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Mensaje al Congreso Internacional Propuestas para la Paz y el Desarrollo

El Ejército de Liberación Nacional de Colombia, brinda un respetuoso saludo a todas las importantes delegaciones que participan en este Congreso y valoramos la decidida participación que está jugando la comunidad internacional en la búsqueda de la Paz mundial y en particular en la superación de la guerra que se libra en Colombia. Manifestamos nuestros anhelos por que este tipo de convocatorias se multipliquen por todo el territorio colombiano y Nuestramericano.

Agradecemos la oportunidad de poder compartir nuestro pensamiento en este evento y, que se sume a la diversidad de puntos de vista que deben confluir en los caminos de la paz, que nos interprete a todas y todos, sólo de esa manera ella será auténtica verdadera y posible.

Lo primero que queremos decir como el ELN, es que la paz son cambios estructurales de la sociedad y el Estado, la paz no puede ser un pacto para sólo desmovilizar a las guerrillas y asegurar la inmutabilidad de la dominación oligárquica, para que todo siga igual. El conflicto tiene profundas raíces, pues en Colombia la guerra siempre ha sido un proyecto estratégico de acumulación de riqueza y control socio-territorial.

Durante la mayor parte del siglo XX y las primeras dos décadas del siglo XXI, la hegemonía de poder de la clase dominante y la concentración de riqueza se ha predicado en la guerra. El despojo de más 8 millones de hectáreas mediante el destierro de más de 7 millones de campesinos, no se hubiera logrado por otro medio que no fuera la violencia. Por ello varios investigadores han afirmado que en Colombia no hay desplazamiento por que hay guerra; sino que hay guerra para que haya desplazamiento.

Los gobiernos tienen la necesidad de abrir los territorios estratégicos -precisamente en tiempos de crisis económica- para el capital extranjero extractivista (minero-energético) y el agronegocio transnacional, esto implica que las comunidades cedan su control sobre dichos territorios y que el Estado ofrezca “seguridad inversionista” para el capital transnacional. Ésta es una pieza central en el rompecabezas de la modernización capitalista que promueve la oligarquía colombiana y es ésta la motivación central del Estado para adentrarse en un proceso de paz con la guerrilla.

Además, es importante destacar que Colombia, ha sido convertida por el Pentágono, en la principal potencia militar de América Latina, con el propósito de agredir a los demás países que establecen gobiernos democrático-populares y reivindican la dignidad y la soberanía de los pueblos. Ante los recientes anuncios imperialistas de una eventual agresión militar contra Venezuela, es evidente que Colombia juega como la punta de lanza. El conflicto colombiano ha desbordado las fronteras nacionales y los gobiernos oligárquicos son una amenaza para la estabilidad regional. Por tanto, la paz en Colombia contribuye a la paz continental.

La paz no es ausencia de conflicto, pues el conflictivo es inherente en toda sociedad y en todas las relaciones humanas; lo determinante es que los conflictos se traten dialogando y no de manera violenta. Históricamente, en Colombia la costumbre de la clase dominante ha sido la de recurrir al uso de la fuerza y de las armas para resolver los conflictos, de acudir a la violencia para mantener su hegemonía política y modelo de acumulación. Por tanto, cuestionamos el mismo concepto de “pos-conflicto”.

La paz, es derecho consagrado en la constitución colombiana, es el reto más importante que tenemos delante, sabemos lo difícil que es alcanzarla, pero no puede ser otro nuestro destino, por ello frente a ella nos unimos todas y todos, aun conscientes que tenemos matices en la manera en que debemos caminar hacia ella y lograrla. El padre Camilo, que el año venidero cumplirá 50 años de haber regado su sangre en un campo de batalla desde una trinchera guerrillera, nos enseña que para avanzar en pos de la lucha, debemos unirnos en las identidades y hoy lograr la paz es una importante lucha política que clama la unidad de las mayorías de Colombia y el respaldo decidido de la Comunidad Internacional.

La práctica demostró que la gigantesca tarea de la paz no puede ser en un tiempo exprés como inicialmente lo plantearon algunos, pues más de medio siglo de un conflicto de naturaleza política de tanta magnitud como el de nuestro país, no puede tratarse ni resolverse en unos cuantos días, mucho más cuando ha impactado y determinado a millones de compatriotas que tienen el derecho y el deber de aportar en el tránsito del conflicto a los carriles de la democracia, para que de esa forma se le ponga fin al alzamiento armado al que hubo que recurrir para luchar por los derechos negados y para resistir.

Infortunadamente y reconociendo los esfuerzos que se hace desde la insurgencia y unos sectores del gobierno por dinamizar y consolidar el proceso de paz, éste adolece de dificultades urgentes de superar y que a su vez la insurgencia ha criticado y cuestionado:
Negociar o dialogar en medio del conflicto, cuando otra forma sería dialogar mediante un cese del fuego y las hostilidades bilateral.

Este estilo prepotente ha colocado el proceso de paz en peligro, porque cuando la insurgencia confronta las operaciones punitivas del Estado, éste lo manipula como atentatorio a la paz, pero no lo ve de la misma manera cuando sus gigantezcas operaciones antiguerrilleras golpean la insurgencia y la población que habita sus territorios.

Por lo anterior, plantemos en este importante evento, la urgencia de seguir la lucha por exigirle al gobierno, la urgencia de un Cese Bilateral de fuego y hostilidades, que no solo le daría al proceso de paz importantes niveles de confianza y estabilidad, sino que aliviaría de manera significativa la crisis humanitaria que padecen millones de pobladores que viven en las llamadas zonas rojas.

En los últimos días, algunos de los poderosos medios de comunicación, han difundido el punto de vista del gobierno, en cuanto que el ELN no quiere la paz y en tal sentido ha generado presión pública pretendiendo favorecer los puntos de vista que el gobierno plantea para pasar a una mesa pública, incluso rompiendo la confidencialidad que él mismo exigió como condición para iniciar los diálogos.

El ELN, inspirado en la urgencia de buscarle una salida política al conflicto, se ha lanzado a los diálogos con diferentes gobiernos desde hace mas de 20 años y nada ni nadie podrá impedirnos tal propósito, porque este punto de vista hace parte del sentir de las mayorías de Colombia.

Somos conscientes sin embargo, que ese esfuerzo que ha sido explícito de la insurgencia, no se logrará sino con el decidido respaldo de las mayorías de Colombia, para que en un esfuerzo mancomunado, logremos recorrer los caminos de la paz que se requieren, contrario a la guerra perpetua que pretenden los sectores más reaccionarios del país, que convirtieron esa realidad en un jugoso negocio que además los afianza en el poder.

Finalmente, les expresamos nuestra alegría por éste y otros esfuerzos que ustedes hacen por la paz de Colombia y estamos abiertos a mantener los intercambios bilaterales que nos permitan avanzar en las confluencias e identidades por una paz real y con cambios que es lo que desean las mayorías de las y los colombianos.

 

Muchas gracias.

 

Por el Comando Central del ELN.

Nicolás Rodríguez Bautista.

Primera semana de Mayo de 2015

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