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La Paz del Pueblo

Escrito por Editorial N.487 / Revista Insurrección

El pasado 20 de julio en Colombia no solamente se conmemoró el grito de la independencia. También se instala un nuevo periodo legislativo, donde se elige y posesiona los presidentes de Senado y Cámara, acompañado del discurso presidencial al momento de la inauguración. Mientras todas las fuerzas armadas se toman las calles, haciendo ostentación por poseer la mayor maquinaria de muerte de toda Latinoamérica.

Con el ánimo de traer el espíritu del 20 de julio de 1810 al presente, se podría decir que en aquella época, lo que se presentaba era una disputa entre diferentes concepciones del poder y del territorio, las juntas de gobierno instaladas a propósito de la inestabilidad del sistema español, causada por la invasión francesa, había creado un ambiente de apertura que configuraba la posibilidad de romper la cadena de la corona española.

El continente suramericano estaba marcado por el estallido de la revolución, lo que hoy conocemos como Bolivia, Ecuador, Venezuela y Argentina habían obtenido la independencia. La revuelta generada el 20 de julio en Santa Fe y la firma del acta de independencia de España representaba un hecho de gran trascendencia, pues este territorio se había constituido como el fortín del virreynato español.

De manera lamentable, hoy Colombia no ha podido obtener su definitiva independencia, pues a pesar de separarse del yugo español, se encuentra bajo los dictámenes del imperialismo estadounidense, quien ha hecho de nuestro país su punta de lanza en el marco de la estrategia de invasión contra América Latina. Al igual que en 1810, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina dan pasos de gigante en la lucha por la soberanía y dignidad nuestra americana, mientras Colombia se encuentra rezagada en estos anhelos libertarios.

A propósito del discurso de Santos en la celebración del 20 de julio, se puede evidenciar la diferencia abismal entre la concepción de democracia que tiene la oligarquía colombiana y la que hemos construido durante el largo camino de la lucha popular. Ciertamente la eliminación de la reelección y la convocatoria a elecciones presidenciales cada cuatro años, no son suficientes. Lo que tenemos es la alternación del poder entre la misma clase y las mismas familias, excluyendo al pueblo en el ejercicio del gobierno y configurando un régimen elitista, burocrático, corrupto y opresor.

La voluntad del gobierno para construir la paz entre todos y todas, debe partir del reconocimiento a la existencia del pensamiento distinto e incorporándolo al desarrollo de la propuesta nacional por la nueva Colombia. Esperamos que su invitación a la reconciliación, también se exprese en el proceso de diálogo con el ELN. Hace parte del deseo colectivo la apertura de esta Mesa, para avanzar en la consecución de una paz estable para Colombia.

Este proceso de construcción de un país en paz, pasa necesariamente por la participación del pueblo excluido del poder, a partir de un escenario que trascienda la simple refrendación de acuerdos y avance en la configuración de una propuesta de nación, que podamos construir entre todos y todas. Es imposible considerar darle un límite al proceso de diálogo entre el gobierno y la insurgencia, pues el límite se lo dará el proceso mismo. Es responsabilidad de las partes avanzar con prontitud, pero el conflicto Colombiano es tan antiguo que requiere de la profundidad del tiempo y de la planeación para configurar los espacios de escalamiento hacia la paz. En este caminar, los momentos de evaluación son totalmente pertinentes para la garantía del éxito.

Para que el proceso avance, es necesario darle el reconocimiento a la guerrilla como un actor político, que contrario a la delincuencia y el terrorismo, nos regimos por una ética humanista, un propósito emancipador y una propuesta de país. Hemos manifestado innumerables veces que la guerra ha sido una imposición de la clase dominante, por eso, hacer política de oposición dentro de este régimen guerrerista, es un suicidio, y esperamos que el proceso de paz dé las garantías, para que el pueblo colombiano sea un actor protagónico de la política.

Para ver la posibilidad de cambio, conjuntamente debemos generar un escenario de confianza que demuestre la capacidad real que tiene Colombia para hacer política sin armas, tanto el Estado como las insurgencias tenemos responsabilidad en esta decisión, donde el paso al cese bilateral es necesario.

La paz del ELN es la paz del pueblo, lo cual requiere de importantes cambios para configurar un territorio tranquilo, digno y libre para las amplias mayorías. Expresamos nuestra voluntad de paz, con la idea de avanzar en este propósito colectivo. Además esperamos que las palabras del gobierno trasciendan de la retórica a la acción. Reconociendo que las promesas incumplidas son un fuerte atentado contra la confianza de la patria.

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