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Un Mundo Más Desigual

Escrito por Ximena Solano Sepúlveda

Contrario a los pronósticos de crecimiento económico, bienestar y felicidad que aseguraron los seguidores del neoliberalismo, a inicios del 2017 podemos asegurar que el mundo que habitamos es cada vez más desigual.

 

El mundo patas arriba

El informe de la Organización Humanitaria Oxfam habla por sí solo: ocho hombres tienen la misma riqueza que la mitad de la población mundial -3600 millones de personas-, siete de cada diez personas vive en un país en el que la desigualdad ha aumentado en los últimos 30 años, y con los 100.000 millones de dólares anuales que las transnacionales evaden en impuestos, se podría asegurar la escolarización de 124 millones de menores, o evitarles la muerte a seis millones cada año, mejorando los sistemas de salud.

Lo escandaloso de estas cifras contrasta con la pasividad con que fueron escuchadas en el Foro Económico Mundial –llevado a cabo anualmente en Davos- por parte de líderes mundiales, pues son ellos mismos los dueños de las empresas que concentran la riqueza global. En la mayoría de naciones del mundo, las empresas transnacionales evaden impuestos, mientras los gobiernos le “aprietan el cinturón” a la población por el déficit fiscal. En Latinoamérica, la región más desigual del planeta, las empresas extranjeras solo pagan la mitad de los impuestos que pagan las empresas nacionales.

El negocio redondo entre políticos y empresarios que componen la élite mundial, lo completa la corrupción con la que saquean al resto de habitantes del mundo, generando la enorme brecha de desigualdad actual. La élite saca tajadas de la economía, y concentra sus dineros adquiridos de manera ilegítima - y en muchos casos ilícita -  por fuera de la regulación nacional e internacional, a través de los llamados paraísos fiscales, sin devolver a la sociedad un centavo del dinero expropiado.

 

El caso Latinoamérica

En una Latinoamérica donde según la Oxfam "El 10% más rico concentra el 71% de la riqueza regional” los retos son enormes. Dichas economías tienen un crecimiento mínimo - en el caso de Colombia del 2% - y siguen dependiendo principalmente del extractivismo, sector que ha dejado de dinamizar la economía mundial y genera graves consecuencias sociales y ambientales.

Para luchar contra la desigualdad, es necesario diversificar e integrar la producción de la región, metas que por su carácter son de mediano plazo. Pero aun así, en el corto plazo, es posible fortalecer las políticas sociales e imponer medidas claras contra la corrupción y la evasión, generando un sistema de impuestos y distribución que beneficie a las mayorías de nuestros países. En esta vía se encuentran con sus múltiples dificultades países como Ecuador, Bolivia y Venezuela, mientras otros como Colombia, Brasil y Argentina parecen ir en contravía.

Propuestas como la consulta popular realizada en Ecuador por el presidente Rafael Correa son muestra de ello. Mientras los grandes capitales saltan de país en país evadiendo impuestos, la consulta para que sea un requisito de acceso a cargos públicos no tener cuentas en paraísos fiscales, desafía a la oligarquía nacional e internacional. Esta significaría que los grandes acumuladores de riqueza, que ponen su dinero sucio fuera del país, y evitan la contribución a la economía nacional, no podrían acceder al Estado, lo que frena la acumulación de la élite o por lo menos evita que los conglomerados económicos se tomen el aparato estatal.

Otro ejemplo importante es el de Rumania, donde la población ha protestado en contra de la propuesta del presidente para que los delitos de corrupción sean excarcelables. Estos son puntos de partida para la lucha global contra la oligarquía corrupta, donde se demuestra que la movilización es capaz de evitar la profundización de la desigualdad.

 

Colombia: Más impuestos, menos redistribución.

Según el DANE, los sectores productivos de mayor crecimiento del 2016 fueron el sector financiero con un 5% y el sector de la construcción con un 4.1%. Sin embargo, este crecimiento no se ve reflejado en mayor igualdad, pues la mayoría de empresas de estos sectores –aparte de ser extranjeras- bajo la figura de alianzas público-privadas obtienen más beneficios que responsabilidades con los colombianos por operar en nuestro país.

Mientras las ganancias se esfuman del país, el gobierno colombiano le recuerda a la sociedad que tiene que contribuir a la economía nacional con más impuestos. La reforma tributaria, que disminuye tanto los impuestos a las transnacionales para generar “confianza inversionista” como el impuesto a la renta que podría castigar la riqueza, aumenta los impuestos contra los sectores medios y el pueblo colombiano, quienes tendrán que pagar 85,7 billones de pesos en los próximos 5 años. 

La alta concentración de la riqueza y la política fiscal que la mantiene, se complementan con la corrupción, juntos profundizan el robo a los colombianos y justifican la inexistencia de políticas sociales serias que ayuden a la redistribución, "hacemos lo que podemos con lo poco que tenemos" dice el gobierno colombiano; lo cierto es que la élite del país no tiene voluntad para sacarse la plata del bolsillo y eliminar la brecha social.

El capitalismo se reproduce a través de la desigualdad, pues es la acumulación de riqueza desmedida mediante la explotación de los trabajadores y el pueblo en general, así como la expropiación de los territorios, lo que lo hacen posible. La sociedad colombiana, en particular la excluida, debe luchar contra la desigualdad que la oligarquía mantiene en nuestro país, pues la pobreza, el hambre y la zozobra a la que ésta nos ha llevado no pueden ser parte de un país soñado.

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