobre mi familia y por los motivos que me habían llevado a ser guerrillero, cuando aún no había cumplido los 14 años.

Aunque Camilo tenía una mirada y aspecto sereno y ecuánime, siempre estaba atento a todo. Su afán por aprender era incansable, su pasión de investigador lo invadía, era feliz hablando con la gente, siempre cargaba libros y con la misma intensidad que los leía, se esforzaba para que los demás entendiéramos la importancia de sus contenidos.

Al día siguiente de haber llegado a nuestro campamento, el campesino dueño de la casita donde estábamos, amolaba un hacha y Camilo lo observaba atento sin interrumpirlo, una vez acabó, lo miró y acercándose a él, entabló una conversación, en la que el campesino terminó narrándole sus vivencias durante la época de La Violencia, cuando los liberales asaltaron a los conservadores en el municipio de Santa Elena del Opón; luego Camilo tomó notas en una libreta, como casi siempre lo hacía.

Su cara siempre reflejaba alegría y optimismo, nunca le escuché decir que algo no podía hacerse y su esfuerzo personal era arrollador, aunque era notorio que adaptarse a la montaña le costaba bastante y sólo lo iba logrando por su persistencia.

Su barba le fue poblando la cara, tanto porque no teníamos cuchillas de afeitar como porque tampoco se preocupaba por rasurarse. Su pipa la llenaba, la prendía y la fumaba con deleite mientras leía o conversaba. Su boina y su vestimenta guerrillera lo hacían muy distinto a un cura de sotana, pero sus gestos, conducta y manera de tratar a los demás lo hacían ser el inconfundible sacerdote que fue.

Pocos días después de incorporado a la guerrilla rural, el camarada Pedro Vázquez Rendón, dirigente del recién creado Partido Comunista Marxista Leninista llegó a nuestro campamento, que era distinto a donde había llegado Camilo.

Para ese momento Camilo se encontraba “desaparecido” para la población colombiana, todos se preguntaban qué había pasado con él. Y aunque el camarada Vázquez Rendón se había reunido varias veces con Camilo en Bogotá, ahora estando juntos durante más de 24 horas, no se percataba que ese guerrillero de boina, fusil y vestimenta militar, era el sacerdote que acompañaba a los estudiantes en las manifestaciones, el que había ejercido como capellán de la Universidad Nacional y el que ocupaba las primeras páginas de los diarios, porque la jerarquía católica no le permitía pensar diferente, respecto a cómo asumir el evangelio y ejercer el sacerdocio.

Fue necesario que Fabio Vázquez, el primer mando del Ejército de Liberación Nacional en ese momento, los presentara; luego de ello se abrazaron, se rieron a carcajadas y hablaron largamente.

Como el tiempo corría, a Camilo le angustiaba que el pueblo no supiera de su paradero, algunos especulaban que se había regresado a estudiar a Bélgica, otros decían que estaba en Cuba hablando con Fidel y no faltó quien dijera, que Isabelita su madre, le había prohibido las actividades políticas.

Para entonces los jerarcas de la iglesia evitaban hablar del tema de Camilo, porque ya lo habían obligado a “colgar los hábitos”.

Camilo nos convocó una tarde de finales de diciembre, cuando ya se anunciaba el año nuevo y el día anterior lo habíamos celebrado, con una suculenta comida de cerdo y un par de traguitos de vino.

Sentados sobre troncos de madera, formando una media luna con Camilo al frente, se agarró las manos y dijo mirándonos cariñoso y altivo, que era necesario explicarle al pueblo sobre su desaparición e incorporación a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional; a casi todos nos preguntó lo que él debía explicarle a la población y varios le dimos opiniones, hoy entiendo que él tenía claro lo que debía decir, pero recogió nuestros aportes. Enseguida se sentó a redactar lo que se convertiría en la histórica Proclama de Camilo, hecha pública el 7 de enero de 1966, en la que explicó los motivos de su vinculación a nuestra guerrilla.

En esos tiempos no existía el Internet y era demasiado escasa la televisión. Un correo humano llevó aquel manuscrito y las primeras fotos de Camilo vestido de guerrillero a Barrancabermeja y Bucaramanga en Santander, donde se reprodujo en mimeógrafo por millares y se entregó a los medios de comunicación, que la difundieron con llamativos titulares, como el de Vanguardia Liberal de Santander, que en su primera página tituló: “Camilo Torres jefe de bandoleros”.

Unos días antes, Fabio me había ordenado darle a Camilo un entrenamiento básico de guerrillero. Él lo tomó muy en serio y me motivó para que le enseñara con todo rigor; la parte teórica la anotó en una libreta y la práctica la desarrolló con un esfuerzo que no dejaba duda de su empeño por aprender.

Cuando los medios especulaban sobre el hecho, de que ahora, Camilo era guerrillero y algunos obispos lo acusaron de “estar poseído por el demonio”, una operación militar de la Brigada quinta del ejército, conducida por el coronel Álvaro Valencia Tovar, nos hizo cambiar de área y disponernos a enfrentar al enemigo. Esto nos condujo a la realización de la emboscada, donde Camilo cayó en combate.

Ese fatídico 15 de Febrero de 1966 partió en dos, la vida del Ejército de Liberación Nacional y del pueblo colombiano, mientras los enemigos de Camilo se regocijaron por haber matado a un bandolero, su pueblo lo lloró, los Elenos también lo lloramos y su digna partida fue defendiendo lo que consideró suyo y justo.

Son los mismos sueños que nos han hecho caminar hasta acá y seguir abrazando los ideales, que compartimos con el inigualable dirigente, al que hoy le rendimos homenaje continuando el sendero que nos ayudó a recorrer. Por esto Camilo sigue vivo en el corazón del pueblo y del Ejército de Liberación Nacional.

Camilo camina por los campos y ciudades latinoamericanas. Camilo es patrimonio de los cristianos, porque como Jesús, sacrificó su vida por el bien, la justicia y la paz de sus pueblos.

En este 50 aniversario de su partida, seguimos caminando con Camilo, por sus ideales y sueños que son los de todas y todos los revolucionarios, por la justicia y equidad social y por la paz definitiva para este pueblo y este país, que tanto lo necesita y lo merece.

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