El 9 de abril, día en que se conmemora el asesinato del líder popular Jorge Eliecer Gaitán, el establecimiento decidió conmemorar el Día Nacional de las Víctimas, no con la intención de homenajearlas, sino de borrar de la memoria del pueblo colombiano el día en que ante el asesinato de su líder, la oligarquía lo llevó a tomar las armas para defenderse y proseguir la lucha.

Desde entonces el régimen ha pretendido convertir a las víctimas en una marioneta cuyos hilos se muevan dependiendo de los intereses del momento. Por eso dicha conmemoración en nada se compadece con su situación actual, pues éstas después de más de 50 años de conflicto reciente y más de 200 años de colonización, siguen siendo utilizadas para las campañas políticas y electorales, aún en su propio día.

Como si se tratara de una telenovela o un show de caridad, los medios de comunicación, dedicados a exaltar las emociones, las vulneran cada vez que se refieren a ellas. Es usual, como en el caso de Mocoa, ver presentadores que de manera compasiva les hacen preguntas sin ninguna intención periodística, esperando que éstas les ayuden a los camarógrafos a enfocar las lágrimas que aumentan la audiencia televisiva.

Ante las peores masacres paramilitares los medios escondieron el dolor de las víctimas, pero otro fue su enfoque cuando se atrevieron a decir descaradamente que los militares eran víctimas del conflicto, porque la población, como en el caso de las comunidades indígenas del Cauca, no los quería en sus territorios.

Este manejo mediático donde unas víctimas se visibilizan y otras no, donde unos se llaman víctimas sin serlo y donde quienes sí lo son, se ven utilizados para subir los raitings de las noticias, tiene como fin eliminar de la condición de víctimas la memoria y la garantía de no repetición. Despojar a las víctimas de su capacidad de hablar de las causas y los responsables del conflicto, y por lo tanto de la responsabilidad del Estado en que estos hechos ocurrieran y sigan ocurriendo, es la táctica escogida por la oligarquía para quitarle el sentido a la palabra víctima y reducirla a la palabra lástima.

Pero no solo le mantiene restringido su sentido político, sino que pretende utilizarlas para la contienda electoral como caldo de cultivo de posibles electores. En el caso de Mocoa, el total del gabinete ministerial se trasladó con la supuesta intención de hacerle frente a la situación. Lo cierto es que la mayoría del gabinete renunciará en los próximos meses para unirse a la campaña de sus respectivos barones electorales y por lo tanto los planes de reconstrucción del municipio se convertirán en promesas de los candidatos a las distintas corporaciones públicas quienes a costa de los afectados generarán nuevos votantes.

Cuando las víctimas son quienes se oponen a la clase en el poder de manera directa son culpabilizadas y negadas de manera permanente. El episodio que Gloria Gaitán sufrió en el Congreso de la República, el mismo día del aniversario de la muerte de su padre, demuestra el poco respeto que le guarda la oligarquía a las víctimas del Terrorismo de Estado. Gloria Gaitán señaló que los paramilitares la convirtieron en objetivo militar por mantener viva la herencia de su padre, y que el expresidente Uribe decidió destituirla de la Casa Museo Gaitán e interponerle más de 44 demandas para justificar su accionar, revictimizando a quien ya había sido víctima del conflicto.

Ante la memoria y la verdad, el ex-Presidente Uribe opuso la estigmatización, alegando que le negaron su derecho a réplica, y que él también tenía derecho a hablar porque era víctima de la violencia; !!!oh cinismo!!!. Ante la rabia de quienes han sufrido el terror narcoparamilitar, los uribistas que ahora se llaman víctimas, llamaron a las verdaderas víctimas vagos y mentirosos, mientras su discurso callejero se convirtió en su segundo acto de campaña política hacia el 2018.

Que decir de las víctimas que hoy en día en intención de retornar a sus tierras despojadas y recuperar la dignidad de sus seres queridos, son recibidos por ejércitos antirestitución que cuentan con el aval político de la clase dirigente, que aún luego de 50 años del conflicto reciente sigue teniendo planes económicos transnacionales para las tierras que una vez usurpó.

Los campesinos no solo no pueden retornar a sus tierras, sino que siguen siendo vinculados por parte de la derecha a la insurgencia por medio de su brazo ilegal, poniendo en riesgo su vida y su integridad, mientras de manera cínica señalan que votar por la otra derecha es la única manera de reconstruir su vida.

Así, en un país con más de 10 millones de víctimas, su memoria, sus intenciones y proyecciones de vida parecen ser gritadas a oídos sordos que siguen pensando que lo bueno del posconflicto es que con él se ganarán votos y dinero a costa de la inversión extranjera.

La palabra víctima debe estar acompañada de la palabra dignidad. No es posible que en la actualidad no exista un debate serio sobre las causas del conflicto social, político y armado, la responsabilidad del Estado en su desarrollo, y peor aún, no exista ninguna muestra de voluntad de sacar la violencia de la política.

Para el ELN las víctimas no solo deben ser escuchadas, sino que deben dirigir los esfuerzos de un nuevo momento para el país, como hemos señalado todos los dolores cuentan, y el conjunto de las víctimas son el centro de la solución política. 

 

 

El Secuestro de La Democracia

Lecciones del Gaitanismo III

Autor: Gabriel Antonio Gaitán.

 

"Bastará que las masas lleguen a un plano de relativa conciencia para que el rompimiento se presente  y comprendan la trivial verdad  de que sus intereses no pueden ser resueltos  por quienes tienen intereses contrapuestos".

Jorge Eliecer Gaitán

 

Luego del magnicidio contra Jorge Eliecer Gaitán y las gentes pobres de los años 40 a manos de la élite criolla en cabeza de los directorios del partido conservador y liberal por mandato del imperialismo norteamericano con su agencia de crimen internacional conocida como la CIA, la  historia de la democracia colombiana se ha ido amañando por parte de la oligarquía para mantener sus privilegios y turnarse el poder de abuelos a nietos.

En esta época podríamos decir que inicia la consolidación de los métodos por los cuales la oligarquía se enquista en el gobierno y niega la alternancia natural del poder político en una democracia, sin importar que para ello deba asesinar, aterrorizar y cambiar cuantas veces le parezca las reglas de la contienda electoral.

Un claro ejemplo de esto es que a pesar de autodenominarse como la democracia más antigua del continente, en estos más de 200 años de vida republicana, nunca ha existido un gobierno de izquierda o al menos demócrata a la cabeza del país. Y no se puede decir que haya sido por falta de iniciativa de la izquierda o los sectores populares, pues experiencias de estas hay por montones como el caso del primer partido socialista en América Latina a la cabeza de María Cano y Eduardo Mahecha en los años 20, el movimiento Gaitanista en los 40, el Frente Unido de Camilo Torres para la década del 60 y más reciente los casos del Frente Popular, la Unión Patriótica y A Luchar o la Alianza Democrática en los años 90,  todos en el siglo pasado.

Todas esta experiencias asesinadas, silenciadas y desaparecidas por la clase dominante que no tolera ni siquiera el riesgo de ver amenazados sus intereses y opta por la violencia abierta y la exclusión política en contra de quienes luchan por los intereses de las mayorías.

El asesinato de los líderes de estos movimientos no ha sido el único método para negar el triunfo de los intereses populares en las contiendas electorales, como si esto no fuera suficiente la oligarquía colombiana se acostumbró a cambiar las reglas del juego de manera caprichosa. Es así como crean el Frente Nacional luego de matar a Gaitán para asegurarse en el poder sin la legitimidad de las mayorías en las urnas, lo que es similar a una clara dictadura oligarca.

También es costumbre bañar con un manto de supuesta ilegalidad las legítimas demandas del pueblo con la criminalización de la protesta social que mantiene encarcelados a más de 7000 presos políticos o negando las aspiraciones de partidos y movimientos que no logran sus estándares amañados de legalidad como ocurrió con el Partido Comunista, la Unión Patriótica y personalidades de la izquierda destituidas de la contienda política por aspirar a cambios en favor de las mayorías.

Otro acto recurrente es modificar las leyes a su acomodo utilizando todo tipo de medios criminales y mafiosos, el ejemplo más descarado ha sido la reelección del expresidente narcoparamilitar Alvaro Uribe Vélez que con masacres y asesinatos cometidos por sus compinches los hermanos Castaño, fraudes como corrupción, compra de votos y favores personales, logro ganar el referendo y la posterior reelección en el 2006.

Aunque el triunfo de la izquierda en las urnas no se ha dado en Colombia lo más posible es que de darse, este sería calificado como ilegal, así como ocurre en otros países caso reciente de Ecuador donde la derecha no admite ser derrotada en su propio juego o seria destituido por golpes blandos como se intenta en Venezuela o parlamentarios como ocurrió en año pasado en Brasil.

Si bien para muchos analistas y académicos del conflicto armado colombiano un marco común para el inicio de éste es el magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán lo cierto es que las causas del alzamiento armado datan de mucho tiempo atrás, pero lo que si se inaugura y permanece hasta nuestros días es el secuestro de la democracia a manos de la oligarquía utilizando estos y otros métodos con el fin de perpetuar la negación del constituyente primario que es la participación del pueblo.

Esto explica los temores del gobierno Santos sobre la participación de la sociedad en la mesa de negociación con el ELN, puesto que dicha participación revelará al verdadero enemigo del pueblo y una democratización de Colombia seria el inicio de la caída de ese régimen de nietos y abuelos que como dijo Gaitán jamás representarán los intereses del pueblo pues los suyos son mucho más que contrarios.

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